Sentado entre Marco Rubio y Pete Hegseth, Donald Trump lanzaba una clara amenaza. “Omán se comportará como todos los demás, o tendremos que volarlos por los aires”, dijo en una reunión con su gabinete celebrada este miércoles. Para el presidente, el sultanato tiene solamente una opción: alejarse de un acuerdo con Irán para abrir el estrecho de Ormuz. La alternativa sería una campaña de bombardeos estadounidenses. O esa ha sido la amenaza, que ha sido recibida con extrañeza y algo de alarma en los círculos diplomáticos y de analistas. El amenazante comentario —que en la diplomacia clásica previa a Trump estaría totalmente fuera de lugar— se enmarca en un reciente informe publicado por Irán en el que se afirma que Omán e Irán están en conversaciones para gestionar el tráfico marítimo a través del estrecho, bloqueado de facto por las autoridades de Teherán desde el inicio de la guerra hace tres meses. El control de Ormuz es uno de los puntos más conflictivos de las negociaciones entre Washington y Teherán para poner fin a la guerra. “El estrecho estará abierto a todo el mundo. Son aguas internacionales”, insistió Trump, quien intentó solventar el bloqueo de Irán estableciendo su propio bloqueo marítimo para intentar estrangular el flujo de buques hacia puertos iraníes. Con ningún éxito. En un momento en el que las negociaciones con Irán vuelven a pender de un hilo, que Teherán refuerce su principal baza negociadora, un hipotético sistema de aduanas y peajes en Ormuz que le permita lucrarse con el paso de los centenares de buques petroleros que usualmente lo cruzaban, no le viene bien a la posición negociadora de EEUU. Y que encima lo haga con la participación de otro actor, Omán, aún menos. Las palabras del mandatario estadounidense han elevado la tensión entre Washington y su socio en la península arábiga, pero algunos analistas y periodistas han dudado de que esa fuera realmente su intención. Después de la amenaza a Omán, el secretario de Estado, Marco Rubio, y el de Guerra, Pere Hegseth, sentados a su lado, intercambiaron miradas que muchos interpretaron como una mueca de extrañeza. Especialmente porque el sultanato de Omán ha sido un importante aliado (sobre todo, cliente) de la industria de defensa y seguridad de Washington. Después, varios medios estadounidenses apuntaron que Trump podría haber cometido un error durante sus declaraciones después de equivocarse en su discurso antes de hablar con la prensa. El presidente dijo que Venezuela, país que Estados Unidos atacó en enero y capturó a Nicolás Maduro, "ya no tiene armada, ni fuerza aérea, ni a gran parte de la gente que dirigía el país". Parece haberse referido a Irán, no a Venezuela. La difícil posición de Omán El reino de Omán, en la orilla sur del estrecho de Ormuz y la boca que se abre al océano Índico, ha tenido que navegar una delicada posición durante todo el conflicto, y lo sucedido esta semana es solo el último ejemplo. A principios de año, eran ellos los encargados de mediar entre EEUU e Irán, y quizá los únicos que todavía pensaban que el enorme despliegue militar de Washington en la región podría saldarse sin una guerra abierta. El 27 de febrero, apenas un día antes de que los misiles cayeran a plomo sobre Teherán, aseguraban ufanos que las negociaciones daban sus frutos. “Estoy confiado, creo que tal y como van las negociaciones, se puede ver que un acuerdo de paz es posible”, declaraba Badr bin Hamad al Busaidi, ministro de Exteriores de Omán. Horas después, estallaba la guerra, y el mismo Al Busaidi tenía que salir en televisión, al borde de las lágrimas, a reconocer el estrepitoso fracaso de su mediación. “Estoy consternado. Unas negociaciones activas y serias han vuelto a quedar socavadas. Ni los intereses de Estados Unidos ni la causa de la paz mundial se ven favorecidos por esto. Rezo por los inocentes que sufrirán. Insto a Estados Unidos a no dejarse arrastrar aún más. Esta no es su guerra”. Esa posición de mediador lastimero no le salvó inicialmente de la respuesta iraní, cuyos ataques tuvieron como objetivo todos los países del Golfo. La mayoría se centraron en Emiratos Árabes Unidos e Israel, pero también hubo advertencia para Omán en forma de ataque con drones contra un puerto y un tanquero… De la que luego Irán pidió disculpas públicas. "Lo que ha pasado en Omán no fue nuestra decisión. Hemos dicho a nuestras Fuerzas Armadas que sean cuidadosas con los objetivos que eligen", afirmó el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, a Al Jazeera. A partir de entonces, el agravio comparativo (centenares de drones contra Emiratos, cero contra Omán) empezó a convertirse incluso en un problema para Muscat, especialmente porque Teherán no ha hecho más que incidir