“¡Vamos, hostia!”.En ocasiones, un par de palabras son el mejor gráfico para sintetizar un día que llama a los rumiantes, con el sol apretando y el rival, también. Debe masticarlo Rafael Jódar esta vez, aunque al final se sale con la suya y resuelve un episodio de lo más trabado frente al veterano James Duckworth (34 años y 82º). Contra viento y marea: un buen topetazo, dolores en la pierna izquierda, una doble advertencia —por la demora al volver del vestuario— y un adversario que no se entrega ni a tiros. Aun así, el madrileño (6-1, 6-7(5), 6-4 y 7-5, tras 3h 22m) progresa y se ve ya en la tercera ronda de Roland Garros, donde los duelos son de ida y vuelta, y sostenerse en días como estos vale el doble.Es una jornada complicada, no cabe duda. Mucha actividad, bastante giro brusco —que se lo digan si no a Alejandro Davidovich, eliminado y plantado por su técnico— y durante un buen rato, sobre el alambre. Esa es la imagen: Jódar voleando a un centímetro la red, sostenido sobre la punta de los dedos del pie derecho y contorsionándose para no tocar la malla. Suspense, claro que sí. Ahora bien, más de eso, de emoción, de incertidumbre y de no saber finalmente por dónde irán los tiros, que de buen tenis. Pero a falta de lucidez, del colmillo y la inspiración de otros días, bien vale el saber apretar puños y dientes, que todo hará falta en este cruce enrevesado y, sobre todo, accidentado contra el australiano Duckworth. No todo son días de fiesta, claro.Al principio irrumpe el Jódar arrollador, exactamente el mismo que desplumó en el estreno del lunes a Aleksandar Kovacevic —solo cinco juegos para él— y que ha ido resolviendo la mayoría de sus compromisos en línea recta, sin apreturas, mandando; como si fuera él el experto. No esta vez, miércoles de oleaje, de arduo debate y de calor. El sol, de nuevo mazo en mano. Se desplomaba Jakub Mensik después de haber logrado la victoria a media tarde, ayudado el checo a incorporarse tras las cuatro horas y media de esfuerzo, y ahora el que cae a plomo es el español, quien al rectificar el paso en la carrera por la línea de fondo, queda suspendido en el aire y a continuación se da una buena costalada: ¡Pam! Señora caída, buen revolcón.Se duele Jódar sobre el suelo, rebozado de arena, pero hay tranquilidad conforme se levanta y va comprobando en dirección a la silla que la articulación no ha sufrido daños —no ha habido torcedura, solo un resbalón— y que la pisada sigue firme. Ok, todo bien. Un susto, nada más. Sin embargo, no afloja un pelo el oceánico, erre que erre todo el rato, confiando que tal vez el chico pueda arrugarse o bien pague la exigencia, que ese chasis larguirucho todavía está tierno y días como estos corroen al deportista silenciosamente. El sol, ese otro rival. Son 32º a eso de las siete de la tarde y Duckworth lo pelea con fe y robustez, más convencido a lo largo del desempate. El madrileño no termina de verlo nítido, pero por su parte no será. No se ahorra nada.Eso sí, su físico va lanzándole advertencias. Le atienden primero del muslo izquierdo y luego, las molestias descienden a la pantorrilla. Calma, calma, le transmite su padre con la mirada. Esta vez, el hombre no está solo. A su izquierda observan con atención el todoterrenísimo David Ferrer —que de sudores y kilometraje algo sabe— y el multimillonario Ion Tiriac, el de las gafas ahumadas y el bigote, aquel que lanzó el Masters de Madrid con todo ese lujo y esas estridencias. Para cuando está decidiéndose todo, el octogenario ya se ha ido y el capitán de la Davis se mordisquea las uñas porque la cosa está apurada. Duckworth, disfrazado hoy de escapista, lo salva casi todo. Encajará seis breaks, pero neutralizará hasta quince intentos.En todo caso, al final acaba imponiéndose la lógica del presente y Jódar logra el pase. Es superior. Y le sabe bien: más y más aprendizaje. Todo suma para el advenedizo. Quién sabe que hubiera sido de un enredo a cinco mangas. Se las verá el próximo día con el 42º, el estadounidense Alex Michelsen (7-6(5), 6-3, 3-6 y 6-3 a Nishesh Basavareddy), y sigue sacándole jugo a esta primera experiencia en París, donde Novak Djokovic, casi en simultáneo, también avanza. Eso sí, el serbio se deja otro set por el camino y debe trabajárselo mucho otra vez, porque al igual que Duckworth, el local Valentin Royer se revuelve y le araña un set. Será un 6-3, 6-2, 6-7(7) y 6-3. El primer día invirtió 2h 51m y esta vez se alarga, 3h 44m.El balcánico infla los pulmones y exhala. Misión cumplida. A sus 39 años, cada paso que da vale oro —palmas y más palmas para él en la Chatrier, a pesar de que afeara un par de ruidos en el transcurso del duelo— y suele reportarle algún que otro registro. Ahora son 120 partidos disputados en el grande francés y con 103 victorias, queda a nueve del histórico récord firmado por Rafael Nadal (112). Como hacía no hace mucho, recupera el violín en la celebración, sin saber todavía sin se enfrentará a João Fonseca o Dino Prizmic. En ese instante sí se ha certificado el pase de Pablo Carreño (abandono de Thanasi Kokkinakis) y las eliminaciones de Davidovich (6-4, 6-7 (4), 6-1 y 6-3 para Thiago Agustín Tirante) y Kaitlin Toledo (6-0 y 6-4 con Elina Svitolina).