¡Buen día, estimado lector! Dentro de 15 días sonará el pitazo inicial del Mundial de Fútbol y el planeta entero, como cada cuatro años, volverá a estar pendiente de la pelota y sus protagonistas. Esta Copa del Mundo, la vigesimotercera de la historia, tiene dos novedades respecto a las anteriores: por primera vez la jugarán 48 selecciones y por primera vez también será organizada por tres países. La única ocasión en que más de un país fue sede ocurrió en el 2002, cuando Japón y Corea del Sur fueron los anfitriones.Pero hay muchas otras circunstancias que -reconociendo que cada torneo de estos lleva consigo una carga extradeportiva más o menos pesada- hacen de este Mundial 2026 un certamen lleno de inquietudes y riesgos en la víspera. Uno evidente es la tirantez política y económica entre el gobierno de Estados Unidos -el país que alberga la mayor cantidad de partidos- y los de México y Canadá, sus socios en esta aventura.Atizado por el estilo confrontacional de Donald Trump, las políticas aduaneras de EE.UU. con sus vecinos del norte y del sur han crispado las relaciones en estos meses previos. A Canadá ha amenazado, además, con convertirla en el estado 51 y no ha escatimado críticas a su primer ministro, Mark Carney. En cuanto a México, el presidente estadounidense no pierde ocasión de advertir que si Claudia Sheinbaum “no se aplica en la lucha contra el narcotráfico”, Washington ordenará a las fuerzas estadounidenses combatir a los cárteles de la droga en el mismísimo territorio mexicano.Otro aspecto insoslayable es el conflicto entre Estados Unidos e Israel versus Irán, aún pendiente de resolución más allá de la tregua pactada hace semanas. La presencia de la selección persa en el torneo añade un morbo indeseado para una cita deportiva. Aquel mensaje contradictorio lanzado por Trump en marzo, de que el equipo iraní era bienvenido, pero aconsejando al mismo tiempo que no participara “por su propia vida y seguridad” puso en riesgo la participación de Irán. Se acaba de confirmar que el cuadro asiático cambió su sede de concentración a México y que solo viajará a EE.UU. los días que le toque jugar allí.La férrea política antimigratoria del gobierno republicano, que en su momento polarizó el debate político en el gigante del norte, también ha desatado interrogantes sobre la afluencia de espectadores y aficionados, con la actuación del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) -en varias ocasiones exagerando en sus métodos- como telón de fondo. Además, Washington anunció la congelación de visas a ciudadanos de 75 países como parte de la lucha contra la inmigración ilegal, y entre las naciones afectadas figuran Haití, Irán, Senegal y Costa de Marfil, que jugarán el campeonato.Unas líneas también para la situación de inseguridad y violencia en algunas porciones del territorio mexicano, más allá de los esfuerzos del gobierno de Sheinbaum por asegurar el normal de desarrollo del certamen; para el brote de ébola en República Democrática del Congo (cuya selección también va al Mundial), por lo que EE.UU. ha exigido que sus jugadores se aíslen por 21 días antes de viajar; y sobre la amistad turbadora entre Trump y el mandamás de la FIFA, Gianni Infantino, que ya se tradujo en un insólito Premio de la Paz entregado hace unos meses. Habrá que ver lo que sigue. ¡Hasta el martes que viene!