Asier MartiarenaMadrid 24/05/2026 14:24 Actualizado a 24/05/2026 18:30 “Sería irresponsable que el Gobierno siguiera más allá de 2026 sin rumbo, sin presupuesto, sin una mayoría estable y con una agenda descontrolada y judicializada”. El aviso lanzado este mediodía por el presidente del PNV, Aitor Esteban, carece del verbo afilado y el golpe de efecto de los ultimátums que, varias veces por semana, sacuden la política nacional. Pero, precisamente por eso, por venir de quien viene, la advertencia difícilmente podría ser más severa. Una luz ámbar en mitad de la niebla política que rodea a Pedro Sánchez tras la imputación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero que obliga a las partes a recalcular sus coordenadas.El contexto multiplica además el alcance político del movimiento. El PNV gobierna en Euskadi gracias al respaldo de los socialistas vascos. Tras las últimas elecciones autonómicas de 2024, los nacionalistas lograron retener la lehendakaritza por un margen mínimo frente a EH Bildu –empate en escaños y apenas un puñado de votos de diferencia–. Fue el apoyo del PSOE el que permitió a Imanol Pradales mantenerse al frente del Gobierno vasco.En ese delicado equilibrio, cualquier mensaje a La Moncloa se mide siempre pensando también en sus consecuencias internas. Y precisamente por eso el endurecimiento del tono resulta significativo. El PNV había optado hasta ahora por proteger el bloque de la investidura incluso en los momentos más complicados del llamado caso Koldo. Los nacionalistas entendieron entonces que las investigaciones sobre José Luis Ábalos o Santos Cerdán afectaban a dirigentes concretos, pero no erosionaban necesariamente la legitimidad del PSOE como socio de Gobierno. Esa tesis, sin embargo, empieza a resquebrajarse con la derivada que afecta a Zapatero.Porque el expresidente representa otra dimensión simbólica y política. No solo por el peso histórico que conserva dentro del socialismo español, sino también por la conexión venezolana que aparece en el trasfondo de la investigación judicial.Y ahí aflora una incomodidad antigua en el nacionalismo vasco que nunca ha visto con buenos ojos la relación que determinados sectores del PSOE mantuvieron durante años con el chavismo. Venezuela no es un asunto menor para los jeltzales.Las diputaciones forales condicionan el cálculo electoral del PNV ante un posible superdomingoDe ahí que Esteban haya querido marcar distancia de manera explícita. “Aquí no vale todo”, se ha esmerado en advertir el líder peneuvista para quien la imputación de Zapatero es “muy seria” que merece “muchas explicaciones”.Aun así, el PNV también ha dejado claras sus líneas rojas. En Bilbao no contemplan una moción de censura que dependa de Vox. Los nacionalistas vascos no quieren aparecer en ninguna fotografía que vincule sus siglas con la ultraderecha española. Pero tampoco quieren oír hablar de la posibilidad de que Sánchez empuje la convocatoria hacia un superdomingo electoral que haga coincidir las generales con las municipales y forales de 2027. En Euskadi ese escenario adquiere una dimensión extra por el peso de las diputaciones forales, pieza clave del sistema financiero vasco, y porque una eventual movilización de izquierdas con vocación de castigo al Gobierno socialista podría terminar beneficiando a EH Bildu en el tablero autonómico.En ese equilibrio inestable, y sin levantar demasiado la voz, el PNV se ha asegurado de dejar claro que el margen de maniobra del Gobierno es hoy más estrecho que ayer.Redactor de la sección de política tras una década cubriendo la actualidad de Madrid entre 2011 y 2022. Antes en Microsoft News y el diario Metro
El PNV rompe su prudencia y ve “irresponsable” agotar la legislatura
Aitor Esteban vincula el desgaste del Gobierno con la necesidad de un nuevo ciclo electoral
El PNV tachó de «irresponsable» seguir sin presupuesto ni mayoría estable, tras la imputación judicial del expresidente Zapatero. El giro del socio más disciplinado del bloque de investidura estrecha el margen de Sánchez y eleva el riesgo de adelanto electoral.










