EntrevistaLa candidata habla de la recta final de la campaña. Pide evitar caer en extremos. Dice que Petro es jefe de debate de Cepeda.25.05.2026 23:01 Actualizado: 26.05.2026 07:07
Claudia López llega al sitio fijado para hacer esta entrevista cinco minutos antes de la hora de nuestra cita, perfectamente bien puesta y sin un solo rastro de la larga y exigente campaña que ha tenido que encarar.Hace un año, muchos la veían como una de las opciones firmes para llegar a la Casa de Nariño, con esa combinación de iniciativas de seguridad, orden y justicia social que recogen sus propuestas y que tanto necesita el país en este momento.Con el paso de los meses, la polarización se fue imponiendo y ella fue cayendo en las encuestas, al punto de que los analistas hacen cuentas sobre sus números y los de Sergio Fajardo, los dos representantes del centro político, como la cuota adicional que puede representar el triunfo definitivo, pero no de ellos, sino de alguno de los otros candidatos.Pero Claudia no está haciendo esa clase de cuentas. Tras un breve saludo, da media vuelta y se mete en sí misma mientras acaban de instalar las cámaras y los micrófonos, y camina de un lado a otro con paso firme y la espalda muy recta, mientras chatea frenéticamente en su teléfono con el ímpetu que tendría alguien que estuviera a punto de ganar la presidencia de la República. Sus ojos parecen estar puestos en su futuro y el de su proyecto político, que sigue empujando con un talante firme pero sereno, con la autocrítica suficiente para identificar los errores que pudo haber cometido en esta campaña y con la profunda convicción de quien cree que más temprano que tarde le llegará el turno a su presidencia. Claudia López Foto:Milton Díaz¿Cómo se siente cuando faltan pocos días para la primera vuelta de las elecciones y los resultados de las encuestas no le favorecen?El sentimiento que tengo en este momento es de gratitud. Estoy muy contenta y muy agradecida con la gente que nos ha apoyado, que nos ha acompañado, que nos anima en la calle. La gente sabe lo que se está jugando, sabe que la cosa está difícil, que nos esperan cuatro años complejos, pero sabe también que esta no es hora de rendirse ni de entregarse. Las encuestas están mostrando lo que era obvio: que la derecha tomó una decisión y escogió al defensor de la mafia, y que todo el esfuerzo por disfrazar al uribismo de centro fracasó. El electorado de derecha no es tonto. Sabe perfectamente quién representa mejor sus intereses, sus prioridades y sus valores. Tenemos que entender que cada voto que se le regale a Paloma va a terminar endosado al defensor de la mafia. Y eso no es lo que quiere la gente que trabaja, que madruga. Nosotros vamos a seguir defendiendo esta democracia pase lo que pase. Claudia va a haber para rato, yo no me amilano nunca. Lo que tenemos que hacer es defender nuestro espacio, lo que representamos, porque la pelea es peleando.Parecería que la suerte está echada y que las encuestas ya anticipan una segunda vuelta entre Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella.Eso solo se sabe cuando se cuentan los votos. Las encuestas no predicen el resultado, pero sí muestran tendencias, y aquí había una pelea evidente entre Paloma y Abelardo. Yo creo que esa pelea claramente la está ganando el defensor de la mafia, porque el votante de derecha prefiere un hombre elitista, excluyente y machista. Sergio y yo seguimos ahí, dando la pelea, representando con coraje y valentía una alternativa distinta. Claro que hay tiempo y oportunidad de escoger diferente. En primera vuelta se va a escoger cómo quedan representadas las diferentes corrientes de esta democracia. La democracia sigue al día siguiente de las elecciones. Va a seguir con alguien en el Gobierno, alguien en la oposición y alguien independiente. Y lo que no se cuenta no existe, y lo que no existe no se respeta. Nosotros nos vamos a hacer contar, vamos a hacer respetar nuestra voz, nuestra representación y nuestras ideas. Además, aquí se está jugando algo más profundo: qué tipo de oposición y qué tipo de representación