Acaba de arrancar junio y, con él, el primer apretón de calor del año. Se acerca el verano, llegan las primeras noches de calor, el ventilador vuelve a ocupar su sitio habitual y el aire acondicionado deja de ser un por si acaso para convertirse en un fijo del día a día. Pero hay fórmulas para que, cuando el calor aprieta, la factura no se ponga en el mismo plan.

Es verdad que en verano consumimos más energía. El frigorífico trabaja más, usamos más sistemas de climatización y pasamos más horas intentando mantener la casa fresca. Pero eso no significa que la factura tenga necesariamente que dispararse. Muchas veces, el ahorro no depende de hacer una gran inversión en, por ejemplo, renovar electrodomésticos ni de renunciar al confort, sino de pequeños hábitos y de usar mejor lo que ya tenemos en casa.

Aire acondicionado ¿aliado contra el calor o enemigo a final de mes?

La climatización es uno de los puntos donde más se nota el consumo energético durante el verano. Pero también es donde más margen tenemos para ahorrar sin pasar calor.

Uno de los errores más habituales sigue siendo poner el aire acondicionado a temperaturas muy bajas pensando que así la casa se enfriará antes. En realidad, lo más eficiente suele ser mantener una temperatura estable entre 24 y 26 grados, una franja que permite estar cómodos sin exigir de más al equipo.