Las advertencias de las organizaciones humanitarias y del personal sanitario en la República Democrática del Congo (RDC) han sido contundentes. Todos reclaman una respuesta internacional coordinada ante el avance del nuevo brote de ébola. Mientras el país afronta la reaparición del virus, crece la preocupación por que su frágil sistema sanitario tenga dificultades para hacer frente a un brote que, según los expertos, va mucho más allá del número de casos confirmados.
“La velocidad a la que se está propagando es profundamente preocupante”, afirma Rose Tchwenko, directora de país de la ONG Mercy Corps en la RDC. “El riesgo de una propagación más amplia es real y se necesita más apoyo regional y global con urgencia”.
Hama Amado, coordinador de campo en la ciudad de Bunia para la organización humanitaria Alima, dice que el virus esta ganando impulso y extendiéndose por numerosas zonas. “Todo el mundo debe movilizarse”, declaró el jueves a Associated Press. “Todavía estamos muy lejos de poder decir que la situación está bajo control”.
Ha pasado una semana desde que el Congo notificó su decimoséptimo brote de ébola, una enfermedad vírica con una tasa de mortalidad de entre el 25% y el 90%, que se transmite a través de fluidos corporales o materiales contaminados y provoca daños en los órganos, deterioro de los vasos sanguíneos y, en ocasiones, hemorragias internas y externas graves.














