Texto: Liza LunaLa cuenta regresiva para la esperada Copa Mundial de Fútbol de 2026 ya está corriendo y puede que muchos no les alcancen la suerte o el dinero para entrar a los Estadios CDMX, Guadalajara o Monterrey. Pero no teman, pues también estarán los FIFA Fan Fest, con megapantallas para disfrutar de la justa mundialista, rodeados de otros aficionados y algunos antojitos. Pero esta idea no es nueva. Nuestra segunda vez como anfitrión de la Copa Mundial, en 1986, también tuvo su proyecto de pantallas gigantes, llamado “tianguis mundialista”. Lee también Los daños que sufrió el Ángel en el mundial México 86Destinado al público de escasos recursos, estos sitios tenían transmisiones gratuitas de los partidos y puestos de comida y souvenirs. Por desgracia, hace cuatro décadas hubo más problemas que júbilo con las pantallas gigantes y tianguis futbolísticos. Aficionados congregados frente a un aparador, aprovechando los televisores en venta para ver el partido de la Selección Mexicana contra Bélgica, el 3 de junio de 1986. Foto: Leo Morales/Archivo EL UNIVERSAL.Un mes antes de la máxima fiesta futbolística de 1986, la Asociación Mexicana de Profesionales en Organización de Ferias, Exposiciones y Convenciones (AMPOFEC) hizo público un ambicioso proyecto: colocar pantallas gigantes en sitios estratégicos del Área Metropolitana para aquellos aficionados que no lograron ir a los estadios y así darles un espacio para disfrutar del mundial México 86 en colectivo. Su intención era que “un gran sector de la población capitalina, fundamentalmente las clases populares, pueda presenciar gratuitamente la justa deportiva”, además de prevenir disturbios en estadios y evitar que las masas intentaran “penetrar por la fuerza a los inmuebles deportivos y rebasen los cupos autorizados”. Lee también Cuando la TV mexicana no transmitió el Portugal vs. México en 1969Según indicó EL UNIVERSAL el 9 de mayo de 1986, las megapantallas medían 9.5 metros por 6.5 (¡61 metros cuadrados de puro fútbol!), traídas desde E.U. con un costo de renta de un millón 500 mil dólares cada una, disponibles durante todo el mundial. Pantalla gigante en Xochimilco, con mínima asistencia. En entidades como Guanajuato y Jalisco también hubo pantallas, junto con ferias, eventos culturales y vendimias para aderezar el mundial. Foto: Guillermo Granados/Archivo EL UNIVERSAL.Se planeó instalar cuatro de estas “monumentales” pantallas entre el Distrito Federal y Estado de México: en el Deportivo Hermanos Galeana de San Juan de Aragón, delegación Gustavo A. Madero; el Parque Batallón de San Patricio en Mixcoac, Álvaro Obregón; en el estacionamiento de la Pista de Remo y Canotaje "Virgilio Uribe" en Cuemanco, Xochimilco; y en el Parque Naucalli de Naucalpan. Pero el proyecto de la AMPOFEC no sólo ofreció la transmisión gratuita de los partidos de la justa futbolística para defeños y mexiquenses, sino toda una verbena popular con los llamados “tianguis mundialistas”: cientos de puestos o “stands” de comida, recuerditos, juguetes, amenidades y artesanías alrededor de las pantallas. Desde los primeros días de mayo, la asociación organizadora puso en renta más de mil “stands” para sus cuatro sedes planeadas. El local más grande medía 17 metros cuadrados, por una módica cuota de un millón 121 mil pesos; el siguiente era de 11 metros cuadrados, por 805 mil; el tercero medía 8 metros cuadrados, a 621 mil pesos de renta; y el más pequeño tenía 5 metros cuadrados, costando 440 mil. Lee también Saldívar contra Winstone, primera pelea de box en el Estadio AztecaLas cuotas eran exorbitantes para cualquier negocio de garnachas que quisiera estar en un “tianguis mundialista”, pero la expectativa de los organizadores era recibir 100 mil personas por día, con una ganancia estimada de 3 mil 198 millones de pesos en cada sede, dando oportunidad de recuperar y hasta doblar la inversión. Entrada al tianguis en el Deportivo Los Galeana. Por seguridad, el DDF prestó 2 mil 500 policías capitalinos, repartidos entre las tres sedes, y la zona para sentarse se dividió en seis segmentos para evitar aglomeraciones. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.Los también llamados “estadios electrónicos” debían cumplir ciertas condiciones para garantizar su funcionamiento, incluyendo 6 mil espacios de estacionamiento, recolección de 50 a 70 toneladas de basura diarias, pago de una fianza de 648 millones de pesos a las autoridades locales para cubrir posibles daños ecológicos, disponibilidad de servicios médicos y reacondicionamiento en las cuatro sedes. Además, se exigió a la AMPOFEC prohibir la venta de bebidas alcohólicas e impedir la entrada de cualquier tipo de arma que pusiera en riesgo la seguridad de los asistentes. Según se leyó en nuestras páginas del 13 de mayo, los organizadores deseaban que “la exposición que se reúna en torno a las pantallas gigantes no sea un tianguis de fritangas más, sino una auténtica feria comercial e industrial”, con juegos mecánicos, conciertos y eventos culturales acompañando la transmisión de los partidos. Lee también Cuando México goleó 4 - 0 a E.U. en 2004A pesar de tales garantías y ánimos, los “tianguis mundialistas” generaron inmediato descontento entre vecinos de las zonas elegidas, desde la Gustavo A. Madero hasta Xochimilco, pues consideraron que serían muy dañinos para su comunidad. Asistentes sentados en tarimas para ver los partidos del mundial. Uno de los factores para la baja asistencia fue la lejanía de los tianguis; Cuemanco estaba a 30 kilómetros del Centro Histórico y el transporte para llegar hasta allá sólo incluía pesero o la Ruta-100. Foto: Gildardo Solís/Archivo EL UNIVERSAL.“Hay consenso [entre la población] en que la presencia de miles de personas en estos sitios, en cada juego, los dejaría expuestos a desmanes de aficionados, presas de la pasión y el alcohol, además de que acabarían con árboles y pasto, ganen o pierdan sus equipos favoritos”, indicó EL UNIVERSAL. Los vecinos tenían sus dudas sobre la seguridad en los sitios con pantallas gigantes: “¿Qué ocurrirá cuando la selección de México gane o pierda y el entusiasmo o la ira se desborde? ¿Y si Hugo falla un gol?”, preguntaban con temor. Para el 21 de mayo de 1986, a 10 días de la inauguración del mundial, el Departamento del Distrito Federal todavía tenía en duda los “estadios electrónicos”. Y a pesar de no tener los permisos necesarios para su proyecto, la AMPOFEC ya había rentado sus “stands”, exponiéndose a regresar todas las cuotas ya cobradas por adelantado. Lee también La victoria de última hora del América sobre Cruz Azul en 2013Para su suerte y a casi tres días del mundial, el DDF accedió a la instalación de megapantallas, pero no se las puso fácil y cobró 2 mil pesos por metro cuadrado utilizado, ¡casi mil millones de pesos por las tres sedes! El permiso para los “tianguis mundialistas” estuvo vigente desde el 25 de mayo al 10 de julio de 1986. Asistentes sentados en el piso durante la final del mundial México 86. Se planeó instalar pantallas gigantes en campamentos de damnificados por el sismo de 1985, pero las delegaciones desistieron de la idea; todavía quedaban 40 mil afectados sin hogar. Foto: José Luis Rocha/Archivo EL UNIVERSAL.Mientras la AMPOFEC tenía asegurados sus tres "estadios electrónicos” en el DF, se topó con un gran problema en el Estado de México. En su edición del 12 de mayo de 1986, EL UNIVERSAL indicó que el permiso para convertir el Parque Naucalli de Naucalpan en un “tianguis mundialista” lo otorgó el entonces gobernador Alfredo Baranda García, sin