OpiniónLa paciente puede pensar que la intervención cesárea es lo más conveniente, pero es al médico a quien corresponde juzgar si en verdad es favorable.26.05.2026 22:01 Actualizado: 26.05.2026 22:01 Este tema no es la primera vez que lo trato en mi columna. Ya antes lo había traído a colación, pues es un asunto que periódicamente adquiere actualidad. Hace poco (el 24 de marzo último), la Corte Constitucional le dio trascendencia al dictar la Sentencia T-058, la cual me ha inducido a ocuparme nuevamente de él, sobre todo por estar relacionada con la materia de mi especialidad médica: la ginecobstetricia.Dicha sentencia derivó del caso de una mujer que enfrentó obstáculos y presiones del personal médico para acceder a una cesárea, previamente solicitada. Para la Corte, las mujeres tienen derecho a decidir sobre su cuerpo, incluyendo el procedimiento del parto, sin importar el criterio médico. La voluntad de la paciente debe respetarse. Contrariarla es una forma de violencia de género y de trato indigno. El alto tribunal ordenó a las EPS e IPS involucradas presentar disculpas públicas y capacitar a su personal sobre derechos reproductivos y parto humanizado.Desprevenidamente, pareciera que la Corte tiene razón y que su sentencia es inobjetable. Pero, analizada a la luz de la ética médica, podrá verse que es susceptible de cuestionamiento. Hoy, cuando los derechos humanos tienen tanta preponderancia, la interpretación de la autonomía de la persona en el ejercicio médico suele suscitar conflictos éticos y legales. El “yo quiero que...” no puede ser para el médico una orden de obligado cumplimiento —como lo contempla la sentencia que comento—, sino que debe estar sustentado en razones lógicas. A este respecto dice Kant en sus Lecciones de ética: “Cada cual puede hacer con su cuerpo lo que le guste, pues es algo que a nadie le importa, pero íntimamente no es libre, sino que cada cual está ligado por los fines esenciales y necesarios de la humanidad”.Quien ostenta el título de ginecobstetra y ejerce con idoneidad debe tener en cuenta, en primer término, la vía natural y solo hacer uso de la cesárea en circunstancias juiciosamente indicadas.En los cánones obstétricos la práctica de la operación cesárea tiene sus indicaciones plenamente justificadas. El simple querer o capricho de la parturienta no es una de ellas. El constreñimiento legal en estos casos se constituye en una coacción externa sobre la conciencia o autonomía del médico, lo cual conduce a un conflicto de carácter ético-médico. Para el profesional, ¿cuál va a ser el principio prima facie, es decir, aquel que lo obliga éticamente?: ¿el que le dicte su conciencia (moral subjetiva), o el que le ordene la ley (moral objetiva)? Recuérdese que no siempre todo lo legal es moral, ni todo lo moral es legal. La paciente puede pensar que la intervención cesárea es lo más conveniente para ella y para su hijo, pero es al médico a quien corresponde juzgar si en verdad es favorable, o si, por el contrario, es más conveniente el parto vaginal. Muchas embarazadas, haciendo uso equivocado de su autonomía, solicitan que sean operadas porque desconocen los riesgos a que se exponen.La Naturaleza, en sus sabios designios, determinó que el nacimiento de las especies animales ocurriera a través del tracto genital. Todo lo dispuso para que así fuera. Por eso el nacimiento por vía transabdominal ha sido considerado un “parto contra natura”. Quien ostenta el título de ginecobstetra y ejerce con idoneidad —técnica y ética— debe tener en cuenta, en primer término, la vía natural y solo hacer uso de la cesárea en circunstancias juiciosamente indicadas.En alguna ocasión el profesor inglés Philip R. Myerscough expresaba: “Tengo miedo de que en la actualidad, más que en ninguna ocasión anterior, exista el peligro de considerar el parto abdominal como el método legítimo para enfrentar y solucionar cada una de las anomalías obstétricas”. El temor expresado décadas atrás por Myerscough es hoy una realidad, aupada por disposiciones de las autoridades judiciales, como la sentencia que comento.Dicha disposición de la Corte dará pábulo a los obstetras facilistas para practicar la intervención cesárea. Llamo “facilistas” a aquellos que por falta de paciencia o de idoneidad técnica encuentran en el parto abdominal el mejor recurso para sortear cualquier dificultad. Son los que carecen de las tres virtudes que deben poseer los obstetras de confiar, y que preconizaban los grandes maestros de antaño: ciencia, conciencia y paciencia. Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. Mantente informado con lo que realmente te importa.EL TIEMPO GOOGLE NEWSSíguenos en GOOGLE NEWS. Mantente siempre actualizado con las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en Google News.EL TIEMPO WHATSAPPÚnete al canal de El Tiempo en WhatsApp para estar al día con las noticias más relevantes al momento.EL TIEMPO APPMantente informado con la app de EL TIEMPO. Recibe las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en tu dispositivo.SUSCRÍBETE AL DIGITALInformación confiable para ti. Suscríbete a EL TIEMPO y consulta de forma ilimitada nuestros contenidos periodísticos.
El ejercicio médico judicializado
La paciente puede pensar que la intervención cesárea es lo más conveniente, pero es al médico a quien corresponde juzgar si en verdad es favorable.














