“Seguramente habrás notado que la palabra longevidad se ha convertido en un tema central del debate mundial. Gracias a los avances en medicina y tecnología, y a un mayor enfoque en estilos de vida más saludables, estamos presenciando un cambio radical que conducirá a una mayor esperanza de vida (...). En todo el mundo, médicos, tecnólogos, inversores y líderes del mundo académico, empresarial, del entretenimiento, de organizaciones sin ánimo de lucro y de otros sectores participan activamente como artífices de esta emocionante nueva era de la longevidad (...). Están creando nuevos modelos laborales, políticas gubernamentales y estructuras sociales, para apoyar un mundo donde vivir hasta los 100 años sea lo normal”.Es el punto de partida de Longevity Nation, el nuevo libro del empresario Michael Clinton (Pittsburgh, 1953), expresidente y exdirector editorial de Hearst Magazines, y ahora CEO y fundador de ROAR Forward LLC, empresa centrada en la divulgación y la asesoría sobre la nueva longevidad. Clinton, economista y licenciado también en políticas, forma parte del Consejo Asesor del Centro de Longevidad de Stanford y del programa LSI de la Universidad de Chicago. Es autor del bestseller ROAR Into The Second Half of Your Life, y ahora, después de viajar por más de 100 países y recorrer el mundo haciendo maratones, ha entrevistado a una setentena de especialistas de diferentes campos para recoger sus impresiones en este nuevo volumen, cuya traducción a otros idiomas se está negociando y que presenta a La Vanguardia, en esta entrevista por videoconferencia, desde su despacho en los Hamptons (Long Island, Nueva York).Durante décadas, todo estaba pensado para jubilarse a los 65 años y vivir unos pocos años más, nadie imaginaba que una persona pudiera tener por delante otros 20 o 30 años de vidaMichael Clinton¿El título de su libro, Longevity Nation se refiere a Estados Unidos o habla de todas las sociedades occidentales? ¿Cuál es esa “nación de la longevidad”?Es una nación global. Hablamos mucho de lugares fuera de Estados Unidos. La idea es precisamente transmitir que la longevidad es un tema global, con desafíos, oportunidades y problemas globales.Plantea que vivimos en un mundo diseñado cuando la esperanza de vida rondaba los 47 años, pero ahora superamos los 80… ¿Estamos preparados como sociedad para vivir hasta los 100?Muchos gobiernos no están preparados, las empresas tampoco, ni las ciudades, ni siquiera los propios individuos. Estamos viviendo más años y, además, llegando más sanos a los 80 o 90. En países como España, con una población muy envejecida, la gran pregunta es cómo van a adaptarse las estructuras sociales, las políticas públicas o los sistemas económicos a personas que vivirán mucho más tiempo. Durante décadas, todo estaba pensado para jubilarse a los 65 años y vivir unos pocos años más. Nadie imaginaba que una persona pudiera tener por delante otros 20 o 30 años de vida. Por eso el mensaje central del libro es que necesitamos repensarlo todo, especialmente pensando en las próximas generaciones, que probablemente vivirán todavía más.El concepto tradicional de jubilación ya no tiene sentido, dice. ¿Por qué?La jubilación es, en realidad, un concepto artificial. Fue creado hace algo más de cien años por los gobiernos cuando surgieron los sistemas de pensiones y seguridad social. En aquella época, la esperanza de vida en Estados Unidos era de 62 años y en otros lugares todavía menor. Antes de eso, la gente trabajaba hasta morir. No existía la idea de retirarse. Pero hoy, alguien que se jubila a los 65 o 67 años, puede vivir otros 20 años más, hasta los 90, por lo tanto, necesitamos reinventar la segunda mitad de la vida. Los seres humanos necesitan propósito, actividad y conexión. No solo por razones económicas, también por salud mental y cerebral. Por eso están apareciendo nuevos modelos de vida, personas que trabajan menos horas (por dinero o por propósito), que combinan varias actividades a tiempo parcial o que hacen proyectos concretos durante unos meses. Hay quien vuelve a estudiar o inicia una segunda profesión completamente distinta. En su libro pone ejemplos de casos curiosos, vidas interesantes en la segunda mitad... Tengo un amigo que se jubiló y ahora está estudiando inteligencia artificial en el MIT para crear una consultoría. Conocí a un piloto de United Airlines obligado a retirarse a los 65 años que volvió a la universidad para formarse como asesor financiero. Mucha gente siente que es demasiado joven para dejar de hacer cosas.Lee tambiénEn el libro habla de cómo muchas personas construyen su identidad alrededor de las “tres P”: partner, parent y profession —pareja (marido o esposa), padre y profesional—. ¿Qué ocurre cuando esas identidades cambian a partir de los 60?En la primera mitad de la vida, la mayoría de la gente centra sus vidas alrededor de esas tres grandes identidades: relaciones, hijos y profesión. Pero a partir de cierta edad, hacia los 60, todo cambia. Los hijos se van de casa, llega el nido vacío, la relación con ellos evoluciona y muchas personas dejan atrás su profesión o sienten que necesitan reinventarse. El problema es que mucha gente ha puesto toda su identidad en esas tres áreas. Por eso proponemos desarrollar otras capas de identidad o vitales.Y la creatividad juega un papel crucial, según usted, como los nuevos aprendizajes... Quizá siempre has querido ser creativo y empiezas a tomar clases de arte, fotografía o escultura. La creatividad es algo que puedes hacer durante toda tu vida. Creatividad, aprendizaje, voluntariado, actividad física, nuevas pasiones… Hay historias maravillosas. Una de mis favoritas es la de una mujer que empezó a hacer cursos de soldadura cuando tenía más de 70 años y terminó lanzando una empresa de esculturas metálicas a los 80 años, trabaja con arquitectos y otros colectivos. También podría haber sido a través de la filantropía o el voluntariado.Jubilados aficionados al dibujo, en Barcelona. Àlex Garcia / PropiasPrecisamente, existe el riesgo de convertir también la vejez en una obligación permanente de productividad.Estoy totalmente de acuerdo. No todo tiene que monetizarse. Lo importante es mantener actividad, conexión y sentido. Puede ser algo relacionado con la salud o el movimiento. Un ejemplo es cuando alguien que tiene 60 años dice: “Necesito centrarme en mi salud, mi forma física y mi bienestar” y empieza algún tipo de rutina de ejercicio. Yo, por ejemplo, corro maratones y conozco a muchas personas que comenzaron a correr en la mediana edad. Cuando corría el Maratón de Toronto vi cruzar la meta al primer hombre… ¡de 100 años! Empezó a correr a los 82 y no solo se convirtió en un modelo a seguir, sino que toda su identidad pasó a ser la de corredor de maratones, ya con más de 80 y 90 años.Ha corrido maratones en todos los continentes. ¿Cuándo empezó? ¿A qué edad?Corría maratones en la década de mis veinte años y después dejé de hacerlo durante mucho tiempo. Cuando tenía unos 53 años, mi hermana me llamó para preguntarme si quería correr una maratón con ella. Le pregunté cuándo había empezado a entrenar y me respondió: “Mañana” (ríe). Terminamos corriendo la Maratón de Londres y desde entonces he completado 17 maratones después de los 50. Para celebrar mis 70 años, hice una caminata de nueve días hasta el campamento base del Everest y luego corrí la Tenzing-Hillary Everest Marathon. Eso fue hace tres años.Corro maratones y conozco a muchas personas que comenzaron a correr en la mediana edad. Cuando corría el Maratón de Toronto vi cruzar la meta al primer hombre… ¡de 100 años!Michael ClintonDespués de investigar durante años sobre longevidad, ¿cómo ha cambiado su propia vida?Lo primero que siempre le digo a la gente es que la medicina natural número uno para la longevidad es el movimiento. Hay que incorporar algún tipo de ejercicio físico o actividad corporal. Yo hago algo seis días a la semana: o corro, o voy en bicicleta, o hago entrenamiento de fuerza con pesas. Para mí forma parte de los hábitos y del ritual diario. Debes crear un ritual para ti mismo. Esto es lo primero: movimiento, movimiento, movimiento.¿Y en cuanto a su alimentación y otros hábitos cotidianos? Llevo décadas sin comer carne, ahora sigo una dieta todavía más vegetal: muchas ensaladas cada día, verduras, fruta y casi nada de ultraprocesados. Tomo alcohol muy de vez en cuando, de forma moderada. Miro mucho las proteínas.¿Cuántas veces come al día?Tres veces. Pero todavía me gusta comer pizza, tomar un margarita… (ríe). Tienes que disfrutar de la vida y de los placeres. Mi gran descubrimiento en este viaje de la longevidad fue llevar un anillo inteligente, que monitorea el sueño. Entender la importancia del sueño es clave, para limpiar nuestro cerebro, para nuestro bienestar físico y mental. Poner atención a la higiene del sueño es fundamental, y esto ha cambiado la manera en la que concibo dormir, como una parte importante de mi propósito diario. Y luego está la alegría cotidiana. Tengo una perra llamada Hannah y cada mañana vamos a Central Park. Allí hay unas horas en las que los perros pueden correr sin correa. Verla jugar, hablar con otras personas, caminar por el parque… eso también forma parte de una vida saludable, pasar una media hora al día en