Joel Huiqui (Ahome, Sinaloa, 43 años) tiene el apellido más emblemático del fútbol mexicano. Remite a la resistencia del pueblo yoreme, en los Estados de Sinaloa y Sonora. Siempre han estado en defensa de la comunidad, de la lealtad, por algo yoreme significa “el pueblo que respeta la tradición”. El legado de los bisabuelos indígenas del hoy entrenador de Cruz Azul lo transpira en cada aparición pública. Es un tipo que trabaja en silencio, sin atacar a nadie y que apela a la unión entre sus pupilos, a quienes dirige desde finales de abril. Solo dirigió siete partidos en Primera División y ya es campeón del fútbol mexicano tras vencer a los Pumas (1-2).Huiqui aspira a pasar de ser el becario del Cruz Azul a ser el entrenador fijo del club. Se quedó como estratega interino debido a que la directiva despidió de forma fulminante al argentino Nicolás Larcamón tras una racha de nueve partidos sin ganar. La desesperación de la cúpula cementera prefirió confiarle los mandos al sinaloense que dirigía el equipo juvenil sub 21. Hasta el momento, ha dirigido siete partidos y quizá los más críticos que podría asumir un técnico. Le tocó disputar la liguilla, con un equipo dolido con el anterior estratega. La máquina cementera alcanzó la final tras superar al Atlas y a las favoritas Chivas. Ahora le pegó a los Pumas.“Va a continuar siempre y cuando se obtenga el campeonato. Vamos a reforzar, sí, por supuesto todo el cuerpo técnico, como se hace en cualquier institución y como se hace en cualquier proceso”, contó Víctor Velázquez, presidente del consejo de administración de Cruz Azul tras pasar a la final. El mensaje parecía desangelar el trabajo de Joel Huiqui. Pero esta noche parece que ha dado un poderoso argumento para quedarse.“El mérito es 100% de los jugadores, estoy muy contento, estoy pasándola increíble”, contó el entrenador de Cruz Azul en el día de medios de la Liga MX. “El trabajo diario te da el resultado final. Mi discurso ha sido ser muy honesto [con los jugadores]”, agregó. Su trabajo principal fue ser el pegamento ideal para que el club no se desmoronara antes de disputar el campeonato. Los jugadores han respondido a su lealtad.Huiqui empezó desde la base del conjunto celeste. Pasó por los equipos juveniles, pasó por el extinto Cruz Azul Hidalgo, que jugaba a unos metros de la fábrica de cemento. Jugó a préstamo en el Pachuca y en 2003 debutó en la Primera División. Un año más tarde regresó a casa para debutar con el Azul. El club vivió una escasez de títulos de la Liga MX durante 23 años y durante ese cruento tiempo Huiqui se quedó lejos de las finales que perdieron contra Santos y Toluca (2008) debido a una lesión, En el subcampeonato contra Monterrey (2009) el hoy entrenador estaba en el banquillo. Enfundado con la camiseta de Cruz Azul, en un partido contra los inexistentes Monarcas Morelia, se quedó grabado en la memoria del fútbol mexicano cuando estaba a ras de pasto, metió una pilla mano para desviar un tiro rival y se hizo el inconsciente. La gente lo bautizó como la muertinha, una acción que acompaña a Huiqui. De eso ya solo se ríe.“El mensaje que he compartido siempre ha sido natural, del corazón. Y eso no lo aprendí yo, me lo enseñó el club. Crecí en la institución, ahí aprendí a comer, hablar, a ser una buena persona, buen hermano, hijo y esposo. Hoy, le debo todo al club y estoy dando la vida para que tenga la décima el próximo domingo”, contó Huiqui, bien arropado por la afición.La última vez que los Pumas ganaron un título fue en 2011 ante Monarcas Morelia, en donde el defensa central era Huiqui. Quince años más tarde tuvo la oportunidad de vengarse, pero ahora desde en banquillo.