consultar al presidente municipal, Luis René Martínez Souberville ni a la población local. De inmediato, vecinos de la zona se negaron a la instalación del tianguis, tras considerar que una actividad así convertiría a la importante zona verde del Estado de México en un “muladar de la pasión futbolística”. Lee también El histórico triunfo de México contra Brasil en 1999Según recuperó esta casa editorial, líderes ecologistas y habitantes naucalpenses se organizaron para boicotear los planes de la AMPOFEC, vigilando día y noche los accesos al Naucalli para evitar el montaje del "estadio electrónico”, además de amenazar con bloqueos, protestas y pintas en vía pública. Vista del Naucalli, 1982. El plan de la AMPOFEC para su tianguis sólo requería 7 a 10 hectáreas del famoso parque, de las 40 totales; 25 mil deportistas naucalpenses exigieron la instalación del “estadio electrónico” en su municipio, pues los sectores más empobrecidos también merecían ver el mundial. Foto: ESPECIAL/Nuestra Zona.Esta protesta anti-tianguis encontró su contraparte en vecinos de colonias de bajos recursos, quienes exigían su pantalla gigante y vendimia como en el DF. Para ellos, las protestas de habitantes acaudalados sólo eran para “obstaculizar la diversión de los pobres” y evitar que las clases populares se acercaran a la zona rica del municipio. Todo concluyó el 17 de mayo, cuando autoridades estatales y municipales negaron el permiso a la AMPOFEC, evitando que el Parque Naucalli albergara la transmisión del mundial. Pero eso no detuvo a la asociación de ferias y, con el tiempo encima, se buscó un nuevo sitio mexiquense para la cuarta pantalla gigante. Su opción de emergencia fue el Tianguis de Autos de Santa Mónica, en Tlalnepantla; con una extensión de ocho hectáreas cubiertas de puro concreto, sin pasto o árboles que pudieran dañarse. Las autoridades municipales parecían complacidas con la idea, pero de nuevo fueron los vecinos quienes criticaron su instalación. Lee también Victoria del América en la Copa Interamericana en 1978Según se leyó en EL UNIVERSAL, los habitantes temían el caos vial y las toneladas de basura que dejaría el “estadio electrónico” en su vecindario, por lo que exigieron condiciones bastante complicadas para aceptar la pantalla gigante. La AMPOFEC mejor desistió de la idea y detuvo cualquier plan de poner un “tianguis mundialista” en el Estado de México, perdiendo 600 millones de pesos. Vista del Naucalli, 2002. Autoridades estatales quisieron justificarse en 1986 por dar su autorización, asegurando que, “lo único que puede pasar en el Naucalli es que se deteriore un poco el pasto con la pantalla gigante, pero esos pequeños deterioros se rehabilitarán después”. Foto: Adrián Hernández/EL UNIVERSAL.El mundial México 86 comenzó al mediodía del 31 de mayo, con las tres pantallas gigantes de la capital preparadas para el jolgorio futbolístico. La AMPOFEC pronosticó que hasta 3 millones de mexicanos acudirían a los “estadios electrónicos” para ver el mundial. Y sí, miles de aficionados se reunieron alrededor de las megapantallas tan sólo para ver la inauguración y el partido Bulgaria vs. Italia, pero sus festejos se acompañaron de inconformidad y descontrol. Según indicó EL UNIVERSAL el primero de junio, los “tianguis mundialistas” fueron “una incontrovertible vidriera donde fue exhibido el malestar público”. Todos debían sentarse en el suelo, las pantallas no eran “gigantescas”, sino “como las de cine, común y corriente” y no se distinguía bien la imagen; el sonido no era tan bueno, los sanitarios eran deficientes; y se vendía cerveza, a pesar de estar prohibido. Lo que más irritó a los asistentes fueron los precios en alimentos y productos, que estaban por los cielos. Según indicó la PROFECO el 7 de junio de 1986, una