NoticiaJuan Pablo Pradilla, cofundador de Sajú, habló sobre los retos de emprender en Colombia, las deudas detrás del crecimiento y la sostenibilidad. La historia de Sajú comenzó en 2018 Foto: Santiago Puentes28.05.2026 15:02 Actualizado: 28.05.2026 15:02
Lo que comenzó como una idea universitaria inspirada en un intercambio en Europa terminó convirtiéndose en una de las marcas colombianas más reconocidas de accesorios y gafas sostenibles. Detrás de Sajú hay una historia de ferias de emprendimiento, cajas de zapatos, sostenibilidad y también de las dificultades financieras que pocas veces se muestran en redes sociales.Así lo contó Juan Pablo Pradilla, uno de los cofundadores de la marca, durante una entrevista en la que habló sobre los inicios del emprendimiento, los retos de crecer en Colombia y la presión constante de innovar para mantenerse vigente.
De vender uno o dos cuelgagafas a construir una marcaLa historia de Sajú comenzó en 2018 mientras Pradilla y sus amigos estaban en la universidad. Durante un intercambio académico descubrieron que en Europa los cuelgagafas hacían parte de la moda cotidiana y decidieron traer la idea a Colombia.“Acá ya se usaban, pero uno los conseguía en la óptica por allá atrás, en un cajón. Sentíamos que no había amor en la categoría”, recordó Juan.La idea inicial era sencilla: crear una marca alrededor de los cuelgagafas y convertirlos en un accesorio atractivo y cotidiano. El proyecto arrancó casi como un juego entre amigos y durante meses vendieron desde una caja de zapatos.“El primer día habremos vendido uno o dos. Creo que nos compró un amigo y una profesora. Después de eso no vendimos nada más en días”, contó entre risas. LEA TAMBIÉN Sin embargo, las ferias de emprendimiento terminaron convirtiéndose en el punto de quiebre para la marca. Allí entendieron que las personas no solo conectaban con el producto, sino también con la identidad de Sajú.“La gente decía: ‘me encanta Sajú’, ‘qué cosas nuevas traen’. Ahí entendimos que había un potencial muy grande en construir marca y no solamente vender cuelgagafas”, explicó.La sostenibilidad pasó de ser una idea a convertirse en parte del negocioAunque desde el inicio existía una intención sostenible, el verdadero cambio llegó durante la pandemia, cuando comenzaron a fabricar gafas en Colombia utilizando plástico reciclado.Antes de eso, la marca ya había trabajado con comunidades indígenas para integrar tejidos como el guayú y la palma de iraca en algunos productos.“Nos dimos cuenta de que podíamos producir acá, tener una menor huella ambiental y además trabajar con materiales reciclados. Ahí fue cuando la sostenibilidad pasó a otro nivel”, afirmó.Sajú continúa expandiendo su portafolio y preparando nuevas colaboraciones Foto:Tomada de instagram @pradilla114Actualmente, la marca también ha impulsado iniciativas sociales y ambientales. Una de las más recientes fue una alianza con Juanpis González para recaudar fondos destinados a la compra de carretas eléctricas para recicladores.Según Pradilla, la campaña logró reunir cerca de 90 millones de pesos.“Eso no se muestra en redes”: las dificultades financieras detrás de emprenderAunque Sajú hoy tiene colaboraciones, lanzamientos constantes y presencia digital, Pradilla asegura que una de las partes más difíciles del emprendimiento ocurre lejos de las cámaras y las redes sociales.“Uno se tiene que endeudar como emprendedor para crecer. Todo ese tema de coger o no deuda, hasta dónde aprieto el flujo de caja, todas esas cosas nos consumen muchísimo tiempo y eso no lo mostramos mucho”, señaló.Para el emprendedor, mantener vigente una marca implica una presión constante por innovar.“En este país pasan demasiadas cosas y uno tiene que obligarse a innovar todo el tiempo. No nos podemos conformar con lo que logramos hoy porque el próximo mes tiene que haber algo nuevo”, dijo.Esa necesidad de renovación permanente ha llevado a Sajú a planear lanzamientos mensuales, colaboraciones y nuevas líneas de producto casi de manera continua. LEA TAMBIÉN El primer empleo y las lecciones que todavía conservaAntes de dedicarse de lleno a Sajú, Juan Pablo Pradilla hizo sus prácticas profesionales en Philip Morris. Aunque estuvo solo tres meses, asegura que allí aprendió lecciones que todavía aplica en su empresa.“Yo la embarraba mucho, pero trataba de aprender rápido y de hacer las cosas con actitud”, recordó.Uno de los aprendizajes más importantes, según contó, fue entender que las ideas no podían quedarse únicamente en presentaciones o PowerPoints.“Había que bajar las ideas a la realidad, construirlas, mostrarlas físicamente”, explicó.Hoy, cuando contrata personas para trabajar en Sajú, asegura que más allá de la experiencia técnica, busca actitud y proactividad.“Valoramos muchísimo a la gente que propone, que trae ideas y que entiende hacia dónde va la empresa”, afirmó.La historia de Sajú comenzó en 2018 Foto:Tomada de instagram @pradilla114“Hay que trabajar donde uno se sienta feliz”Durante la conversación, Pradilla también habló sobre las personas que están buscando su primer empleo o quieren emprender, y aseguró que muchas veces se prioriza únicamente el salario o el crecimiento profesional.“Uno debería tratar de trabajar en un lugar donde se sienta feliz de ponerse la camiseta”, dijo.Para el empresario, el trabajo ocupa una parte demasiado importante de la vida como para vivirlo únicamente como una obligación.“Es mejor estar en un lugar donde uno se sienta conectado con el propósito y no simplemente cumpliendo un horario”, concluyó.Actualmente, Sajú continúa expandiendo su portafolio y preparando nuevas colaboraciones, mientras mantiene una apuesta por la sostenibilidad, la producción local y el crecimiento de una marca que nació entre amigos universitarios y terminó convirtiéndose en un referente del emprendimiento joven en Colombia. 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