democrática va a existir en Colombia en los próximos años. Porque gane quien gane, este país va a necesitar voces sensatas, independientes y capaces de defender las instituciones sin caer ni en fanatismos ni en odios.Claudia López habla de su propuesta para articular la Nación y las regiones. Foto:Sergio Acero YateSegún varios estudios de cultura política, cerca del 45 por ciento de los colombianos se consideran de centro, pero eso no se refleja en las encuestas de intención de voto para usted o Sergio Fajardo. ¿Qué pasó con ese sentimiento de centro?Yo no creo que el centro haya desaparecido. Lo que ha habido es una rapiña por esa mayoría. El uribismo hizo una estrategia para disfrazarse de centro y poner a Oviedo como disfraz, y no le funcionó porque, insisto, los votantes de derecha saben perfectamente quién representa su visión conservadora, elitista, clasista y machista. También hubo errores nuestros. Yo le propuse a Sergio una consulta amplia porque era evidente que si íbamos varias opciones, la cosa iba a ser mucho más difusa y difícil. Pero así se dieron las cosas y eso ya no lo podemos cambiar. Lo que sí podemos hacer es entender que nuestra voz tiene que quedar bien representada, porque la democracia va a seguir. A uno lo eligen para gobernar o para hacerle control al gobierno que quede, y tenemos que tener capacidad para cualquiera de las dos cosas.Pero la fuerza de las encuestas parece haber dejado solo una de esas opciones sobre la mesa...Yo no creo que sea la fuerza de las encuestas; yo creo que es la fuerza del billete. La máquina, tanto del Gobierno, usando recursos públicos, clientelismo y toda clase de medios para intervenir políticamente, como la otra maquinaria, la que defiende a la mafia. Petro se volvió el jefe de campaña de Iván Cepeda. Ya ni se acuerda la gente de quién es el candidato porque el candidato realmente es Petro. Y al otro lado, defender a la mafia también es rentable. Hay inteligencia artificial, bodegas, fake news, campañas de miedo. Es la primera campaña en Colombia donde vemos ese nivel de manipulación tecnológica y emocional. Pero también creo que hay incertidumbre. Y esa incertidumbre es precisamente la que le da valor y poder a la cédula de cada ciudadano. Por algo tenemos dos vueltas. En primera vuelta, uno tiene que escoger la opción que realmente lo representa; la segunda es para escoger presidente entre las dos primeras opciones. Pero sí creo que ha habido una maquinaria enorme de miedo y de plata tratando de instalar un falso dilema. Y eso es muy peligroso para la democracia porque la gente termina votando asustada y no representada. Aquí parecería que todo el mundo quisiera convencer a los colombianos de que solo existen dos opciones posibles: el petrismo o el uribismo. Y yo, sinceramente, creo que Colombia merece algo mejor y más sofisticado políticamente que esa falsa dicotomía permanente.Leonardo Huerta y Claudia López Foto:MILTON DÍAZ. EL TIEMPOUna interpretación sobre el debilitamiento del centro es que no tiene una narrativa que emocione tanto a los votantes como la de los extremos. ¿Qué puede definir al centro de aquí en adelante?Definirse solo por oposición a otros es no existir. Ese ha sido un error. Yo no quiero que la gente piense que nuestro único papel es evitar extremos. Yo quiero que la gente entienda quién soy y qué represento. Yo soy una mujer de centro progresista. Creo en las reformas sociales, vengo de abajo, sé que el principal problema de Colombia es la desigualdad y que, mientras tengamos pobreza y exclusión, va a existir un populista de izquierda o de derecha explotando ese resentimiento. Pero también creo que no tenemos que escoger entre derechos y seguridad. No tenemos que escoger entre educación, salud y seguridad. La seguridad no es un valor de derecha: es un derecho fundamental. Por eso propongo una fiscalía antimafia y fortalecer la Fuerza Pública para tener seguridad sin ‘falsos positivos’, pero seguridad real. Que a las mujeres no las sigan matando como las están matando. Buscando a Yulixa Toloza, las autoridades encontraron otras cuatro mujeres asesinadas. ¿Cómo es posible semejante nivel de violencia e impunidad? También creo profundamente en el trabajo privado. El drama de muchos municipios es que no tienen sector privado, no tienen empresarios, no tienen oportunidades. Entonces, la gente termina esclavizada al clientelismo político. Por eso propongo bajar impuestos a pequeños y medianos empresarios. Necesitamos empleo privado para que la gente no dependa de un político. Nosotros representamos un centro progresista, sin corrupción, que cree en justicia social, seguridad legítima y trabajo privado serio.