NoticiaTras atender una llamado de una comunidad habrían terminado matando a un hombre.Jacobo Hernández Manjarrez y Jairo Escobar Brito, judicializados. Foto: Fiscalía general de la naciónPERIODISTA27.05.2026 10:17 Actualizado: 27.05.2026 10:17
Un fiscal de la Unidad de Vida de la Seccional Bolívar imputó formalmente como coautores de los delitos de homicidio agravado y fabricación, tráfico, porte o tenencia de armas de fuego a los patrulleros de la Policía Nacional Julio César Hernández Manjarrez (23 años), Jacobo Hernández Manjarrez (30 años) y al subintendente Jairo Escobar Brito (41 años).En las pantallas de las audiencias virtuales, tres hombres que hasta hace poco vestían el uniforme de la Policía Nacional escuchaban, con el rostro impertérrito, cómo la Fiscalía General de la Nación desmontaba la coartada que tejieron con hilos de sangre, complicidad y fuga.No eran delincuentes comunes de las barriadas periféricas; eran las autoridades legítimas del Estado transformadas, según la justicia, en pistoleros en uniforme de la patria.La reconstrucción de los hechos, basada en bitácoras de cuadrantes, análisis forenses y testimonios protegidos, devela una madrugada de terror institucional. LEA TAMBIÉN La madrugada del caosJulio Cesar Hernández Manjarréz, judicializado. Foto:Fiscalia General de la NaciónLos relojes marcaban las primeras horas de la madrugada del 9 de noviembre de 2025. En una vivienda del tradicional barrio El Nuevo Bosque, el sonido de la música y la celebración de una fiesta popular se interrumpió de golpe por los gritos de una riña.En medio de la confusión, al lugar arribaron los tres uniformados. Lo que debió ser un procedimiento policial de mediación y control de orden público, derivó rápidamente en una agresión desproporcionada contra un ciudadano de 32 años.En el epicentro del altercado se encontraba Álvaro Luis Zambrano Padilla, un reconocido comerciante de la ciudad cuya única falta fue estar en el lugar y momento equivocados.De acuerdo con el relato del fiscal del caso, la situación escaló bajo la mirada complaciente del subintendente a cargo. Fue en ese instante de máxima tensión cuando el patrullero Julio César Hernández Manjarrez, de 23 años, desenfundó su arma de dotación y disparó a quemarropa en dos ocasiones contra la humanidad de Zambrano Padilla. El comerciante cayó al suelo herido de muerte, mientras los asistentes a la fiesta gritaban desesperados buscando auxilio. Zambrano falleció pocos minutos después, a bordo de un vehículo de transporte público en el que intentaban trasladarlo a un centro asistencial. LEA TAMBIÉN Fuga y ocultamiento Cometido el atentado, el manual de operaciones de los uniformados no se activó para preservar la escena del crimen ni para socorrer al herido, sino, presuntamente, para estructurar un plan de fuga y encubrimiento.La investigación penal determinó que el hombre de mayor rango en la patrulla, el subintendente Jairo Escobar Brito, asumió el control de la situación: habría tomado el arma homicida y la escondió entre sus pertenencias para alterar la evidencia y evitar el rastreo balístico inmediato, facilitando la huida en bloque del lugar de los hechos.De los barrios de Cartagena a las selvas del PutumayoLa impunidad de la que creyeron gozar los uniformados tras borrar los rastros de la madrugada del 9 de noviembre comenzó a desmoronarse gracias al trabajo técnico de los investigadores de la Unidad de Vida. Mediante interceptaciones telefónicas, análisis de cámaras de seguridad y el cruce de datos de las minutas de la institución, la Fiscalía logró la plena identificación e individualización de los sospechosos.El temor a las consecuencias penales provocó la huida de los implicados. Tras expedirse las órdenes de captura correspondientes, la policía judicial desplegó un operativo simultáneo el pasado 21 de abril de 2026.Mientras Jacobo Hernández y el subintendente Escobar Brito fueron cercados y detenidos en las calles de Cartagena, quien disparó, Julio César Hernández, fue localizado a más de mil kilómetros de distancia, escondido en el municipio de Mocoa (Putumayo), intentando mimetizarse en la Amazonía colombiana para evadir el brazo de la justicia.Pese a que ninguno aceptó los cargos, el acervo probatorio fue tan contundente que una jueza con funciones de control de garantías ordenó su reclusión inmediata en centro carcelario.Operativos en Cartagena Foto:Distrito de CartagenaCon la legalización de sus capturas y el traslado de los tres procesados a pabellones carcelarios, el proceso entra en su etapa más crítica.La muerte de Álvaro Luis Zambrano Padilla engrosa la dolorosa lista de abusos de autoridad en el Caribe, pero esta vez, el expediente camina con paso firme.Las rejas que hoy aseguran a los antiguos oficiales son el recordatorio de que ningún chaleco antibalas ni ninguna placa institucional están por encima del derecho fundamental a la vida.Además, te invitamos a ver nuestro documental: Documental de la periodista Jineth Bedoya Foto:Cartagena Sigue toda la información de Colombia en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.














