Rusia volvió a colocar al Oréshnik en el centro de la guerra en Ucrania tras usarlo por tercera vez durante uno de los mayores bombardeos desde el inicio del conflicto, reavivando la preocupación por un sistema que Moscú presenta como una de sus armas más avanzadas. Capaz de portar cargas convencionales o nucleares y asociado a una tecnología diseñada para dificultar la interceptación, este misil hipersónico apunta a ser una pieza clave de la estrategia de disuasión del presidente Vladimir Putin.