Mientras diversos sectores del peronismo buscan construir alternativas electorales de cara a 2027, una figura se mantiene férrea en su lealtad a Cristina Kirchner: su hijo Máximo. En un contexto donde el gobernador bonaerense Axel Kicillof consolida su propio armado, donde ex funcionarios como Victoria Tolosa Paz, Guillermo Michel y Juan Manuel Olmos lanzan espacios diferenciados, y donde incluso emergen figuras como Dante Gebel explorando candidaturas presidenciales, el diputado nacional y líder de La Cámpora aparece como el guardián de un legado que muchos consideran agotado pero que él defiende a capa y espada.
La ruptura entre Máximo Kirchner y Kicillof a esta altura es personal. Llevan más de seis meses sin hablarse, desde aquella última conversación en octubre de 2025, la noche de la derrota electoral en las legislativas. Desde entonces, el distanciamiento se profundizó hasta niveles impensados. En privado, Máximo se refiere al gobernador con un apodo cargado de simbolismo patagónico: "Yatel", en referencia al cacique mapuche cuyo nombre significa "piedra". Es una forma sutil pero contundente de señalarlo como "mufa", como alguien que trae mala suerte al proyecto político que compartieron. Según Máximo, todas son malas noticias dentro del kirchnerismo desde que apareció en escena Kicillof.













