Los cubanos no se asustan fácilmente. Su historia de sacrificios, luchas y privaciones desde hace siglo y medio los configura como un pueblo ajeno al miedo, lo cual no quiere decir que no estén hartos, cansados, de sufrir penurias y calamidades para mantener su independencia –errores incluidos– frente a los Estados Unidos (EEUU). Pero después de décadas de bloqueo y de apretarles las tuercas para rendirlos por hambre y asfixiarlos con la carencia de bienes básicos como el combustible, la energía eléctrica, los fármacos, los alimentos y las herramientas de importación, el matón de la Casa Blanca intenta finalmente amedrentarlos con la presencia del portaaviones USS Nimitz y su grupo de combate ante la isla.

¿Qué ocurrirá ahora? ¿Realizarán los gringos una operación quirúrgica de comando para secuestrar a Castro como hicieron con Maduro? ¿Lanzarán misiles sobre Cuba?

La llegada del monstruoso artefacto naval de propulsión nuclear al mar Caribe fue anunciada el miércoles desde Washington. El viejo portaaviones (en servicio desde 1975) con el apellido del destacado almirante en la Segunda Guerra Mundial Chester Nimitz es una de las mayores plataformas de combate del mundo. Tiene capacidad para llevar sesenta aeronaves: cazas, helicópteros y seis aviones de vigilancia y guerra electrónica. Además de la cobertura submarina, el Nimitz y sus fragatas navegan con el buque de apoyo logístico Patuxent y el destructor con misiles guiados Gridley.