torta dentro de los “estadios electrónicos” podía costar hasta mil pesos, una orden de tacos ascendía a 500 y los refrescos hasta 200 pesos, sin mencionar los recuerditos, que el más simple rebasaba los 500. Escaleras improvisadas en el tianguis de Gustavo A. Madero. Entre las condiciones para instalar los “estadios electrónicos” se incluyó el pago de un seguro en favor del DDF que cubriera cualquier siniestro. Foto: Gildardo Solís/Archivo EL UNIVERSAL.La comida costaba hasta tres veces más que en otros sitios y ni hablar de los recuerdos mundialistas, que costaban cientos y hasta miles de pesos. A consideración de este diario, el proyecto de los “tianguis mundialistas” evidenció algo importante: el mundial México 86 fue elitista, pues un sitio gratuito fue necesario para que gran parte de la población lo viera. EL UNIVERSAL entrevistó a habitantes de colonias populares, quienes confesaron “a mí me hubiera gustado ir al estadio, ¡pero con esos precios! Si hasta aquí en las pantallas está todo caro, mucho más allá”. Lee también Mundiales en el Azteca: partidos inaugurales de 1970 y 1986No hubo estimaciones de asistencia a los “estadios electrónicos” en la primera jornada del mundial, pero para el segundo día, al menos 38 mil capitalinos visitaron el Parque Batallón de San Patricio; 67 mil acudieron a Cuemanco y 94 mil fueron al Deportivo Los Galeana. Números como esos no se repitieron durante el resto de junio. Montón de basura en el Batallón de San Patricio, a pesar de que la AMPOFEC se comprometió a tener servicio de limpia. Foto: Gildardo Solís/Archivo EL UNIVERSAL.EL UNIVERSAL acudió al Deportivo Hermanos Galeana para ver el encuentro México vs. Bélgica del 3 de junio de 1986. Apenas había 15 mil asistentes y la mayoría eran estudiantes sin dinero para gastar, aunque el ánimo ahí fue excepcional, con “gritos, mariachis y aplausos” por la victoria de la Selección Mexicana de 2 a 1. Algunos guardias de seguridad consideraron que las pantallas gigantes eran “prácticamente ignoradas y un fracaso desde la inauguración del mundial; poca gente vino [en días pasados], pero hoy es diferente porque juega nuestra selección”. Lee también La derrota de México en el primer MundialLa alegría se vio de nuevo el 8 de junio con el México vs. Paraguay, con 40 mil aficionados que pasaron su domingo en el deportivo de San Juan de Aragón. De acuerdo con EL UNIVERSAL, el ambiente en Los Galeana era una mini versión del ánimo en el estadio, con banderas enormes ondeando y tapando la vista de algunos, vistosos sombreros de charro, matracas y cornetas. Grupo de estudiantes del Conalep de San Juan de Aragón que se escapó de sus clases para ir a un tianguis mundialista. Algunos pandilleros y jóvenes solían secuestrar camiones de la Ruta-100 para transportar aficionados a las pantallas gigantes. Foto: Gildardo Solís/Archivo EL UNIVERSAL.Los gritos y chiflidos se enardecieron apenas pasaba el minuto dos del partido, cuando el panameño Luis Flores anotó el primer tanto. “Entonces se inició una guerra de papel, en que botellas de plástico vacías, cartones, pedazos de naranjas, comida y otros desperdicios vuelan en todos los sentidos”, describió este diario. El partido terminó con un decepcionante empate 1 a 1, apagando el ánimo en el deportivo y ahogando el repicar de matracas. Saltamos al México vs. Bulgaria, partido de octavos de final del 15 de junio. Este diario visitó el Deportivo Los Galeana, donde se arrejuntaron 15 mil personas para ver en gigante el encuentro futbolístico. A diferencia de otros días, los ánimos estaban calientes en el “tianguis mundialista” y para cuando sonó el silbatazo final, se presentó una “batalla campal” entre los asistentes y por los aires volaron piedras, basura, zapatos y hasta ropa íntima. “Los asistentes ahí