La cercanía del Mundial 2026 en Canadá, Estados Unidos y México es el espejo más incómodo para la decisión del Gobierno de reconstruir su agenda positiva en el Congreso. La cuenta regresiva hasta el 11 de junio le marca los tiempos a la Casa Rosada, porque aunque multipliquen los gestos para revivir la hiperactividad legislativa de febrero, los resultados que se vienen son muy distintos a los esperados. Ese camino escarpado obligó al presidente Javier Milei a exhibir un inesperado costado dialoguista. La semana pasada el presidente de la Cámara Baja, Martín Menem, pudo cerrar una sesión de 11 horas, con dos dividendos positivos para la Casa Rosada. El oficialismo consiguió, con ayuda de gobernadores aliados, la media sanción de la Ley Hojarasca y la reducción de los subsidios para las zonas que tienen los mayores niveles de consumo de gas durante invierno. Fue una intrincada negociación que implicó un trueque promovido por el ministro del Interior, Diego Santilli, con la autorización de su par de Economía, Luis Caputo. Los reclamos de distintos gobernadores no sólo apuntaban a las consecuencias de perder el beneficio por el alto consumo en invierno, sino también por las consecuencias de los últimos recortes decididos en el Presupuesto. El Gobierno matizó con la oferta de equilibrar los altos consumos de electricidad en verano y también con la inclusión de una condonación y compensación de las distribuidoras de gas con CAMMESA. Con ese rompecabezas el oficialismo alcanzó los 132 votos favorables, 105 negativos y 4 abstenciones. Una victoria que estuvo tres votos por arriba de lo justo y que, de otro modo, no habrían conseguido.