Àngels Barceló se despide de la SER tras 21 años en la emisora; los últimos ocho al frente de Hoy por hoy, el gran buque insignia de la cadena. La noticia causó gran impacto a lo ancho y largo del tablero por varios motivos diferentes, desde su interpretación en clave político-mediática hasta un duelo del oyente que se sintió mucho más personal. Algo comprensible si se tiene en cuenta que, a todas luces, se trata del fin de una era. Un punto y seguido en la rutina diaria de muchas personas.PublicidadLa radio es un medio especial, que ha logrado sobrevivir a revoluciones tecnológicas gracias a la increíble capacidad de penetración que posee en la audiencia. Un estudio de Radio Notas cuantifica que el puntaje de impacto emocional de la radio supera al de la televisión en un 12%, algo que, incluso, se ve potenciado en los programas matinales. Sus particulares características, la de una voz que acompaña al oyente, en muchas ocasiones durante un gran periodo de tiempo mientras realiza otras tareas, genera una sensación de compañía única, que prácticamente ningún otro medio tradicional que requiere de una atención plena puede replicar.Qué es una relación parasocialEntramos en el terreno de las relaciones parasociales, un concepto quizá muy ligado a las nuevas tecnologías pero que, en realidad, se retrotrae varias décadas atrás en el tiempo. Concretamente, fue acuñado por primera vez en 1956 por los sociólogos estadounidenses Donald Horton y R. Richard Wohl, quienes firmaron el artículo Mass Communication and Para-Social Interaction: Observations on Intimacy at a Distance. En él, los autores describieron cómo las audiencias sienten una sensación de amistad o cercanía con algunas figuras públicas, en una relación que es puramente unilateral.Dicho de otra manera, una relación parasocial puede definirse como esos lazos emocionales fuertes que se establecen con voces y rostros mediáticos. La audiencia llega a confiar en esas figuras, a tomarles cariño e incluso a hablarles mentalmente como a un amigo, aunque la relación solo exista de un lado.PublicidadPor qué tendemos a establecer estos vínculosEstos vínculos parasociales son muy comunes y se entienden mejor si se tiene en cuenta cómo funciona el cerebro social. Un matiz importante establecido por Horton y Wohl es que las relaciones parasociales son complementarias a la vida social, de modo que ejercen como una suerte de contrapeso emocional. Es decir, tienden a ser especialmente marcadas en personas que sufren algún tipo de aislamiento social, lo que explicaría por qué las personas de la tercera edad, con discapacidad o con problemas de adaptación social serían más propensas a desarrollarlas con mayor intensidad.Además, en su revisión sobre la parasocialidad, los autores Klimmt, Hartmann y Schramm apuntan que, cuando se establece una relación parasocial, el cerebro en realidad utiliza los mismos mecanismos que emplea cuando conoce a una persona en la vida real. Es decir, las herramientas sociales estándar que permiten generar conexiones entre humanos, tales como: atención a la otra persona, identificación, teoría de la mente, empatía o aprendizaje social son las mismas. Por eso, el vínculo se siente tan real y tan de verdad: porque a nivel de procesamiento y de experiencia subjetiva, es básicamente el mismo al de una relación personal.¿Son las relaciones parasociales algo necesariamente malo?No obstante, cabe matizar que las relaciones parasociales no son algo negativo per se, sino un fenómeno habitual que, incluso, en muchas ocasiones es explotado por los medios de comunicación de manera consciente. Aquí cabe rescatar el matiz establecido por Horton y Wohl, según el cual suponen un complemento de la vida social. O dicho de otra manera, no son un sustitutivo. Mejor dicho, necesariamente no son un sustitutivo, aunque sí pueden llegar a serlo.PublicidadEs decir, las relaciones parasociales poseen un sentido que puede ser incluso beneficioso, por ejemplo para paliar la soledad no deseada. El lado problemático aparece cuando dejan de ser un complemento y empiezan a ocupar el lugar de los vínculos de carne y hueso, hasta el punto de que la vida emocional gira casi por completo en torno a lo que hace o deja de hacer una figura mediática.El riesgo aumenta cuando se pierde de vista la naturaleza unilateral de este vínculo y se olvida que la otra persona no está realmente ahí, ni puede responder a esas expectativas. Aun así, cuando las relaciones parasociales adquieren ese peso desmesurado suelen ser más bien la manifestación de un malestar previo (soledad, ansiedad, dificultades de socialización, desconexión de la realidad…) que el problema de fondo en sí mismo.En el caso de Àngels Barceló, el luto parasocial de la audiencia es fácilmente comprensible desde un punto de vista racional, incluso. Para muchas personas, su voz forma parte de su rutina diaria. Probablemente, un gesto casi automático, el escuchar las noticias mientras se preparan para comenzar su día o de camino a su puesto de trabajo. Por ello, su marcha de la SER supone un cambio que impacta directamente en su vida. Todo ello, aderezado por la relación cultivada a lo largo de los años. Unilateral y parasocial, sí, pero relación al fin y al cabo.