[Atención: esta nota revela datos relevantes de la serie]Durante los momentos finales del episodio siete de la tercera temporada de Euphoria, la serie pone a prueba los límites del espectador. El personaje de Nate Jacobs, interpretado por Jacob Elordi, atraviesa un calvario que incluye “tener un dedo y un dedo del pie cortados, ser enterrado vivo y luego retorcerse dentro de su ataúd con una serpiente de cascabel venenosa”.PUBLICIDADSegún detalla un reportaje de la revista Esquire, el objetivo era provocar “extremo malestar”, tal como lo expresa Sam Levinson, quien reconoce: “Sé lo que la audiencia quiere en términos de justicia o karma y, con eso en mente, siempre pienso: ‘¿Cómo puedo darles lo que quieren, pero hacerlo tan horrible y generador de ansiedad que, cuando suceda, la audiencia no esté tan segura de haberlo deseado?’”.Según describe la publicación, el desenlace es un cierre en el que “la audiencia no está tan segura de haber querido lo que pidió”. La escena final muestra a Nate forcejeando dentro del ataúd mientras la serpiente se desliza por su tráquea, utilizando serpientes de cascabel reales y una réplica no venenosa para las tomas en primer plano. Levinson revela, con cierta picardía: “Esas son todas serpientes de cascabel reales”.PUBLICIDADLa temporada 3 de Euphoria explora temas como la fe, la espiritualidad y la importancia de la familia en la sociedad estadounidense contemporánea (Captura de video: YouTube/HBO)El resultado es una imagen de Nate exhumado, con el rostro hinchado y desfigurado por el veneno, mientras Cassie grita desesperada. Esta secuencia, que comienza como un enfrentamiento nocturno con tintes de western, termina sumergiéndose en el horror absoluto, “impulsando a Euphoria fuera del género del oeste y hacia el reino del horror puro”.Levinson revela que “sabía desde el principio que Nate estaba terminado esta temporada”, y después de todo el sufrimiento provocado por el personaje, “no había duda de que tendría un mal final”. Para el creador, la relación con el público se sostiene en una tensión constante: “Esa sensación de complicidad con la audiencia siempre es una nota interesante para tocar dentro de esta estructura más amplia. Terminas pensando: ‘Dios, no lo sé. ¿Debería haberlo tenido mejor? ¿Lo merecía?’”.PUBLICIDADEl propio Levinson reconoce el juego entre expectativa y realidad: “Es como, ‘¿Querías que recibiera su merecido…? De acuerdo’”, y añade, entre risas, que lo más atractivo es plantear preguntas morales al público: “Esas preguntas siempre son emocionantes de plantear a la audiencia”.La secuencia final del episodio sumerge a Euphoria en el horror absoluto, fusionando elementos del western y el cine de terror (REUTERS/Mario Anzuoni)El desarrollo de la temporada se realiza en colaboración estrecha con Julio C. Perez IV, descrito como el “arma secreta” de Levinson. Perez, identificado por su camiseta de Mastodon y su gusto por el metal, explica: “Siempre me ha interesado lo que está en los márgenes de lo convencional… algo con vitalidad real, que escupe fuego, con un espíritu salvaje”.PUBLICIDADLevinson y Perez trabajan juntos desde hace más de ocho años. “Nos conocimos en un recorte de Assassination Nation, que fue una película que hice en 2018. Simplemente nos llevamos muy bien y trabajamos muy bien juntos”, recuerda Levinson. Perez coincide: “Sam y yo tuvimos una relación inmediata. De inmediato, era obvio que teníamos una base similar de amor por las películas”.En esta temporada 3, la serie aborda la fe y la espiritualidad como ejes temáticos. Ashley Levinson señala: “Yo diría que es una temporada muy religiosa, lo cual parece lo más radical que podrías hacer en 2026”. Sam Levinson añade que, al tener una audiencia cautiva, optó por “contar una historia sobre Dios, la familia y América y la importancia de creer en algo más grande que uno mismo”. Para él, esto representa “el antídoto contra el narcisismo de las redes sociales y la tecnología”.PUBLICIDADLa tercera temporada de Euphoria se posiciona como una crítica al narcisismo digital, proponiendo la fe y las creencias como antídoto a los excesos tecnológicos (REUTERS/Gonzalo Fuentes)La narrativa también se detiene en la humanidad de los personajes, incluso de los más oscuros. Sobre Nate, Levinson recuerda que “a lo largo de esta temporada, se ensuciaron las aguas morales mostrando destellos de su humanidad”. Sin embargo, advierte que todo era una preparación para el sufrimiento final del personaje.En la elaboración de la temporada, Levinson confiesa que revisó clásicos del western: “Empecé a jugar con la idea de cómo sería un western moderno hoy”, cita títulos y directores como Sergio Leone, Howard Hawks, John Ford y Don Siegel, y se pregunta “¿Cómo puedo inyectar algunos de esos temas e ideas en esto sobre individuos, ambición, anarquía?”. La escena final, que comienza como un “enfrentamiento nocturno” propio del western, termina, según el texto, “llevando a Euphoria fuera del género del oeste y hacia el reino del horror absoluto”.PUBLICIDADLevinson remata el efecto con detalles técnicos: “Esas son todas serpientes de cascabel reales”, y al referirse a la edición de sonido, comenta sobre una escena en la que “el personaje de Colman Domingo inhala de una pipa de crack”: “Esto suena como una pipa de agua porque suena como si hubiera agua. Creo que tenemos que quitarlo. Tiene que ser solo fuego puro”. Así, la fusión de géneros y el trabajo minucioso en cada detalle logran que la tensión permanezca latente hasta el último minuto.
Euphoria y el episodio que dejó huella: Sam Levinson habló sobre el destino de Nate
El creador de la serie reveló cómo diseñó una experiencia que desafía al espectador y replantea la noción de justicia en pantalla