¿Y qué encuentra cuando hace un ejercicio de autocrítica sobre esta campaña?Nos faltó identidad más clara, mejor organización y más capacidad de convergencia. Los otros podrán tener plataformas peores, pero están organizados. Nosotros no logramos hacer suficientemente bien esas tres cosas y eso nos pasó factura. Y además, hay una discusión cultural muy profunda. Durante años, en Colombia se instaló la idea de que ser moderado era ser tibio y que insultar era autenticidad. Yo no creo eso. Yo creo que se puede ser firme sin ser fanático. Se puede tener carácter sin destruir al que piensa distinto.¿No estamos siendo parte de una tendencia global de populismo autoritario?Claro. Esto no es solo colombiano. Es una ola mundial y tampoco va a durar para siempre. Cada virus crea sus anticuerpos. Nosotros somos los anticuerpos de la inclusión, de la esperanza, del coraje y de la valentía. Además, Colombia ya pasó por noches muchísimo más oscuras. Hemos estado con Pablo Escobar, poniéndonos bombas, y no nos amilanamos. Hemos estado con las Farc, tomándose municipios, y no nos amilanamos. Hemos estado cuando el paramilitarismo y el narcotráfico se tomaron parte del Estado y tampoco nos amilanamos. La pelea es peleando. Yo creo que Colombia tiene una enorme capacidad de resiliencia democrática. Este país ha sobrevivido a cosas espantosas. A veces uno siente que se nos olvida de dónde venimos, de una historia de violencia brutal, de asesinatos políticos, de narcotráfico, de secuestros masivos, de carros bomba. Y aun así seguimos aquí, tratando de construir democracia.Usted ha dicho que los cuatro años que vienen van a ser muy difíciles, gane quien gane...Colombia hoy es una olla a presión, independientemente de quién gane. Tenemos una crisis económica enorme. El Gobierno hoy es como una casa con las ventanas rotas, llena de ratas y cucarachas, administrada por alguien que gasta como si no hubiera mañana. Tenemos una crisis de seguridad. No estamos en el peor momento de nuestra historia, pero cualquier retroceso nos eriza porque venimos de sesenta años de violencia y nos ha costado muchísimo mejorar. Tenemos una crisis energética. Hay millones de colombianos pagando facturas absurdas de energía mientras viven a cuarenta grados de temperatura. Tenemos que estabilizar la economía, bajar los costos de energía, mejorar la seguridad y sacar gente de la pobreza. Eso requiere un movimiento político que siga trabajando desde donde esté: gobernando o haciendo oposición constructiva. Yo tengo 56 años y llevo 40 luchando por la democracia colombiana. Hemos enfrentado momentos muchísimo peores, y este también lo vamos a superar. Pero necesitamos seriedad y no gente obsesionada con encarcelar a Petro o encarcelar a Uribe. Ninguna de esas obsesiones resuelve los problemas reales del país. La gente necesita dirigentes con los pies en la tierra. Aquí hay que tener alegría y coraje, sí, pero también sobriedad. Hay que trabajar. Yo no voy a infundir miedo a la gente. Vamos con esperanza, con valentía y con disciplina porque Colombia también tiene muchísimas razones para seguir luchando. Uno no puede gobernar solamente administrando rabia. Hay que reconstruir confianza institucional y eso toma tiempo, seriedad y coherencia.Hace un año, parecía que el Partido Verde, por un lado, y las llamadas “chicas superpoderosas”, Cathy Juvinao, Katherine Miranda y Jennifer Pedraza, eran políticamente invencibles. Hoy esa imagen se desvaneció. ¿Qué pasó?Al ‘verde’ se lo robó la corrupción del