La Meseta Purépecha enfrenta actualmente una grave ola de violencia e inseguridad provocada por el asedio del crimen organizado, principalmente a manos del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), que emplea, presuntamente, el servicio de mercenarios colombianos, según han denunciado el gobernador de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla, y el fiscal general de ese Estado, Carlos Torres Piña. Desde el pasado 6 de mayo, las comunidades de esta región han padecido agresiones armadas a manos de estas células criminales. Este martes se produjeron protestas en Morelia, la capital de esa entidad, por parte de cientos de comunarios de la comunidad Sevina, que han reclamado exigiendo seguridad y justicia por el asesinato de dos kuarichas (elementos de seguridad de ronda comunitaria), el pasado 17 de mayo.De acuerdo con el Ministerio Público michoacano, estas células de colombianos se tratarían de una operación de más de 60 hombres armados al servicio del CJNG y que al menos 10 municipios han sido víctimas de sus ataques. Entre los pueblos afectados se encuentran Zamora, Jacona, Tangamandapio, Tangancícuaro, Chilchota, Charapan, Paracho, Cherán, Nahuatzen y Los Reyes.Piña ha dado a conocer que este grupo de mercenarios se moviliza a bordo de entre ocho y 10 camionetas, las que utilizan para sus operativos en los municipios mencionados y la Meseta Purépecha. Según la Fiscalía, estos sicarios mantienen una fuerte lucha contra el Cartel de Los Reyes y el Cartel de Los Caballeros Templarios, los rivales del CJNG en la zona, con los que se disputan el control de la producción y tráfico de droga, así como la tala de los bosques.Fuentes de seguridad hacen mención de que la situación en la Meseta Purépecha obedece también a un reacomodo de fuerzas al interior del Cartel Jalisco Nueva Generación, luego de que algunas de sus células quedaran al margen de la distribución del territorio michoacano, esto tras las detenciones, en pasado abril, de uno de sus máximos cabecillas, Audias Flores Silva, alias El Jardinero —de quien se especulaba podía ser el sucesor a liderar este grupo delincuencial tras la caída de Nemesio Oseguera, El Mencho—, y su operador financiero, César Alejandro N, conocido como El Güero Contra. Hace cinco días, el 22 de mayo, un grupo de mercenarios emboscó a un convoy de patrullas de la Guardia Civil, en el poblado de La Estancia de Amezcua, en Zamora, dejando un saldo de seis elementos heridos de gravedad. Hace poco más de un mes, este mismo grupo atacó con explosivos transportados por drones a la policía Nahuatzen, en una sección que une a los pueblos de Ojo de Agua y El Pino.La escalada de la violencia en Michoacán y la denuncia sobre la presencia de sicarios colombianos no es un suceso nuevo. El 10 de junio de 2025, el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, dio a conocer que durante un operativo en el municipio de Los Reyes, en Michoacán, se aprehendió a 17 personas, de las cuales 12 eran ciudadanos colombianos, quienes estuvieron vinculados al asesinato de ocho soldados con una mina antipersona el 27 de mayo de ese mismo año. La autoridad detalló que nueve de ellos eran exmilitares con amplia experiencia y tres con formación militar en el uso de armas. Estos ingresaron de forma legal al país y forman parte de un patrón de reclutamiento transnacional por parte del narco.El presidente de Colombia, Gustavo Petro, a través de un tuit desde su cuenta oficial, el 4 de junio de 2025, confirmó que los connacionales detenidos fueron miembros de las Fuerzas Armadas de ese país y que habrían sido contratados por el Cartel de los Reyes, que se disputan el territorio con el CJNG en Michoacán.Carlos Manzo, exalcalde de Uruapan, un municipio a poco más de 100 kilómetros de Morelia, la capital de Michoacán, y que fue asesinado a tiros en un evento público por miembros del CJNG en noviembre de 2025, denunció a este diario, en junio de 2025, sobre la existencia de campos de adiestramiento de exmilitares de Colombia y Venezuela. Este aseguró que, al ingresar a un campamento en un predio cerca de su municipio, hallaron ropa táctica, municiones de alto calibre, fusiles de asalto AK-47 y AK-50, armamento “de uso exclusivo del ejército”.“La misma ciudadanía de esos lugares nos dice que en otras comunidades muy cercanas tienen información de que hay un campo de adiestramiento en el que de 100 a 150 venezolanos y colombianos se preparan militarmente para cometer actos ilícitos”, afirmó Manzo en su momento.Guillermo Valencia, diputado en el Congreso del Estado de Michoacán por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), ha dicho que desde hace más de un año advirtió sobre el acecho de estos grupos criminales en la Meseta Purépecha. En ese momento denunció, incluso, que estaban realizando reclutamiento forzado a jóvenes y adolescentes de esa región.“El que mató a Carlos Manzo era un muchachito de la Meseta reclutado por el crimen organizado. Si me hubieran hecho caso cuando yo hace más de un año dije lo que estaba pasando, no solamente no hubieran matado a Carlos Manzo, sino que no tendrían ese problema tan fuerte en la Meseta”, ha dicho el legislador del PRI. El cónsul de la nación sudamericana en México, Alfredo Molano, sostuvo la hipótesis, el pasado año, de que muchos de estos exmilitares vienen engañados en redes de trata, a quienes se les ofrece empleos de seguridad con altos salarios. Una vez en México, estos mismos son amenazados y despojados de su documentación para evitar que huyan.Esta versión la han confirmado testimonios de familiares de exmilitares colombianos reclutados en México por el narco, según dio a conocer Radio Ambulante en un reportaje. La descripción del trabajo que se les ofrece es para darles seguridad a plantaciones cítricas. La oferta incluye prestaciones y beneficios generosos, así como la promesa de que a los seis meses ya estarán de regreso en Colombia. Sin embargo, “todo es un montaje”, según relata un sobreviviente. La otra teoría del diplomático es que estos exmilitares vienen al país por las elevadas sumas que les ofrecen. Esta hipótesis fue confirmada por este diario a través de testimonios de mercenarios en las filas del narco. Estos confirmaron que el motivo más común al que apelan los exmilitares para convertirse en operadores de los carteles es el escaso salario de retiro que obtienen como veteranos. Las ofertas que hacen empresas de seguridad, ejércitos extranjeros y ahora también cárteles empujan a muchos a pelear en conflictos ajenos. La revista Semana dio a conocer que los salarios que les ofrecen pueden ascender hasta los 37.000 pesos (casi 2.000 dólares) si sobreviven cada mes por defender la soberanía del CJNG.