en él. En su estrategia por asegurarse salir de esta crisis con la posición reforzada de controlar el paso en el estrecho de Ormuz, Teherán ha querido arrastrar con él a Omán. El aliado que Irán necesita En varias declaraciones de distintos funcionarios del gobierno iraní, se inicide en que el proyectado pago de ‘peajes’ de paso (que de llegó a cifrar en el equivalente a 2.000 millones de dólares por buque, pagados en criptomoneda o yuanes) sería “repartido con Omán”. La estrategia es clara: al implicar al actor de la orilla sur del estrecho, Teherán busca una cierta legitimidad para esa imposición de tasas (ilegales, por tratarse de un paso inocente en estrecho marítimo), además de tentar a un actor “neutral” con un botín extra inesperado. Montar a Omán en su bote, por utilizar terminología náutica. “El estrecho está situado en las aguas territoriales de Irán y Omán. No hay aguas internacionales entre medias”, defendió Araghchi, ministro de Exteriores iraní. Otros funcionarios sostienen que esa cooperación permitirá establecer un mecanismo “fiable y eficaz” para el tránsito del estrecho. Ante estas declaraciones, reiteradas esta semana por la filtración iraní del “borrador de un protocolo Irán - Omán”, el sultanato en Muscat ha intentado ser todo lo cauto posible: “Hemos [Omán] firmado todos los acuerdos de transporte marítimo internacionales”, afirmó ministro omaní de Transporte, Said bin Hamoud bin Saeed Al Maawali. Es decir, sin tasas ni peajes. Está por ver si Irán los convence con su último argumento, de que se tratarían de tasas por gestión marítima del paso para utilizarlas en la protección del medioambiente, responsabilidad tanto iraní como omaní como estados ribereños. Irán no se quedó callado tras la amenaza estadounidense a Omán. El portavoz del ministerio de Asuntos Exteriores, Esmail Baghaei, publicó un comunicado en el que alertaba que las declaraciones de Donald Trump eran “peligrosas”. “Las amenazas de ‘destruir’ a un Estado miembro de las Naciones Unidas que siempre ha desempeñado un papel constructivo, eficaz y responsable en la paz y la seguridad regionales, y que durante muchos años ha empleado sus nobles esfuerzos al servicio de la paz y la estabilidad regionales como mediador en procesos diplomáticos, no solo constituyen una violación del principio fundamental de prohibir la amenaza del uso de la fuerza, sino también otra señal peligrosa de la normalización de la ilegalidad y la intimidación en las relaciones internacionales”, anunció. La amenaza por parte del mandatario fue expresada como un comentario al margen de la conversación que se estaba llevando a cabo, como un factor adicional y de menor importancia. La naturalidad con la que Trump dijo que podría hacer que Omán saltara "por los aires" muestra que quizá no ha pensado mucho la frase. Y que se ha convertido en casi una normalidad desde que el republicano volvió a la Casa Blanca. Omán ha sido un país más de una larga lista que ha sido objeto de advertencias o amenazas del presidente estadounidense. Sobre todo aquellos que no han cumplido con sus exigencias políticas o económicas. Algunos analistas han descrito este comportamiento como parte de la "teoría del loco" en materia de política exterior, y que responde a aquellos líderes que les gusta presentarse como impredecibles, como parte de una estrategia para que sus adversarios cedan a sus exigencias. Poco después de la escalada verbal del presidente estadounidense, tuvo lugar un nuevo intercambio de ataques entre Estados Unidos e Irán, el segundo en la misma semana. Durante la madrugada de este miércoles, el ejército estadounidense lanzó una ofensiva contra una base militar en la ciudad iraní de Bandar Abbas. Un funcionario afirmó desde Washington que las fuerzas estadounidenses derribaron cuatro drones de ataque iraníes que amenazaban el estrecho de Ormuz. Los ataques se describieron como "puramente defensivos y destinados a mantener el alto el fuego". En represalia, las fuerzas iraníes atacaron una base aérea estadounidense en la madrugada del jueves, según informó el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica en un comunicado difundido por la agencia de noticias semioficial Tasnim. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria no especificó qué base fue atacada. Las nuevas hostilidades han alejado —una vez más— las expectativas sobre un acuerdo de paz. Donald Trump reiteró el miércoles su amenaza de "terminar el trabajo" si Irán no acepta términos aceptables para Estados Unidos y afirmó no estar preocupado por el creciente cansancio bélico del público estadounidense ni por las posibles repercusiones políticas para los republicanos. “No me importan las elecciones de mitad de mandato", dijo.