Durante la noche del pasado sábado 23 de mayo, el diario estadounidense The New York Post informó que “un hombre armado y fuera de sí, que creía ser Jesucristo, sacó un revólver y abrió fuego frente a la Casa Blanca”, residencia oficial y principal lugar de trabajo del presidente de Estados Unidos, antes de ser abatido por el Servicio Secreto.

Frente a este escenario, la agencia federal de élite, dependiente del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, reveló que Nasire Best, de 21 años, disparó contra un puesto de control tras ser visto caminando de forma extraña por la calle, pero solo logró efectuar unos pocos disparos antes de ser abatido por agentes federales.

Sin embargo, de acuerdo con la agencia de noticias EFE, al menos un transeúnte resultó herido de gravedad durante el tiroteo, por lo que el presidente Donald Trump aprovechó el incidente frente a la Casa Blanca para reivindicar la construcción de un salón de baile en la residencia presidencial, el cual incluiría un complejo de seguridad.

“Gracias a nuestro excelente Servicio Secreto y a las fuerzas del orden por la rápida y profesional actuación contra un hombre armado cerca de la Casa Blanca, quien tenía antecedentes violentos y una posible obsesión con el edificio más preciado de nuestro país”, declaró Trump, quien en ese momento se encontraba en la residencia oficial.