Con nueve años, Rafa Nadal jugó un torneo en su Mallorca natal contra un chaval que tenía 11. El asunto pintaba mal, por eso antes de salir a la pista, su tío Toni, que le entrenó durante dos décadas, le dijo que si la cosa se ponía fea, le avisara, que él haría que lloviera y se tuviera que suspender el partido. Empezó el juego y aquel chaval que le sacaba una cabeza a Rafa le estaba destripando. Pero poco a poco, como sería norma luego en su carera como profesional, Nadal fue metiéndose en el partido, y justo cuando estaba a punto de igualarlo, empezó a diluviar. Fue a su tío y, abatido, le dijo que no hacía falta que parara la lluvia, que podía ganar. “Cuando era pequeño, era muy ingenuo, no como los niños de hoy en día, y estaba convencido de que mi tío tenía poderes”, recuerda el extenista nacido en Manacor hace 39, sentado una habitación del madrileño Hotel Ritz durante una breve entrevista para promocionar Rafa, la serie documental de cuatro episodios, dirigida por Zach Einzerling, sobre la vida y carrera de uno de los mejores tenistas de todos los tiempos (22 Grand Slams, dos oros olímpicos, cinco copas Davis…) y probablemente el mejor deportista español de todos los tiempos. Rafa estará disponible en la plataforma Netflix desde el próximo viernes 29 de mayo. Y continúa el mallorquín: “Es una pena que mi tío jamás me transmitiera ese poder”. O tal vez sí. Hacia el final del documental, Rafa acaba de perder en primera ronda de Roland Garros contra el alemán Zverev (en aquel momento de 2024, éste es el cuarto del mundo y Rafa está más allá del puesto seiscientos) el que va a ser su último partido en París, torneo que ha ganado hasta 14 veces. Ha sido un día nublado y desapacible en la capital francesa. Y un partido feúcho. Rafa recoge su bolsa, se la cuelga al hombro, saluda al público en el último adiós del más grande en tierra batida y, cuando empieza a cruzar la pista rumbo del vestuario… sale el sol. “Creo que esta es mi historia. La mía ha sido carrera a contrarreloj porque no sabía hasta cuándo iba a poder disfrutar el regalo de jugar al tenis. Cada año que pasé en el tenis profesional fue una victoria. Con 19 años parecía que no podría jugar nunca más. Es una realidad, no es una historia para montar épica”, afirma Nadal sobre la naturaleza de estas casi cuatro horas de metraje en las que, con un montaje que simultanea la narración de su carrera, desde la infancia hasta su último Grand Slam en 2022, con imágenes de su intento por volver al más alto nivel a principios 2024 —ya con 36 y recuperándose de la enésima lesión—, se dibuja el devenir de un deportista que lo fue todo, porque su espíritu y su talento lo decidieron. Su cuerpo tenía otros planes. ¿Cómo puede un tenista que lo ha ganado todo celebrar pasar a primera ronda en Roma o Brisbane con esta efusividad? La respuesta está en el pie. Y en la cadera. Y en el tendón rotuliano de la rodilla izquierda. Y en la vaina de la muñeca izquierda. Esto, en el primer episodio, sorprende. A medida que avanza la narración cobra todo el sentido. “Debes poder entenderlo”, interviene Nadal. “En ese último tramo vuelvo de una lesión importante de cadera y no sé si ya voy a poder competir al máximo nivel. De hecho, nunca pude volver a competir al máximo nivel. Pero ese proceso lo viví muchas otras veces durante mi carrera, y creo que aquí se pone en valor darle importancia a cada pequeño paso que vas dando, que es lo que he hecho siempre. Valorar cada mejora, y desde esas pequeñas mejoras, se alcanzan grandes objetivos y grandes éxitos, como quieras llamarlo. En 2024, el cuerpo tuvo una limitación que ya no se pudo solventar. En las otras, en cambio, sí se encontró una forma de arreglarlo. Esta vez se quedó con un tema que me va a limitar ya para el resto de mi vida”. Sufrimiento es una de las palabras que más se repiten durante una serie documental en la que casi se ve a Rafa tantas veces entrar y salir de un tubo de resonancia magnética, como de una cancha de tenis.Pero esto no es The Pitt, es la historia real de un deportista único que, por una motivo u oro, fue tan importante para los amantes del deporte como para los del relato, porque Nadal es capaz de dotar de ese extra que transforma lo grande en importante, tanto en la victoria como en la derrota. Dentro y fuera de la cancha. Fue tímido y ambicioso, la receta perfecta para resultar interesante. Y además, luchó contra todo tipo de circunstancias, lo que le ha permitido desarrollar una capacidad de análisis sobre sí mismo, y todo lo que le rodea muy rara de ver en este negociado. “El tenis es un deporte en el que es vital tolerar el error. Al final, fallas una bola y a los 20 segundos debes golpear otra. Debes saber hacer esa transición de olvidar el fallo y golpear la siguiente bola con la convicción de que no vas a volver a cometer ese error. Cuando te entran dudas es cuando llega la desconfianza. Desde ahí es complicado todo. Creo que siempre tuve una sana ambición, una que no fue jamás desmesurada y que me ayudó a tolerar las derrotas”, apunta el tenista, que jamás quiso ser personaje, ni siquiera en aquella época de vídeos con Shakira y anuncios de calzoncillos, y que si tuvo manías, muchas, y tics, una barbaridad, fue porque los necesitaba más que los demás. “Estamos haciendo el ridículo”, le dice Toni en un momento en el que ordenar botellas de agua sobre la pista o palparse medio cuerpo antes de sacar parece alcanzar el paroxismo.En lo puramente tenístico, resulta sumamente interesante la fase de la serie dedicada a la irrupción de Novak Djokovic en el circuito. Unos años antes, ha sido Rafa el que ha llegado con sus pantalones pirata, su camiseta sin mangas y su cinta en el pelo para retar al elegante Roger Federer hasta lograr derrotarle en su feudo, Wimbledon. Ahora, en 2011, es el serbio el que le tiene la moral minada al mallorquín. Ambicioso e histriónico —no tiene precio la reacción de Nadal cuando se le pregunta si le molestaba que Novak le imitara—, Djokovic le provoca a Rafa una crisis casi existencial que le obliga a incluso introducir cambios en su golpe de derecha, tal vez el drive de zurdo más letal de la historia del tenis. “Tomé todo de la misma manera [cazar a Federer que ser cazado por Djokovic, ambos presentes en la docuserie]. Nunca pretendí que ganar cosas fuera fácil, siempre acepté el reto. Cuando llegué me parecía muy difícil colarme entre los ocho mejores y, una vez conseguido, entendí que iban a venir otros. Eso sucede cuando llega Novak. Mira, siempre es más fácil ser cazador que aceptar ser el cazado, pero creo que lo llevé siempre bien, aprendí a vivir con la incertidumbre, dentro y fuera de la pista”.En 2022, el pie de Rafa empieza a emitir mensajes anunciando que pronto dirá basta. Está en Roland Garros, y viene de ganar a Medvedev en una de las más increíbles finales del Open de Australia. Para poder jugar, deben prácticamente anestesiarle el pie. No siente nada. Vence a Djokovic en otro increíble partido de cuartos en París y, a la postre, levanta su último Grand Slam. Al saber que ha jugado sin sentir el pie, el extenista John McEnroe no puede dar crédito: “¿Cómo? ¿Qué va con el pie dormido? Venga, ¿qué será lo siguiente? ¿Jugar con los ojos vendados?”. Si nunca llegó a hacerlo, tal vez fue simplemente porque nunca lo necesitó.