petrismo, y eso fue una calamidad para este ciclo electoral. Ahí habíamos invertido diez años de trabajo y organización. La habíamos construido en todo el país y cuando más la necesitábamos para una campaña nacional, nos la quitaron. ¿Y entonces qué hacemos? ¿Nos sentamos a llorar? No, salimos a reconstruir. Así es la vida. A uno lo roban y vuelve a trabajar. A nosotros nos robaron una organización política construida durante una década y ahora nos toca volver a levantarla. También hay un fenómeno más amplio. El sistema político colombiano está cambiando. Primero, rompimos el viejo bipartidismo cerrado y excluyente. Después, vino una fragmentación enorme con muchos movimientos independientes, y esa etapa también se está terminando. Colombia se está reorganizando ideológicamente. Va a haber una derecha extrema tipo Trump o Vox; una centroderecha que no tiene un liderazgo claro; una centroizquierda socialdemócrata, donde estamos nosotros; y una izquierda. Y eso, aunque genera tensiones, no necesariamente es malo para la democracia.Claudia López en entrevista con EL TIEMPO. Foto:Fernando ArizaUsted habla de una reorganización ideológica más estructural…Estamos viviendo varias capas de transformación al mismo tiempo. Además de la ideológica, estamos viviendo una transformación tecnológica gigantesca. Cada vez que aparece una tecnología capaz de transformar la comunicación masiva, cambia también la política. Pasó con el periódico, pasó con la radio, pasó con la televisión y ahora pasa con las redes sociales y la inteligencia artificial. Todo eso está mezclado con el populismo autoritario global y con nuestros propios problemas nacionales: desigualdad, violencia, falta de institucionalidad. Pero precisamente por eso hace falta organización, y nos la quitaron en el peor momento. La identidad de independientes también se agotó. Ahora necesitamos proyectos más organizados, más colectivos y más claros ideológicamente. Y además, hubo otro problema: no logramos converger adecuadamente. Yo insistí en una consulta porque era evidente que teníamos que reorganizar políticamente a quienes no creemos en los extremos del populismo autoritario. No lo logramos y eso nos debilitó muchísimo.Sergio Fajardo ha dicho que esta es su última campaña. ¿Qué significa eso para usted y para el futuro de este sector político?Yo voy a seguir aquí. Esta es mi primera campaña presidencial y no me voy a pensionar en ella. Con Sergio tuvimos diferencias sobre el mecanismo de convergencia, pero también tuvimos acuerdos importantes. Nunca convertimos esta campaña en una pelea entre nosotros. Competimos con respeto y afecto porque entendemos que, después de esta campaña, tendremos que seguir construyendo juntos. Y eso sí va a pasar. Porque, más allá de diferencias tácticas, tenemos un propósito compartido. Además, Colombia necesita una fuerza democrática capaz de hablarle tanto a quienes quieren reformas sociales profundas como a quienes tienen miedo de perder estabilidad institucional. Alguien tiene que construir ese puente.Usted ha mencionado varias veces al presidente Petro como responsable de esa rapiña sobre el centro, pero también se acercó políticamente a él en ciertos momentos. ¿Cómo ve hoy a Gustavo Petro?Gustavo Petro es un líder político muy audaz, igual que Uribe. Ambos organizaron sectores ideológicos que antes estaban dispersos. Yo nunca he sido petrista. A mí me invitaron desde joven a entrar a partidos de izquierda y nunca acepté porque no creía en la combinación de formas de lucha. Nunca creí en tener una cédula en una mano y un fusil en la otra. Pero también tengo mucha solidaridad con la gente de izquierda que fue asesinada de manera miserable. A mí me tocó ver cómo desaparecieron a la Unión Patriótica. Vi compañeros de universidad que un día no volvieron al salón porque los mataron. Por eso voté por Petro en segunda vuelta. Porque en segunda vuelta uno tiene que escoger. Y porque yo sí creo que la izquierda tenía derecho a existir plenamente en democracia y no a ser exterminada. Igual que creo que la derecha no podía ser secuestrada o exterminada