NoticiaEntre basura acumulada y maleza sin podar, El Codito refleja una problemática que afecta 135 puntos críticos de Bogotá.Invasión de ratas en el norte de Bogotá, por el aumento de las basuras. Foto: Nestor Gomez28.05.2026 14:01 Actualizado: 28.05.2026 14:01
El viento que recorre las calles de El Codito, en la Localidad de Usaquén, no llega solo; en las tardes, el aire suele cargarse con el olor pesado de los desechos que aguardan el paso del camión recolector. La presencia de roedores en las zonas verdes y los conjuntos residenciales ha dejado de ser para los habitantes de este sector una sorpresa y se ha convertido en una constante en su cotidianidad.Al costado del conjunto Colina del Norte, la maleza ha crecido tanto que se ha convertido en un refugio evidente. Los huecos en la tierra y la acumulación de escombros entre la vegetación sin podar son, según los vecinos, el nido perfecto para la plaga. “Ahí es donde están. Eso ya parece un nido”, comenta un residente mientras señala un terreno que, para quienes viven en la zona, es el símbolo de un deterioro que se niega a desaparecer.Habitantes de El Codito aseguran que la presencia de ratas ya se ha extendido a zonas residenciales. Foto:Nestor GomezLa situación es similar en las escaleras que conectan el barrio: bolsas de basura desgarradas y restos de residuos esparcidos son la marca de una problemática que se hace notar especialmente al caer la noche. “Uno ya los ve incluso dentro de los conjuntos”, relata Emilde Castañeda, habitante del conjunto Brisas del Norte, describiendo cómo el miedo de encontrarse a estos roedores ha pasado de la calle a los perímetros de las viviendas, donde los adultos mayores y los padres de familia caminan con recelo ante esa presencia.Ante la invasión de los perímetros habitacionales, la comunidad ha tenido que improvisar barreras para blindar sus hogares. Carlos Mendoza, un vecino que camina diariamente por el sector, relata las peripecias a las que se enfrentan puertas para adentro:“Nos ha tocado volvernos expertos en tapar huecos. En mi casa pusimos rejillas metálicas de malla fina en los sifones y compramos de esos cepillos o flancos de caucho para sellar la luz que queda debajo de la puerta principal, porque por ahí se meten limpios. Uno vive con el temor de que se metan a la cocina. Nos toca meter toda la comida en recipientes de plástico grueso o de vidrio con tapa, y no dejar ni un plato sucio por la noche, porque el olor las atrae.”El Codito enfrenta una problemática que ya afecta distintos puntos de Bogotá. Foto:Redes SocialesEste desespero de los vecinos por no dejarles comida ni refugio a los animales coincide con lo que la Secretaría Distrital de Salud explica en su más reciente informe técnico. La entidad señala que la clave para frenar esta plaga es atacar los descuidos humanos que les facilitan la vida a los roedores (como dejar basura expuesta o alimentos al alcance). Sin embargo, la misma Secretaría deja en claro una frontera importante: organizar las calles, podar y recoger los desechos son tareas que están completamente fuera de su resorte.Es allí donde la responsabilidad recae sobre la gestión de las calles y los encargados del aseo. En la localidad de Usaquén, la empresa responsable de recoger la basura, barrer las vías y cortar el pasto en las zonas públicas es Promoambiental Distrito.Aunque la comunidad reconoce que los camiones pasan, insisten en que el mantenimiento de las zonas verdes y la limpieza de los puntos críticos en El Codito van a un ritmo mucho más lento que la velocidad con la que se reproducen las ratas. Al no mantenerse el pasto corto y al permitirse que las bolsas de basura rotas permanezcan en las esquinas, se sabotean los esfuerzos de la gente. De nada sirve que las familias limpien con cloro en sus casas si afuera el entorno les sigue garantizando a los roedores el hotel ideal para armar sus nidos.Muebles y residuos acumulados en El Codito se han convertido en refugio para ratas. Foto:Nestor GomezFrente a este panorama, que no es exclusivo de Usaquén —pues la UAESP ya identifica 135 puntos críticos distribuidos en 10 localidades de Bogotá—, el Distrito busca implementar un cambio radical de estrategia. En el documento enviado por la Secretaría de Salud, la entidad advierte que la solución no es salir a matar ratas de forma indiscriminada, sino aprender a controlar el entorno. La autoridad sanitaria aclara que el uso de venenos y químicos es "la última opción" y que, por sí sola, no es una medida eficiente ni dura en el tiempo.Este cambio de rumbo tiene que ver con la seguridad del ambiente y la salud de la gente. El Distrito busca limpiar los barrios para reducir el riesgo de enfermedades, pero cuidando también de no inundar las calles con raticidas pesados que terminen contaminando el agua, afectando a las mascotas o dañando la salud de los mismos residentes.Para que todas las entidades se pongan de acuerdo y no se tiren la pelota unas a otras, la Alcaldía Mayor lanzó la Directiva 004 de 2024. Con esta orden, se busca que tanto los sectores de salud como las empresas de aseo trabajen en equipo para garantizar que la limpieza, el orden y el aseo en los barrios funcionen de verdad.La proliferación de ratas en El Codito preocupa a los residentes. Foto:Nestor GomezA pesar de los planes en el papel, en las empinadas calles de El Codito la realidad de los vecinos es otra. Aunque la recolección pasa de lunes a jueves y los sábados, la falta de cultura ciudadana y los retrasos en las podas dejan la puerta abierta al peligro. “A veces la gente deja cosas por fuera o rompen las bolsas, y eso se llena de animales”, explica María Fernanda Rojas. Jorge Iván Castañeda coincide con lo mismo: “Uno veo los empaques abiertos y ahí es cuando más se mueven”.Al final, la verdadera batalla empieza al caer la noche, justo cuando las basuras se acumulan o la gente deja los desechos en las esquinas. Mientras los camiones hacen sus rutas y el pasto sigue largo, en El Codito se vive bajo una alerta incómoda. Es una realidad que se repite en este rincón de Usaquén y en muchas otras zonas de Bogotá, donde las familias no pueden vivir tranquilas, dependiendo de un trapo con cloro y de mallas en los sifones para evitar que la plaga se apodere de sus hogares.Tania Alejandra Lopéz CastiblancoREDACCIÓN BOGOTÁ Sigue toda la información de Bogotá en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.