reunidos corrían por todos lados para protegerse y no ser blanco de un buen tirador de ropa íntima”, indicó esta casa editorial. Para la jornada del fatídico 22 de junio de 1986, día del quinto partido de la selección contra Alemania Federal, también hubo buena asistencia en las pantallas gigantes; EL UNIVERSAL se unió a 10 mil aficionados que acudieron a Cuemanco al mediodía del domingo. La alegría y expectativa de los primeros minutos se transformó en un tenso estrés que azoró al “tianguis mundialista” de Xochimilco, sobre todo cuando terminaron los 90 minutos reglamentarios y la ausencia de goles sentenció una tanda de penales. Transmisión del México vs. Paraguay en Deportivo Los Galeana, 8 de junio 1986. EL UNIVERSAL confirmó que en algunos reclusorios también podrían verse contados partidos del mundial, mientras no entorpecieran las labores de los prisioneros; además, algunos artículos realizados por reclusos estaban disponibles para su compra en los tianguis mundialistas. Foto: Julio Argumedo/Archivo EL UNIVERSAL.“El desplome de la esperanza fue tan súbito como el fluir de lágrimas en no pocas muchachas que presenciaron el famoso partido a través de los voluminosos transmisores electrónicos”, describió este diario. Miles de mexicanos se retorcieron en el Deportivo Los Galeana al ver cómo cuatro tiros alemanes alejaban a la selección nacional de las semifinales y del mundial. México fue eliminado y mientras los asistentes abandonaban el deportivo en silencio, algunos adolescentes “no estaban conformes con la pasividad; querían que, a pesar de todo, hubiera ruido. Y se propusieron hacerlo causando daños a las mesas de los restaurantes establecidos en el área; el afán escandalizador que atemorizó a muchas familias fue contenido por la abundante vigilancia”, concluyó EL UNIVERSAL. Si las mejores jornadas de los “estadios electrónicos” se vivían con los partidos de México, con su salida del mundial la asistencia fue casi nula. Lee también Cuando el Necaxa le ganó al Santos de “Pelé”Para la final entre Alemania vs. Argentina, que ahora recordamos como histórica, el ánimo en estos tianguis fue “indiferente”. En las tres pantallas gigantes del DF se aplaudió a cada gol, “pero los choques de palmas estaban lejos de ser tan efusivas como cuando ocurrieron los partidos de la selección nacional”, indicó este diario. Final del mundial México 86, con una asistencia media. Desde mediados de mayo, EL UNIVERSAL consideró que “el programa de pantallas podría resultar un fracaso, si en los días que restan para la magna inauguración de la Copa FIFA no se sensibiliza al público para que asista”. Foto: José Luis Rocha/Archivo EL UNIVERSAL.Ya hablamos del rechazo de vecinos a tener una megapantalla cerca de sus casas, de aficionados que no se dejaron impresionar por lo “gigante” ni por los exorbitantes precios de la vendimia y también de los bajos niveles de asistencia, pero todavía falta un problema más con los “tianguis mundialistas” de 1986. Resulta que 250 comerciantes, quienes pagaron su cuota para operar un “stand” en los “estadios electrónicos”, amenazaron con demandar ante la PROFECO a la AMPOFEC por “incumplimiento de contrato”. También infirieron un posible fraude por mil millones de pesos por parte de los organizadores. Su principal argumento fue la exagerada promesa de tener 100 mil asistentes diarios en cada “tianguis mundialista”, pronóstico que nunca se cumplió. Para el 3 de junio, apenas cuatro días después de iniciado el mundial, “la mayor parte de los pequeños comercios se encuentran a punto de quebrar”, indicó este diario. Lee también El mundial femenil que México olvidóTan sólo en el Parque Batallón de San Patricio, los números de asistencia eran deprimentes: apenas 5 mil visitantes en un buen día y muchos de ellos no compraban comida o recuerditos. Los comerciantes, que pagaron miles de pesos por su “stand”, consideraron esto un fraude, ya que su contrato garantizaba afluencia considerable. “Stands” dentro de los “tianguis mundialistas”. No sólo bastó cobrarles la cuota de renta, la AMPOFEC también cobró 58 mil pesos adicionales si se pasaban de los cuatro ayudantes permitidos. Foto: Gildardo Solís/Archivo EL UNIVERSAL.A fin de obtener un poco de ganancia, los comerciantes bajaron sus exorbitantes precios, aunque todavía hubo quejas de costos caros. