Era un joven rockero y amante del jazz, con la melena al viento, en medio de un grupo de señorones criollos bien enternados y perfumados que cargaban cuatro y cinco décadas. Todos en el estudio lo miraban como a un bicho raro, entre ellos el gran Óscar Avilés, que no sabía quién le había mandado un hippie para grabar en uno de sus discos. Así recuerda Juan Rebaza (72) su primer encuentro con quien acompañaría durante muchos años. Avilés lo trataría siempre de usted, con mucho respeto, pero esa primera impresión fue otra cosa: lo miró de arriba abajo como si tuviera delante a un ser de otro planeta. “¿Usted va a grabar conmigo?”. De inmediato le pidió una prueba de aptitud. Rebaza se colgó el bajo, tocó unas notas, y la primera guitarra del Perú no volvió a dudar de él nunca más.Conforme a los criterios deTipo de trabajo: NoticiasInformación basada en hechos y verificada de primera mano por el reportero, o reportada y verificada por fuentes expertas.