Un turista argentino está preso en Brasil desde el pasado domingo después de fotografiar a un niño de siete años y decir que pensaba llevárselo a casa como “esclavo”. Lo que debería haber sido una apacible excursión dominical para una familia y ese menor en un tren turístico en el estado de Minas Gerais derivó en un traumático episodio de racismo que ni los testigos ni las autoridades pasaron por alto.El incidente sucedió el 24 de mayo en el tren turístico que conecta las ciudades históricas de São João del Rei y Tiradentes, en el estado de Minas Gerais. El argentino, identificado por la policía como Eduardo Ignacio, de 63 años, fue detenido in fraganti después de que los pasajeros y la familia de la víctima se dieran cuenta de las fotografías que hizo al menor y de los mensajes que estaba enviando a través de su celular. Mandó fotos del niño a través de WhatsApp acompañadas de mensajes como “Lo puedo llevar de esclavo”, “estoy pensando en llevar un esclavo, hay muchos aquí” o “puedo llevar a una esclava para que cuide de tus nietas”.El niño y la familia son de Río de Janeiro y habían viajado hasta Minas Gerais para celebrar el cumpleaños de la madre del niño, una mujer de 32 años. Era la primera vez que salían a hacer turismo fuera de su ciudad natal. Subieron al tren en São João del Rei, pero durante el trayecto, un pasajero que estaba en el mismo vagón se dio cuenta de los mensajes racistas y avisó a la progenitora. Al ser interpelado, el turista intentó esconder el celular, pero ante la insistencia de los pasajeros acabó mostrando la conversación. La madre fotografió la pantalla para tener pruebas del delito.Trabajadores del tren y pasajeros controlaron al hombre hasta que llegó la Policía Militar y lo arrestó. Ahora se encuentra en prisión preventiva en una cárcel de São João del Rei.En las últimas semanas, Brasil detuvo a otros tres extranjeros por delitos de racismo en circunstancias similares. El 15 de mayo fue arrestado el chileno Germán Andrés Naranjo Maldini, que durante un vuelo de Latam profirió graves ofensas homófobas y racistas contra un miembro de la tripulación, quejándose de que fuera gay y negro. Dijo que le molestaba “el olor de negro, de brasileño” y en otro momento le llamó “mono”, imitando sonidos del animal, entre otros insultos. Sus abogados aseguran que tuvo un brote psicótico, que estaba tratándose desde 2013 y que no se acuerda de nada. De momento, sigue en prisión preventiva en Guarulhos (São Paulo).A finales de abril, el argentino José Luis Haile, de 67 años, fue detenido en un supermercado de Copacabana, en Río de Janeiro, tras una discusión en la que llamó “negra puta” a la mujer brasileña que tenía delante en la cola. Fue reducido con la ayuda de otro argentino, que llamó a la policía y lamentó que en su país la ley sea más tolerante con estos comportamientos. El caso que tuvo más repercusión fue el de la también argentina Agostina Páez, arrestada en Río en febrero tras imitar a un mono y llamar “negros de mierda” a los trabajadores de un bar. La joven llegó a usar tobillera electrónica y se le confiscó el pasaporte por riesgo de fuga, aunque finalmente la Justicia autorizó que regresara a Argentina tras pagar una fianza de 97.000 reales (casi 20.000 dólares) y ahora responde al proceso en libertad.Tras varias entrevistas en que posó como víctima de una persecución, al llegar a Buenos Aires fue recibida incluso por la senadora Patricia Bullrich, exministra de Seguridad de Javier Milei. Su padre celebró que su hija había vuelto a casa repitiendo sus mismos gestos racistas en un bar.Brasil castiga el racismo desde 1989, aunque en 2023 la legislación se endureció al equiparar el delito de injuria racial (tratado como un atentado contra el honor de un individuo) al crimen de racismo, cuando se ataca a todo un colectivo. De esta forma, se convirtió en un tipo de delito penado con entre dos y cinco años de cárcel, que no prescribe y que no puede esquivarse con el pago de una fianza.
Un turista argentino detenido en Brasil por racismo: “Estoy pensando en llevarme un esclavo, hay muchos aquí”
El arresto se suma al de otros tres extranjeros acusados por un delito castigado con hasta cinco años de cárcel










