Cuando arrancó el juicio por la operación Kitchen, hace casi dos meses, sobrevolaba la duda en la Audiencia Nacional de si la cúpula del Ministerio del Interior durante el gobierno de Mariano Rajoy –con Jorge Fernández Díaz y Francisco Martínez en ella– terminaría a puñaladas entre sí para no colgarse la “X” de la trama parapolicial, financiada con fondos reservados, para robar información comprometedora para el Partido Popular al que fue su tesorero Luis Bárcenas. Con el careo de altísimo voltaje que protagonizaron ambos en la instrucción como precedente, no parecía descabellado que entrasen al cuerpo a cuerpo con un sálvese quién pueda. Pero ayer, esa idea se esfumó: hubo pacto de no agresión.Tan evidente que, al terminar su declaración como acusado, el extitular de Interior se cruzó con su ex número dos, estrechándole la mano con un “al final, la verdad prevalecerá”. Así sellaban una estrategia común –aunque quedó un fleco suelto– con la que los máximos responsables negaron hasta la extenuación la puesta en marcha de un operativo parapolicial para impedir que posibles pruebas contra el Partido Popular acabasen en manos de la Audiencia Nacional. “Ni la más remota idea”, insistió uno. “En absoluto”, aseguró el otro, pese a los indicios.El exministro Jorge Fernández Díaz a su llegada a la AudienciaDani Duch / PropiasLos acusados solo responden a sus abogados; no a la Fiscalía, que les pide 15 años de prisiónNinguno de los dos, asistidos por sus derechos, quiso responder a las preguntas de la Fiscalía Anticorrupción, que pide para ellos 15 años de prisión. Ambos se limitaron solo a responder a las preguntas de sus abogados. Abrió fuego Francisco Martínez, que, teledirigido por su letrado, se preguntó qué interés podría tener él en aquella época en torpedear el caso Gürtel, cuando ni le salpicaba, ni tampoco aparecía en los papeles de Bárcenas. Describió su relación con el resto de acusados, poniendo énfasis en el turbio excomisario José Manuel Villarejo, con quien hablaba a menudo, aunque nunca le escuchó hablar “de nada ilegal”. Su abogado se detuvo en infinidad de conversaciones de WhatsApp que le fueron intervenidas (con comisarios presuntamente corruptos, policías o incluso su pareja). Sin embargo, ni un solo segundo dedicó a los SMS con Fernández Díaz que él mismo llevó ante notario y que hicieron que el exministro acabase en el banquillo.En esos SMS, que a lo largo de sesiones se ha evidenciado que pudieron ser manipulados, Martínez informaba a un contacto que tenía guardado como Jorge Fernández Díaz que “la operación” había sido “un éxito”. Esa era la principal prueba de cargo contra el exministro. Para Anticorrupción esto evidenciaría que el máximo responsable de Interior estaba al tanto del dispositivo ilegal. Y ayer, pese a que se ha apuntado que el propio Martínez pudo fabricarlos, no quiso defenderse de esas acusaciones.Jorge Fernández y su ex número dos pactan la no agresión, dejando a un lado los SMS que Martínez protocolizóAl revés que el abogado del extitular de Interior, que ahondó en el asunto. “¿Reconoce este mensaje? ¿Remitió este otro?”. “No”, repitió, aunque quiso dejar claro que él “no acusa a nadie”. Lo que vino a defender Fernández Díaz es que un ministro del Interior no baja al nivel operativo policial, sino que sus competencias son otras. Al igual que el control de los fondos reservados con los que presuntamente se pagó al topo de la trama. Él no estaba para eso.De ahí que, según su versión, escuchase por primera vez hablar de la operación Kitchen a finales del 2015 o principios del 2016, cuando empezaron a saltar los primeros titulares sobre el operativo ilegal. Fernández Díaz cedió la cartera de Interior a Juan Ignacio Zoido a finales del 2016. Cuando entonces sus compañeros diputados le preguntaban por las aquellas primeras informaciones sobre la trama, les pedía que no le hablaran de ello porque eran cuestiones “sensibles, secretas y reservadas”.El ex secretario de Estado defiende que no tenía ningún interés en los papeles de Bárcenas porque no salía en ellosPese a la estrategia paralela –y el socorrido manual de amnesia temporal del que han tirado numerosos testigos–, sí hubo una grieta de contradicción entre ambos. Martínez, dando una fecha concreta (13 de julio del 2013), aseguró que el entonces ministro le llamó para preguntarle si tenía conocimiento de que un colaborador de la policía estaba encuadrado en el entorno de los Bárcenas. El ex secretario de Estado –detalló– llamó a Eugenio Pino, director adjunto operativo (DAO) de la Policía Nacional, quien se lo confirmó: el chófer de la familia. Y así, supuestamente se lo trasladó. Pero este episodio fue desmentido rotundamente por Fernández Díaz, quien repitió que tuvo conocimiento de la operación más de dos años después.El juicio se reanudará el próximo lunes con la declaración como acusado de Eugenio Pino.Joaquín VeraPeriodista especializado en información de Interior, Seguridad y Terrorismo Ver más artículos Redactor de la sección de Política de La Vanguardia. A cargo de la información de Interior y Defensa, con el foco en la Seguridad y el Terrorismo
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