>LA NACION>Comunidad26 de mayo de 202617:569 minutos de lectura'A las cinco de la mañana, Elías sale de su casa en las afueras de Pilar rumbo a Palermo. Viaja casi dos horas para llegar al edificio donde se ocupa del mantenimiento. Tiene 21 años, terminó la secundaria en 2023 y cursa el CBC de Medicina en la UBA. El año pasado había dejado la carrera porque necesitaba trabajar, pero este año consiguió el empleo actual, en blanco, lo que le permite manejar mejor sus horarios y retomar la universidad. “Cueste el tiempo que cueste, yo sé que voy a llegar a ser médico”, dice seguro y sereno. Su madre, empleada en casas particulares, lo crio sola y él quiere recompensar ese sacrificio. La historia de Elías es la de la mayoría de los alumnos del Instituto María Madre Nuestra, en Manuel Alberti, partido de Pilar. Es que la institución tiene una tasa promedio de egreso en tiempo y forma, es decir a la edad y con los conocimientos esperados, del 75%. Mientras que entre quienes terminan el secundario, el 75% sigue una carrera terciaria o universitaria y el 80% consigue un empleo formal, según relevamientos propios.Esas estadísticas marcan un círculo virtuoso de progreso social poco frecuente en barrios con tantas carencias y vulnerabilidad. Para tener una referencia, a nivel nacional solo el 10% logra llegar al final del secundario en tiempo y forma, de acuerdo al último informe, de 2024, de Argentinos por la Educación. Mientras que, también a nivel país, solo dos de cada 10 jóvenes del decil más bajo cursan estudios superiores. Y solo tres de cada 100 jóvenes que viven en hogares muy pobres acceden a un trabajo registrado.“Siento que lo más importante que me dio la escuela son los valores y el acompañamiento de los profesores”, dice Elías. Y agrega: “La forma de vincularse, la comunicación y el respeto que nos transmitían fueron de las cosas que más me quedaron y me inspiraron a seguir estudiando”. La escuela tiene alrededor de 2.000 alumnos, entre nivel inicial, primario, secundario y terciario. En 2025 hizo un convenio con la Universidad Austral y sumó a su oferta académica la Diplomatura en Cuidados de Adultos Mayores, una carrera corta, de un año, con rápida salida laboral que Elías también aprovecha para sumar ingresos que le permitan seguir estudiando.En promedio, el 75% de los adolescentes termina el secundario en tiempo y formaSantiago FilipuzziFranco Ricoveri, docente y director de la escuela desde hace ocho años, explica que otra de las razones de esta alta tasa de terminalidad, además del acompañamiento personalizado, es el espíritu comunitario que hay en la escuela. “Manuel Alberti no es el conurbano bonaerense. Es, más bien, una zona rural que se rige con valores de comunidad pequeña y la gente respeta mucho al colegio”, explica. Ricoveri venía de dirigir colegios pequeños en la zona norte del Gran Buenos Aires y aquí se encontró una realidad de 2.000 hogares con muchas carencias. “Lo más fuerte es la ausencia de familias completas. Familias lastimadas, divididas, abuelos a cargo de los chicos, padres que tienen que trabajar todo el día”, explica el director de la escuela y resalta que la riqueza de esta experiencia es poder ayudar a esas familias en forma integral. “Es un pueblo que nació alrededor de este colegio”, aclara.Hace unas semanas y en línea con el desafío que representa sostener la educación en los hogares vulnerables, Argentinos por la Educación armó un informe en exclusiva para LA NACION en el que da cuenta que la mayoría de las faltas que tienen los adolescentes de nivel socioeconómico bajo están relacionadas con la necesidad de cuidar a sus hermanos o trabajar o las dificultades para llegar hasta la escuela.Mientras que según revela un estudio reciente del Centro de Investigación y Acción Social (CIAS) y Fundar, una organización orientada al análisis y diseño de políticas públicas, el 42%, es decir casi la mitad de los jóvenes de entre 19 y 24 años que viven en villas y asentamientos del AMBA, abandonaron la escuela. La necesidad de trabajar aparece como la principal causa de abandono.