La casa se desarma y amenaza con convertirse en un personaje. Es un lugar indomable que los intérpretes intentan sincronizar y controlar, una escena indócil que tiene algo que decir sobre las personas que la habitan.La pareja no encuentra el tiempo de su historia. Es justamente la temporalidad la que traza la dramaturgia de Gonzalo Martínez. Si el drama se contara cronológicamente, se dejaría ganar por una trama convencional, pero el tiempo desacoplado y el regreso a las situaciones, los textos que vuelven sobre sí mismos dichos por Paula o por Horacio alternativamente son la manera de manifestar la maraña en la que los personajes se encuentran.Una historia de amor puede ser la misma aunque las personas sean otras, separarse puede implicar volver al mismo vínculo, querer alejarse de algo o de alguien no impide que todo suceda como buscamos evitar. El texto de La habitación desconocida está estructurado de manera circular, las palabras se repiten y es allí donde el tiempo se pone en cuestión. Las luces de Ricardo Sica son un factor determinante para contar el drama, parecen seguir a los personajes como faros de autos, enfocarlos en la oscuridad en la que por momentos permanece la escena. Hay una similitud, casi una yuxtaposición entre el adentro y el afuera, el espacio es tan impreciso como el tiempo y todos los elementos de la escena hablan de la situación emocional de Paula y Horacio.El accidenteUn accidente que no alcanza la envergadura de tragedia desata el malestar o lo hace imposible de eludir. En un paseo de la pareja con sus hijos uno de los niños se lastima la cabeza al tirarse al agua. La herida se cura y los riesgos desaparecen, el niño está a salvo, pero sus padres son dos seres vacilantes, perdidos como si el desgarro amoroso los lanzara a una desesperación que nunca puede calmarse. Ese ensimismamiento, ese obsesionarse con lo que pasó, con lo que el otro debió hacer o decir, con la necesidad de cada integrante de la pareja de encontrar una respuesta, un amparo, cierta protección en el otro y, sobre todo, la dificultad y a veces la proeza que implica formar una familia, los llevan a deambular por la escena como si fueran los personajes de un policial o de una película donde sucede una persecución.La dirección de Lautaro Delgado Tymruk trabaja una emocionalidad estallada en las actuaciones de Sofía Brito y Guillermo Angelelli y, a la vez, convierte a los intérpretes en operarios del artificio teatral. La escenografía de Paola Delgado asume protagonismo porque la casa parece ser la manifestación de todo lo que les ocurre a los personajes. Una estructura que se ocupa de trabajar sobre el reflejo de los intérpretes los muestra como dobles fantasmales y de este modo se profundiza la puesta en cuestión del espacio y tiempo. Los actores deben sincronizar sus movimientos y disponer de los objetos para trabajar en planos donde sus acciones se unen, repiten o conviven, pero sin generar un contacto físico, sino como el resultado de ese reflejo que habla de esa separación, de esos espacios que ya no comparten pero a los que siguen ligados por un efecto espectral que puede ser el recuerdo o esa repetición obsesiva que los lleva a estar en la misma situación aunque habite lugares diferentes.Ese artificio mezclado y enlazado en una trama realista (un recurso que Delgado Tymruk y Sofia Brito ya habían utilizado en Seré y aquí se aplica a una historia diferente) permite al espectador mirar la escena con cierta distancia y no dejarse ganar por la anécdota al ofrecer un dispositivo escénico donde los procedimientos están a la vista y donde los actores viven los hechos, los sufren pero al mismo tiempo deben resolver esa dimensión escenográfica en un modo de volver a armar una casa que se ha vuelto extraña.La dramaturgia apela a la dimensión de lo ominoso, a lo familiar que se vuelve no familiar, al desconocimiento de todo lo que los rodea pero también a una monstruosidad que aparece ante el máximo dolor y que puede volver a cualquier persona cruel en su desdicha, impiadosa ante el sufrimiento del otro. Demuestra a partir de los recursos escénicos y narrativos que en una pareja los dos se convierten en lo mismo. No por simbiosis, sino porque en el momento de herir o abandonar cada uno de esos seres que se amaron son factibles de jugar el mismo rol como si el amor fuera tan duradero que permanece en la triste tarea de continuar unidos en el reproche hasta perder las palabras.*La habitación desconocida se presenta de miércoles a domingos a las 19.30, en el Teatro San Martín, Corrientes 1530. Hasta el 5 de julio.PC