En las últimas semanas han surgido tensiones sobre cómo Chile debe construir su futuro científico y tecnológico. Este debate respecto del equilibrio entre ciencia básica, formación avanzada, innovación y transferencia tecnológica refleja algo más profundo: la necesidad de contar con una mirada estratégica y de largo plazo capaz de integrar capacidades, articular prioridades y evitar dicotomías estériles.Precisamente para responder esa necesidad existe el mandato que tiene -cada cuatro años- el Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación para el Desarrollo (Consejo CTCI): entregar al presidente de la República una propuesta estratégica de largo plazo sobre el rol que la ciencia, la tecnología, el conocimiento y la innovación deben cumplir en el desarrollo de Chile.Es en ese contexto que, a fines de mayo, el Consejo presentará la nueva Estrategia Nacional CTCI 2026 al presidente José Antonio Kast, una hoja de ruta que busca orientar cómo el país puede fortalecer sus capacidades para enfrentar escenarios crecientemente complejos, inciertos e interdependientes.El desafío que enfrenta Chile no es menor. La aceleración tecnológica, la transición energética, la inteligencia artificial, las tensiones geopolíticas y la crisis climática están redefiniendo las condiciones del desarrollo en todo el mundo. Y frente a ese escenario, la pregunta ya no es si la ciencia, la tecnología, el conocimiento y la innovación serán importantes, sino cómo un país logra articularlas estratégicamente para construir futuro.La Estrategia Nacional CTCI 2026 parte precisamente desde ese diagnóstico. Su propuesta de fondo plantea que Chile necesita avanzar desde un ecosistema fragmentado, de baja intensidad y, muchas veces, organizado desde la competencia por recursos, hacia un enfoque más sistémico, colaborativo y orientado a generar impacto.Se trata de un cambio de trayectoria profundo. Uno que exige fortalecer las capacidades científicas y tecnológicas del país, pero también mejorar la manera en que estas se conectan con los desafíos del desarrollo sostenible, el bienestar de las personas, los territorios y la transformación productiva.En ese sentido, uno de los aportes más relevantes de esta estrategia es que evita caer en una lógica de sustitución entre capacidades. Los ecosistemas más avanzados del mundo no crecen debilitando unas capacidades para fortalecer otras. Lo hacen construyendo equilibrios entre ciencia básica e innovación aplicada, entre conocimiento de frontera y problemas urgentes, entre inserción global y desafíos territoriales.Por eso, la discusión no debería reducirse a escoger entre investigación o transferencia tecnológica. El verdadero desafío es construir un ecosistema robusto, capaz de sostener simultáneamente investigación de excelencia, generación de conocimiento, desarrollo tecnológico, articulación institucional y creación de valor para el país.La estrategia también releva algo especialmente importante para Chile: la CTCI no solo debe contribuir al crecimiento económico, sino también al bienestar sostenible. Salud integral, educación habilitadora, cohesión social y seguridad humana aparecen como áreas prioritarias donde la contribución del conocimiento puede ser decisiva para mejorar la calidad de vida de las personas.Al mismo tiempo, el documento reconoce oportunidades estratégicas para el desarrollo productivo sostenible del país, vinculadas a ámbitos como energía, recursos naturales, economía digital, inteligencia artificial y biotecnología, además de singularidades territoriales como el desierto de Atacama y la Antártica.Pero quizás uno de los elementos más relevantes de la propuesta es su énfasis en la gobernanza y la articulación. Porque en escenarios marcados por aceleración tecnológica, incertidumbre y fragmentación, la capacidad de un país para coordinar capacidades, construir consensos y sostener visiones de largo plazo se vuelve una ventaja estratégica en sí misma.La presentación de la Estrategia Nacional CTCI 2026 es mucho más que un ejercicio técnico o un documento sectorial. Es una invitación a discutir qué tipo de desarrollo quiere construir Chile en las próximas décadas y qué capacidades necesita fortalecer para lograrlo.Porque en tiempos de cambio acelerado, deberíamos tener clara la relevancia de la ciencia, la tecnología, el conocimiento y la innovación. Ahora, la verdadera pregunta es si seremos capaces de integrarlos estratégicamente para construir futuro.