El asistente de Matthew Perry le inyectó la ketamina que lo mató. Su sentencia ha hecho que algunos en esta exigente profesión reflexionen sobre esta dinámica de poder.Dos médicos, una traficante de drogas y un conocido de Mathew Perry, el actor que protagonizó la serie de televisión Friends, han sido condenados por el caso. Iwamasa se declaró culpable de conspiración para distribuir la ketamina que causó la muerte, y los fiscales pidieron que pase 41 meses en prisión. El miércoles, una jueza le impuso esa sentencia.Los familiares de Perry han dejado claro en cartas al tribunal que no sienten ninguna simpatía por Iwamasa. Un familiar calificó sus acciones de “traición”, señalando que Iwamasa había hablado en el funeral de Perry.“Confiamos en un hombre sin conciencia —escribió la madre de Perry, Suzanne Morrison—, y mi hijo pagó el precio”.Martin Estrada, quien era fiscal del Distrito Central de California cuando esa oficina acusó a Iwamasa, se mostró de acuerdo: “Su trabajo consistía en ayudar a Perry, pero hizo lo contrario”.
Matthew Perry murió en 2023 | Especial
Personas con experiencia en el sector, ya sea como asistentes personales o como reclutadores, también condenan el comportamiento de Iwamasa, y dicen que fue una aberración en una profesión llena de empleados con principios que no infringen la ley. El episodio ha llevado a algunos a reflexionar sobre la dinámica de poder que existe entre los famosos o ejecutivos influyentes y los subordinados que aspiran a abrirse paso en el sector.A menudo se elige a los asistentes porque tienen “discreción, lealtad, confianza y un juicio excepcional”, dijo Emily Levine, vicepresidenta ejecutiva de Career Group Companies, quien se especializa en la contratación de personal para clientes de alto perfil. Esos atributos pueden convencer a los jefes de que están dispuestos a hacer cualquier cosa para complacerlos.Con ese mismo enfoque, el tío de Iwamasa, Yukio Iwamasa, defendió a su sobrino en una breve entrevista telefónica: “No es una persona maliciosa, es alguien que sigue las instrucciones muy minuciosamente; por eso era asistente personal, por eso fue contratado y mantenido en el puesto”.Mi dinosaurio necesita un dentistaPara comprender mejor el trabajo y los entornos laborales de los asistentes personales, The New York Times revisó cientos de páginas de documentos judiciales relativos a varios casos entre asistentes y sus jefes y habló con más de una decena de personas que trabajan o han trabajado como asistentes, en Hollywood y otros lugares, o que han sido sus jefes o sus reclutadores. A varios de esos asistentes se les concedió el anonimato para que hablen con franqueza de sus experiencias, porque habían firmado acuerdos de confidencialidad estrictos como condición de su empleo.Muchos jóvenes que buscan un impulso profesional llegan a la profesión por vías menos formales; algunos trabajan en agencias de talentos antes de ser enviados a ayudar a un cliente. Otros se topan con quienes serán sus jefes mientras trabajan; unos pocos son contactados directamente en las redes sociales y muchos son recomendados por un amigo.Personas que han trabajado como asistentes personales de altos ejecutivos y celebridades de primer nivel destacan que muchos son ayudantes altruistas por naturaleza, personas empáticas que quieren que las cosas vayan bien.Pero el trabajo es mucho más que “ir a la tintorería, hacer mandados y comprar café”, aseguró Meghan Grimm, fundadora de Clyde Staffing y ex asistente personal y ejecutiva de Madonna y Jennifer Lawrence. El trabajo enseña a resolver problemas y a ser responsable, dijeron ella y otros. Muchos de los asistentes destacaron su amor por el trabajo y su orgullo por realizarlo.“Ahora puedo hacer cualquier cosa —reconoció Grimm, cuya agencia ha proporcionado asistentes a figuras como Dakota Johnson y Anne Hathaway—. En Nueva York, en Los Ángeles, puedo hacer que las cosas sucedan”.










