Por Gabriel Fandiño, miembro de la Academia Nacional de Historia del EcuadorLa Batalla de Pichincha fue un enfrentamiento decisivo ocurrido el 24 de mayo de 1822 en las laderas del volcán Volcán Pichincha, en Quito. En esta batalla, las fuerzas independentistas derrotaron al ejército español, asegurando la independencia de la Real Audiencia de Quito.El combate ocurrió en condiciones difíciles debido a la altura y el terreno montañoso, pero la victoria patriota permitió que Quito se uniera al proceso de independencia de América del Sur impulsado por Simón Bolívar.PublicidadEn la batalla, las fuerzas patriotas dirigidas por Antonio José de Sucre estuvieron conformadas por habitantes de la costa y sierra del actual Ecuador, además de venezolanos, neogranadinos, argentinos, chilenos y voluntarios británicos e irlandeses (estos últimos reunidos en la llamada “Legión Británica”). El revisionismo histórico y la historiografía moderna se han encargado, en estos últimos años, de poner en primer plano el rol de estos extranjeros.Pero hay un grupo extranjero cuya contribución es muy poco reconocida (de manera más o menos deliberada) en las crónicas sobre la campaña de 1822: los peruanos. Viejos resentimientos históricos pueden ser la causa de esta omisión, pero lo cierto e ineludible es que soldados de la vecina nación del sur dejaron su sangre en Pichincha, y así se ve reflejado en la documentación disponible. Uno de estos peruanos, inclusive, guió al general Sucre en la subida al volcán en las horas previas a la batalla.Primera fase: subir al PichinchaPublicidadPublicidadEl general José de San Martín envió una división desde el Perú para engrosar las fuerzas de Sucre. Esta fuerza fue dirigida por Andrés de Santa Cruz y estuvo conformada principalmente por argentinos, chilenos, altoperuanos (bolivianos) y peruanos. Los batallones Trujillo y Piura, además de escuadrones de caballería al mando de Juan Lavalle, se sumaron a la vanguardia del ejército patriota que avanzó a Quito.En la noche del 23 de mayo de 1822, los patriotas se preparaban para escalar las breñas del Pichincha. El objetivo: ganar las alturas y avanzar hacia al norte de la capital, con el fin de hacerse fuertes en los ejidos de la zona. Entre los que se aprestaban a subir, se encontraba el teniente Sebastián Fernández, de la división peruana.PublicidadPronto corrió la voz entre los batallones de que el ejército subiría por un camino regular. Sebastián Fernández se dirigió al capitán de su compañía, y le advirtió que esa ruta no era la más conveniente, revelándole el trazado de un sendero más rápido y seguro del cual Fernández tenía conocimiento. La información de aquella supuesta ruta secreta se transmitió a través de los mandos militares hasta llegar a los oídos del mismísimo general Sucre.Sucre escuchó aquel dato y su primera impresión fue que se trataba de una broma. ¿Porqué un oficial peruano estaría mejor informado que sus guías locales sobre la mejor ruta para subir hacia la cima del volcán? Aunque Sucre sentía una desconfianza natural hacia todos los mandos de la división peruana, quedó muy intrigado, y después de detener la marcha momentáneamente, mandó a traer ante su presencia al teniente peruano para interrogarlo.El secreto de Sebastián FernándezEl teniente Sebastián Fernández Samudio nació en Lambayeque (departamento al norte del Perú) el 19 de enero de 1791. Era el fruto de la unión entre un blanco y una mulata, y para el momento de la subida al volcán, tenía 31 años de edad.PublicidadCuando Sucre lo tuvo enfrente, le exigió explicaciones. El teniente Fernandez se ratificó en lo que había expuesto a su superior inmediato: conocía una mejor ruta que ahorraría varias horas de escalada.El desconfiado Sucre lo inquirió una vez más con las siguientes palabras (según el testimonio del propio Fernández): “Señor oficial, bajo palabra de honor y sujeto a su responsabilidad en caso contrario, ¿puede Ud. guiar al ejército, para llegar al Pichincha a la hora que se desea?