por las Farc. Ningún sector político puede ser eliminado violentamente. Y ahora creo que es el turno de construir un liderazgo progresista, democrático, institucional, no caudillista, que defienda la justicia social, la seguridad legítima, el trabajo libre y el Estado de derecho.No sé si es consciente: a usted se le transforma el rostro cuando habla de esos años de violencia...Porque yo viví eso, no es una pose. Soy hija de una maestra, estudié en universidad pública y vi el genocidio de la Unión Patriótica. Entre los 16 y los 30 años fui a demasiados velorios. Cuando fui a votar por primera vez, ya habían asesinado a Luis Carlos Galán, a Carlos Pizarro y a Bernardo Jaramillo. Yo le preguntaba a mi mamá: “¿De qué sirve esta cédula si otros deciden a bala quién puede vivir y quién no?” Y mi mamá me respondió algo que nunca olvidé: “Eso es lo único que tenemos. Hay que lucharla”. Y sí, nos costó cuarenta años domesticar toda esa violencia. Domesticar a las élites para que aceptaran abrir el sistema político. Domesticar a las guerrillas para que dejaran las armas. Domesticar a sectores de derecha que convivieron con el paramilitarismo. Pero hoy Colombia está muchísimo mejor que a finales de los ochenta. Hoy tenemos más democracia, más representación y más diversidad política. Cuando a mí me entregaron la cédula, el presidente nombraba alcaldes a dedo. Ningún presidente de esa época habría nombrado una Claudia López alcaldesa de Bogotá. Y mire hoy el Congreso: hay más mujeres, más afros, ambientalistas, animalistas y voces distintas. Hay más polarización, sí, pero también más democratización. Si uno cree en la democracia, no puede tenerle miedo a la democratización.Hablemos de seguridad. Usted sostiene que el conflicto político terminó. ¿Qué hay hoy, entonces?Lo que hay es crimen organizado transnacional. Y lo primero es entender que eso no se combate solo con fuerza. Se combate con desarrollo regional sin corrupción. El narcotráfico le ofrece al campesino asistencia técnica, crédito y compra garantizada. El campesino que quiere sembrar cacao, café o frutas necesita exactamente eso mismo. Segundo, necesitamos una política antimafia moderna. Italia enfrentó la Camorra creando fiscalías especializadas, inteligencia financiera y mecanismos de sometimiento judicial. Colombia lleva diez años en mora de crear esa institucionalidad. Y tercero, necesitamos fortalecer la seguridad ciudadana. Violencia intrafamiliar, atracos, riñas, homicidios urbanos, requieren otra estrategia. Por eso propongo un Ministerio de Justicia y Seguridad Ciudadana, policías metropolitanas fuertes y separación total entre cárceles comunes y cárceles de mafiosos. Todos los estudios muestran que mezclar esas poblaciones termina fortaleciendo la corrupción y el poder mafioso. También necesitamos fortalecer las comisarías de familia, crear oportunidades educativas y laborales para los jóvenes y reconstruir un sistema de salud que garantice derechos y no simplemente rentabilidad.¿Cómo se imagina un gobierno de Abelardo de la Espriella y uno de Iván Cepeda?Por razones distintas, ambos serían muy inconvenientes para Colombia. El de Abelardo sería una derecha trumpista, fascistoide, machista y antiderechos. Una política basada en odio, privilegios y confrontación. Y el de Iván me genera enorme incertidumbre porque nunca ha administrado nada. No tiene experiencia ejecutiva ni una política clara de seguridad. Lo único que propone es seguir con la ‘paz total’ y continuar negociando indefinidamente. Pero nadie en Colombia se ha desmovilizado porque se le haya conmovido el corazón. Las Farc se desmovilizaron cuando fueron confrontadas y rechazadas socialmente. Los paramilitares empezaron a desmontarse cuando terminaron cuestionados y muchos de sus aliados terminaron en la cárcel. Iván no tiene una política clara de seguridad ni de desarrollo económico. Y uno no puede gobernar Colombia solo con subsidios y deuda pública. MAURICIO REINA Especial para EL TIEMPO Sigue toda la información de Política en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.