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.A consecuencia de las escasas visitas, muchos negocios bajaron sus excesivos precios que podían garantizarles algo de ganancia y vendieron casi al costo. Otro asunto que se le recriminó a la organización fue la seguridad. Según los comerciantes, la AMPOFEC contrató agentes para cuidar los “stands” sólo durante el día, dejando las carpas desprotegidas por las noches. Como medida de emergencia, los vendedores contrataron su propia seguridad para el horario nocturno y su mejor opción fueron los mismos vecinos de la Gustavo A. Madero, la Álvaro Obregón o Xochimilco. Incluso eligieron a expandilleros para vigilar el tianguis, pues “la verdad no hay nadie mejor que estos muchachos para esta tarea”. Lee también Los álbumes de antaño y la emoción de intercambiar estampas No había agua o buenos sanitarios; no siempre tenían electricidad o recolección de basura. Los comerciantes acusaron a la AMPOFEC de no hacer buena divulgación de los tianguis y denunciaron la presencia de puestos ambulantes que se escondían entre los asistentes para vender o se colocaban fuera de las sedes, lo que representó una competencia desleal para quienes gastaron miles de pesos en su “stand”. Jóvenes que vigilaban los “tianguis mundialistas”. Los comerciantes contrataron a los famosos “Panchitos”, pandilla conocida por desmanes en el DF; grupos de cinco o seis “Panchitos” patrullaban la transmisión. Foto: Gildardo Solís/Archivo EL UNIVERSAL.Como respuesta a todas las acusaciones, la asociación culpó a los altos precios que los comerciantes pusieron a sus productos por las pésimas ventas y aseguró que las visitas eran bajas porque, para el 3 de junio, “la justa deportiva apenas comienza”; sólo había que ser pacientes. Pero, como ya dijimos, la asistencia sólo fue en picada. La principal cuartada de la AMPOFEC para evitar la demanda ante la PROFECO fue que en sus contratos nunca estipularon un número de visitantes ni un monto prometido de ventas. Aun así, muchos comerciantes exigieron la devolución de su cuota, algo que la asociación también se negó a hacer. El mundial terminó y todos tuvieron pérdidas. Ese fue el difícil episodio de las pantallas gigantes durante el mundial México 86. Sí, transmitieron de forma gratuita casi todos los partidos y dieron un sano esparcimiento para miles de mexicanos, pero tal parece que su pésima organización fue suficiente para borrarlas de nuestra memoria. Ojalá tenga mejores resultados el ahora conocido como FIFA Fan Fest (“tianguis mundialista” no suena tan internacional o elegante), que estará en el Zócalo Capitalino durante toda la justa futbolística para el mundial 2026. Tianguis en Cuemanco, 3 de junio 1986. Un asistente comentó que ver un encuentro en pantalla gigante era “como estar en casa viendo el partido, pero más agradable pues aquí se vive la fiesta”. Foto: Guillermo Granados/Archivo EL UNIVERSAL.Fuentes: Hemeroteca EL UNIVERSAL
Los “tianguis mundialistas” y sus megapantallas para el México 86
El mundial de hace 40 años no sólo se vivió en los estadios. Tres pantallas gigantes permitieron que miles de capitalinos disfrutaran de los partidos mundialistas, aunque su organización dejó mucho que desear