“.Fernández volvió a responder afirmativamente.Fernández le reveló al general su secreto: conocía esa ruta secreta porque hasta hacía muy poco tiempo se había desempeñado, en los territorios de Quito, como uno de los más experimentados contrabandistas dedicados al tráfico ilegal de tabaco.Actividades ilegalesEl monopolio comercial del tabaco fue impuesto por la Corona española a mediados del siglo XVIII. El llamado “Estanco del Tabaco” controlaba su producción y venta.El tabaco era la principal fuente de ingresos fiscales para la Corona. Al imponer precios altos y restringir el cultivo a zonas específicas, surgió un mercado negro para satisfacer la demanda local a precios más bajos.Sebastián Fernández se involucró en la actividad ilegal más lucrativa de la capital de la Real Audiencia. Sus contactos en Quito lo guiaban por diferentes trochas y senderos, ocultos a la extrema vigilancia contra el contrabando. Uno de esos senderos secretos pasaba por las alturas del Pichincha.El contrabandista que guió a los soldados del PichinchaEl general Sucre colocó a Sebastián Fernández a la vanguardia, “tomando no obstante seguridades sobre mí” —según testificó el propio Fernández—, de lo que puede inferirse que el desconfiado general dispusiera medidas extremas contra el oficial peruano en caso de mentir o fallar sobre su cometido durante la marcha.Pero Sebastián Fernández cumplió lo prometido, y a las 6 de la mañana, la vanguardia arribó al punto marcado en las alturas del Pichincha (los cuerpos, que subían en fila india, siguieron arribando hasta la 9 am aproximadamente).El teniente peruano (quien llegó a ser coronel en el ejército de su país), hizo una contribución importante a la estrategia del general venezolano. Por eso no debe extrañar a nadie que, años después, Fernández no tuviera reparos en maximizar su hazaña hasta el punto de decir que “Tengo razón para afirmar que por mí se ganó la batalla”.Mala famaEl general Sucre tuvo una relación complicada con los oficiales de la división enviada desde el Perú. En su correspondencia con el general Santander (vicepresidente de la Gran Colombia) Sucre denunció la indisciplina en los oficiales de San Martín, sus desacatos, sublevaciones y hasta la supuesta deserción de uno de los batallones peruanos en medio de la batalla. Esa mala fama, propagada nada más finalizada la batalla, se instaló sin muchas discusiones en la posterior historiografía oficial de la independencia ecuatoriana.Pero variadas fuentes documentales primarias y bibliográficas que no pueden desmerecerse, hablan de la indiscutible contribución de los soldados peruanos a la campaña. El testimonio de Sebastián Fernández, guia peruano en el Pichincha, fue investigado y recogido por el historiador Nicolás Rebaza Cueto en su obra “Anales del Departamento de La Libertad”,publicado en 1891.También es innegable la considerable cantidad de efectivos de la división peruana que perdieron la vida en el combate del Pichincha. Las cifras de muertos patriotas se estiman entre 200 hasta 400. Entre los caídos se contabilizan varios elementos de la división peruana, en números que oscilan entre 50 y hasta 150, dependiendo de las fuentes.En el Archivo General de la Nación de Venezuela se encuentran las listas originales de la división peruana, donde se detallan los muertos y heridos durante la acción, además de las bajas por enfermedad y otras causas durante la campaña. El Libertador Simón Bolívar, antes de enviar de regreso a la división peruana hacia el sur, suplió absolutamente todas las bajas con soldados locales.Las veleidades políticas y militares de los máximos líderes del Perú y de Colombia durante el periodo de la Gran Colombia ocasionó que los peruanos veteranos del Pichincha se vieran obligados a levantar sus armas contra sus antiguos camaradas (Batalla de Tarqui, 1829). Sin embargo, no debemos olvidar que hubo un momento único en la historia en que los soldados de los territorios de Quito y sus hermanos combatientes del sur, lucharon hombro a hombro en la batalla, con un solo ideal en la mente y el corazón: la libertad.
Un peruano dirigió la subida de los soldados al Pichincha
Los generales de la independencia se apoyaban en guías expertos en el terreno para lograr que sus tropas lleguen más rápido y mejor posicionadas.






