Noticia Exclusivo suscriptores Prohibición de fondos para programas de reducción del daño podría revertir tendencia a la baja desde pico histórico de 111.000 muertes en 2022. Las muertes anuales por sobredosis llegaron a superar las 111.000 en 2022, la cifra más alta registrada hasta ahora. Foto: EFE / EL TIEMPO / IA25.05.2026 00:01 Actualizado: 25.05.2026 00:01
Tras décadas en las que EE. UU. apostó cada vez más por estrategias de “reducción del daño” para enfrentar la epidemia de drogas y las muertes por sobredosis, la administración de Donald Trump está dando un giro radical que, según expertos en salud pública y adicción, podría poner en riesgo miles de vidas y revertir buena parte del progreso alcanzado en los últimos años. LEA TAMBIÉN El cambio comenzó a tomar forma en 2025 tras una orden ejecutiva impulsada por Trump en la que la Casa Blanca criticó abiertamente las políticas de reducción del daño, argumentando que estas “facilitan el consumo ilegal de drogas y los daños asociados”.Bajo esa lógica, el gobierno sostiene que los recursos federales deben concentrarse en tratamientos orientados a la abstinencia y no en programas que reduzcan los riesgos asociados al consumo mientras las personas siguen usando sustancias.Ahora, esa visión ha empezado a traducirse en medidas concretas.El 24 de abril, la Administración de Servicios de Salud Mental y Abuso de Sustancias (SAMHSA, por su sigla en inglés), la principal agencia federal encargada del tema, envió dos cartas conocidas como “Dear Colleague” a departamentos estatales de salud, médicos y organizaciones que reciben fondos federales. En ellas detalla qué programas podrán seguir recibiendo fondos públicos y cuáles quedarán excluidos.La primera carta se centra en los programas de reducción del daño. Aunque mantiene la financiación para medicamentos que revierten sobredosis, como la naloxona, y para atención médica posterior, también prohíbe usar fondos federales para iniciativas preventivas que durante años fueron parte central de esta estrategia.El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Foto: AFPEntre ellas están las tiras reactivas para detectar sustancias peligrosas, como fentanilo o xilazina, en las drogas, el agua esterilizada para prevenir infecciones por inyección y las líneas telefónicas de emergencia que acompañan a los consumidores mientras usan drogas y alertan al 911 si detectan una sobredosis.La segunda carta se concentra en medicamentos para tratar la adicción a opioides, como la metadona y la buprenorfina. Allí, SAMHSA señala que esos tratamientos solo recibirán financiación si van acompañados de servicios adicionales, como consejería, y exige que los programas reevalúen anualmente, junto con los pacientes, si el uso de esos medicamentos debe continuar, para evitar lo que describe como una “sentencia por defecto a medicamentos de por vida”.Expertos alertan sobre riesgo de muertes por sobredosisSobre el papel, las medidas pueden parecer menores. Pero especialistas en esta área sostienen que el mensaje detrás de ellas es profundamente problemático.“SAMHSA tiene un enorme peso en la medicina de las adicciones. Más allá de las reglas de financiación, estas cartas marcan el tono de la práctica profesional y afectan lo que los médicos consideran aceptable recomendar”, dice la doctora Ayesha Appa, profesora de enfermedades infecciosas y medicina de adicción en la Universidad de California en San Francisco. LEA TAMBIÉN El temor de muchos expertos es que las nuevas restricciones terminen reduciendo el acceso a las estrategias que más evidencia científica han acumulado en la última década.Diversos estudios muestran que los medicamentos para tratar la adicción a opioides reducen drásticamente el riesgo de muerte por sobredosis.Una investigación publicada este año en la revista Addiction, basada en registros de pacientes en EE. UU., encontró que las personas tratadas con metadona o buprenorfina tenían un riesgo 80 por ciento menor de morir por sobredosis frente a quienes participaban en programas sin medicación.SAMHSA tiene un enorme peso en la medicina de las adicciones. Más allá de las reglas de financiación, estas cartas marcan el tono de la práctica profesional y afectan lo que los médicos consideran aceptable recomendarAyesha AppaProfesora de enfermedades infecciosas y medicina de adicción en la Universidad de California