EL PAÍS ofrece en abierto la sección América Futura por su aporte informativo diario y global sobre desarrollo sostenible. Si quieres apoyar nuestro periodismo, suscríbete aquí.“Las comunidades indígenas no están hablando de cosas tan distintas a lo que dicen los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS); es más, los lineamientos de los ODS están en su cosmovisión”. De esta manera, la bióloga argentina Andrea E. Izquierdo (Córdoba, 50 años) plantea la necesidad de que las voces de quienes habitan la Puna —mayoritariamente pueblos originarios kollas, atacameños y diaguitas— participen en las políticas públicas globales que afecten sus territorios. En un reciente trabajo científico, publicado en Environmental Science & Policy, la investigadora y su equipo exploraron cómo la integración del conocimiento local e indígena en los marcos globales de sostenibilidad puede mejorar la evaluación de los impactos de la minería de litio. Este recurso es esencial para el desarrollo de baterías y tecnologías de energía renovable, y gran parte de las reservas se encuentra en territorios indígenas.Gracias a su trabajo, Izquierdo -científica del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (Imbiv, Conicet-UNC)- ha sido distinguida como la “campeona nacional” 2026 por Argentina del prestigioso premio internacional Frontiers Planet, que reconoce investigaciones transformadoras para abordar los desafíos ambientales más críticos. El próximo año, competirá por el galardón internacional de un millón de dólares junto a otros 25 expertos mundiales.Un cambio de paradigmaIzquierdo, doctora en Ciencias Biológicas especializada en Ecología y Fitogeografía e investigadora de la Universidad Nacional de Córdoba, lleva más de 12 años estudiando la ecología de los humedales altoandinos en la Puna argentina. “En ese transitar territorios y de conocer a las comunidades y compartir sus vivencias, empezamos a interesarnos en las problemáticas socioecológicas de la región”, cuenta.Argentina se ha consolidado como un actor estratégico en el mercado global de litio, situándose como el quinto mayor productor mundial en 2024. El último informe de la Secretaría de Minería de Argentina destaca que el país alberga el 20% de los recursos mundiales de este mineral y cuenta con el 13,3% de las reservas mundiales. La producción se basa principalmente en la extracción de salmuera desde salares, mayoritariamente bajo territorio indígena.En la actualidad, 28 empresas mineras están realizando tareas exploratorias en la Puna. Existen seis proyectos de litio en producción y otros 56 en distintas etapas de desarrollo. Se estima que para el año 2035, las exportaciones superarán los 11.000 millones de dólares, lo que podría convertir a Argentina en el segundo mayor productor de litio del mundo.El trabajo de campo de Izquierdo en cuatro comunidades de Salta, Jujuy y Catamarca corroboró que los pobladores locales poseen un conocimiento sistémico del territorio y una capacidad única para evaluar los impactos de la minería. No obstante, este saber ancestral no está totalmente integrado en los mecanismos de monitoreo y control de los impactos que la minería de litio tiene sobre el ambiente y las comunidades locales.“El principal mensaje de este estudio es que para que la transición energética sea justa, debe ser participativa y respetuosa con las realidades locales”, señala Izquierdo. Las comunidades de la Puna -agrega- están dispuestas a participar en la toma de decisiones que afectan sus vidas.Con base en 15 impactos ambientales, sociales y económicos de la minería de litio ya descritos en la literatura científica, su investigación elaboró encuestas para analizar el grado de integración de este conocimiento en la toma de decisiones globales. “Es importante porque la transición energética no debe reproducir nuevas formas de degradación ecológica o desigualdad social”, apunta la científica.Impacto en la salud mentalLas comunidades perciben muchos de los impactos detallados por la ciencia, pero también aportan conocimientos propios difíciles de observar sin escucharlas. Aunque reconocen beneficios como la creación de empleo y mejoras en la infraestructura en los pueblos, también advierten sobre el aumento de la conflictividad social, accidentes de fauna y el impacto en la salud de sus habitantes. “Lo que más me conmueve es que ellos hablan de cambios en la salud mental. En la bibliografía científica es muy común hablar de los impactos en vías respiratorias por el polvo de la voladura de componentes en las minas. Sin embargo, ellos están refiriendo depresiones, estrés, angustia, enfermedades que no tuvieron nunca. Me parece tristísimo que nos esté pasando esto como humanidad”, opina Izquierdo.Además, las comunidades se preocupan por la disminución de la disponibilidad de agua, las alteraciones irreversibles en el paisaje y el abandono progresivo de las actividades de ganadería debido al cambio en las rutinas y las costumbres que desdibujan, en cierta forma, su identidad. “El impacto es inmenso y a todos los niveles. Se modifica su forma de vida con ritmos cuasi urbanos”, concluye la argentina.