Las pieles de los tambores se tensaron y se aflojaron miles de veces. Cambiaron los uniformes, las luces, el sonido y hasta la forma de organizarse. Pero hay algo que sigue intacto desde hace dos décadas: todos los lunes, La Bomba de Tiempo vuelve a subir al escenario de Ciudad Cultural Konex para convertir la noche en un ritual colectivo.
Este año, el grupo celebra sus 20 años de historia con giras nacionales e internacionales, además de sus clásicos “Lunes Bomba”, que ya forman parte del ADN cultural porteño. Lo que empezó como un experimento de improvisación y percusión terminó convirtiéndose en uno de los fenómenos musicales más singulares de la Argentina, con más de siete millones de espectadores y un lenguaje propio que se expandió a distintas partes del mundo.
“Lo que más hice en mi vida fue trabajar en la Bomba; mi hijo es más joven que el grupo”, bromea uno de sus productores.
Alrededor de los 14 músicos funciona una estructura enorme que incluye técnicos, asistentes, productores y colaboradores. Marina Belinco, responsable de prensa, y Nicolás Flam, manager histórico del grupo, forman parte del proyecto desde hace años y conocen cada engranaje del funcionamiento interno: desde conseguir un tambor durante una gira europea hasta coordinar colaboraciones con otros artistas.