en San Francisco.Otros análisis realizados por los Institutos Nacionales de Salud (NIH) y la Escuela de Salud Pública de la Universidad Johns Hopkins Bloomberg han concluido que estos tratamientos pueden reducir la mortalidad en más del 50 por ciento.Y la evidencia sobre los programas de reducción del daño apunta en la misma dirección.Un estudio publicado por la Universidad de Washington encontró que las personas que usan con frecuencia programas de intercambio de jeringas tienen cinco veces más probabilidades de ingresar posteriormente a tratamiento que quienes los usan menos.EE. UU. sostiene que los recursos deben concentrarse en tratamientos orientados a la abstinencia. Foto: DEA - Youtube: YoSoyPlexInvestigaciones lideradas por la Escuela de Salud Pública Dalla Lana de la Universidad de Toronto sobre centros supervisados de consumo encontraron, además, que quienes acuden regularmente a ellos tienen entre 40 y 70 por ciento más probabilidades de buscar tratamiento.La lógica detrás de quienes defienden estos métodos es, más bien, sencilla. En otras palabras, mantener a las personas vivas durante el tiempo suficiente para que, eventualmente, puedan recuperarse.Eso es especialmente relevante en una enfermedad que los expertos describen como crónica y con recaídas frecuentes. La mayoría de los pacientes con adicción a opioides reinciden al menos una vez, incluso tras ingresar a los mejores programas de tratamiento.“Nuestro mayor problema es que muy pocas personas acceden a estos medicamentos”, señaló Appa, quien advirtió que sus pacientes son mucho más propensos a abandonar el tratamiento demasiado pronto que a permanecer en él demasiado tiempo.Trump pondría en riesgo tendencia a la baja de muertes por sobredosisLas preocupaciones llegan, además, en un momento especialmente delicado.Después de crecer casi de forma ininterrumpida desde finales de los años 70, las muertes por sobredosis finalmente comenzaron a descender en EE. UU. tras el pico histórico alcanzado durante la pandemia. LEA TAMBIÉN De acuerdo con datos federales de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC por su sigla en inglés), las muertes anuales por sobredosis llegaron a superar las 111.000 en 2022, la cifra más alta registrada hasta ahora. Desde entonces, sin embargo, los fallecimientos han caído más de un 29 por ciento, llevando el total anual a menos de 79.000 casos, lo que representa una de las reducciones más significativas de las últimas décadas.Trump ha insistido repetidamente en que combatir la epidemia de drogas es una prioridad para su gobierno. Pero críticos de la nueva política sostienen que varias de las medidas adoptadas podrían terminar frenando, o incluso revirtiendo, esa tendencia positiva.La Casa Blanca parece decidida a priorizar la ideología de la guerra contra las drogas y anti-medicamentos sobre salvar vidas, poniendo en peligro años de progreso en la reducción de las tasas de sobredosisMaia SzalavitzEscritora y especialista en reducción del dañoEl temor aumentó después de que la administración redujo en casi dos tercios el personal de SAMHSA, intentó cancelar fondos aprobados durante la pandemia del covid-19 y propusiera fuertes recortes presupuestales para programas de salud pública.La escritora y especialista en reducción del daño, Maia Szalavitz, resumió recientemente esas preocupaciones en una columna publicada en el diario The New York Times.El consumo de fentanilo se ha extendido en ciudades de Estados Unidos. Foto:EFE“La Casa Blanca parece decidida a priorizar la ideología de la guerra contra las drogas y anti-medicamentos sobre salvar vidas, poniendo en peligro años de progreso en la reducción de las tasas de sobredosis”, escribió Szalavitz.La autora advirtió, además, que los recortes planteados por la administración incluyen 753 millones de dólares para SAMHSA,165 millones de dólares para investigación sobre adicción en los Institutos Nacionales de Salud y 3.000 millones de dólares menos para los CDC, incluidos fondos para monitorear las sobredosis y distribuir medicamentos que las revierten.“Nada de esto es sensato. Muchas personas se recuperan de la adicción. Pero nadie se recupera de la muerte”, concluye la analista.SERGIO GÓMEZ MASERI - Corresponsal de EL TIEMPO – Washington@sergom68 Sigue toda la información de Internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.