el parque paseando con mi perra.También practica meditación y mindfulness… ¿Cuál es su ritual?Sí. La caminata matinal con mi perra es casi una forma de meditación. Y correr también lo considero una “meditación en movimiento”. Por la noche suelo hacer una reflexión sencilla: pensar qué hice ese día que ayudó a alguien o aportó algo positivo. Y luego pensar qué puedo aportar mañana. A veces es algo tan simple como hablar con un familiar o escuchar a alguien que necesita orientación.Todo esto suena muy inspirador. Pero seguro que alguien piensa… este tipo de vida no está al alcance de todos…En primer lugar, la genética solo representa el 25% de la longevidad. El otro 75% está bajo nuestro control. Las personas de casi todos los estratos socioeconómicos pueden mantenerse activas, pasear, caminar durante el día, cuidar su alimentación para priorizar un buen descanso. Estos son aspectos fundamentales universales en los que todos podemos participar. Sobre la medicina, por ejemplo, en Estados Unidos, el GLP-1 (Ozempic) estará cubierto por Medicare, un avance muy positivo. Además, en enero, muchos de los fabricantes de Novo, el principal propietario de Ozempic, reducirán sus precios a la mitad. Pero tiene mucha razón. Todos los descubrimientos e innovaciones en longevidad deben estar, en última instancia, al alcance de todos. Y creo que el GLP-1 es un muy buen ejemplo de cómo esto estará más disponible para todos.En la ciencia de la longevidad en la medicina, ¿cree que este es el avance más importante y sorprendente? ¿O quizá otros fármacos muy en boga en este sector de la longevidad como la metformina, la rapamicina...?Siempre digo que los avances en tecnología farmacéutica e inteligencia artificial, al combinarse, harán posible que muchas personas vivan 100 años. Cuando los medicamentos salen al mercado, en un principio son muy caros y solo ciertas personas pueden acceder a ellos; luego pierden la patente o empiezan a usarse de forma más generalizada. Cuando apareció Viagra por primera vez, era muy caro y muy poca gente podía permitírselo. ¡Ahora todo el mundo lo puede usar! (ríe). Es realmente importante que hagamos avanzar estos medicamentos rápidamente, para que estén disponibles para todos. Y creo que eso es lo más importante. La reflexión más significativa que hice investigando el libro, sería esa: la importancia de los medicamentos, la medicina, la tecnología y la IA unidas.Los avances en tecnología farmacéutica e inteligencia artificial, al combinarse, harán posible que muchas personas vivan 100 añosMichael ClintonTambién proliferan gurús, biohackers, charlatanes y falsas promesas alrededor de la longevidad.Siempre ocurre cuando aparece una gran tendencia. Surgen personas sin formación científica que intentan aprovechar el fenómeno —en este caso la longevidad— para ganar dinero rápido. Por eso puede ser peligroso y por eso es fundamental apostar por evidencia científica, hospitales y médicos especializados. En Nueva York, por ejemplo, el hospital Weill Cornell acaba de abrir una clínica de longevidad integrada dentro de un gran complejo médico. Ese es el camino correcto. No se trata de acudir a alguien que monta una clínica porque la longevidad está de moda, sino de trabajar desde la medicina basada en evidencia.¿Cuál sería su principal mensaje para las personas de 40 o 50 años que quizá lleguen a vivir cien años?Que deben empezar a prepararse ya. Y la clave es la salud. Hoy tenemos herramientas diagnósticas y pruebas preventivas que generaciones anteriores no tenían. Por ejemplo, colonoscopias tempranas, es importante que la gente se las haga. La medicina preventiva va a cambiar radicalmente nuestra forma de envejecer. Siempre digo: primero healthspan —años de vida con salud— y después wealthspan —la capacidad económica para sostener una vida larga—. Ambas cosas juntas permiten construir una buena longevidad. Cuando doy conferencias, suelo preguntar cuánta gente quiere vivir hasta los 100 años. Solo la mitad levanta la mano. Pero cuando añado “si llegáis con buena movilidad, salud física y salud mental”, entonces todas las manos se levantan. Ese es el verdadero desafío de la longevidad. Y la tecnología ayudará a trabajar en ello, uno de los avances son los sistemas de exoesqueletos que se están creando. Hay muchas empresas de tecnología centradas en la longevidad que ayudarán a las personas cuando tengan problemas de movilidad. Responsable de Canales Verticales de Godó Nexus - La Vanguardia. Coordinadora de Longevity. Licenciada en periodismo por la UAB. Especializada en salud, envejecimiento, psicología, educación, sexualidad, nutrición y estilo de vida.