Resume e infórmame rápidoEscucha este artículoAudio generado con IA de Google0:00/0:00La primera vez que fui a Cuba fue hace casi 50 años, en 1978; la última, hace más de un cuarto de siglo, en el 2000. A los veinte años el experimento castrista me parecía al mismo tiempo interesante y desesperante. Con el apoyo de la Unión Soviética podían hacer cosas en salud y educación que valían la pena, pero la situación general de los derechos fundamentales era inaceptable. A los cuarenta, cuando tuve el desagradable privilegio de conocer a Fidel Castro, el régimen cubano mostraba su peor cara: era ya un Estado policial represivo e inhumano. No me creía el cuento ni la disculpa perpetua de que todas las carencias de Cuba obedecían al bloqueo del imperio. El fracaso era interno y nunca lo reconocieron; todavía el régimen no lo reconoce y se amarra al poder para cuidar el negocio privado de unos cuantos familiares de Castro y funcionarios y militares del aparato estatal. Un asco.Una vez dicho esto, ahora hay que decir que el bloqueo tradicional de Estados Unidos no es el de hoy. Antes me parecía normal que los gringos no quisieran comprarles azúcar, ron o puros a los cubanos, que podían venderlos en otras partes. El bloqueo de siempre permitía la entrada de petróleo, de medicinas, de trigo o de bienes esenciales. Ahora el bloqueo de Trump no permite que entre ni salga nada. Este es ya un bloqueo criminal. Puedo entender que antes los gringos no les despacharan antibióticos; pero no impedían que los cubanos los compraran en otro lado. Ahora nada, ni de Estados Unidos ni de ninguna parte del mundo.Por motivos familiares, soy particularmente sensible a los tratamientos para mantener vivos a los niños recién nacidos, especialmente a los bebés prematuros. Cuando Estados Unidos impide que a la isla llegue petróleo venezolano, mexicano, iraní o ruso, y amenaza con hundir cualquier carguero que pretenda acercarse a la isla, este tipo de bloqueo, que antes no ocurría, es ya criminal. No hay petróleo para producir energía, la isla colapsa, los únicos que tienen algo escondido para sobrevivir son los mismos jerarcas del régimen, pero los civiles tienen más hambre que nunca y los niños se mueren en los hospitales porque las incubadoras no funcionan, bien sea por falta de energía o porque no hay repuestos para reparar las que fallan. Esto es un crimen atroz ordenado por el régimen de Donald Trump.También matar lancheros que a lo mejor cargan cocaína por el Caribe o el Pacífico es un delito. La pena de muerte, sin juicio previo, el bombardeo con armas de guerra contra simples mulas pobres e inermes del narcotráfico, es otra atrocidad. Como atroz es que el ejército de Israel, bajo el pretexto de perseguir a miembros de Hamás, no solo extermine a los terroristas, sino también, al mismo tiempo, a todos los civiles de la misma nación. Para Netanyahu “palestino” y “terrorista” son sinónimos (no importa si son niños de tres años o ancianas).Los crímenes de guerra de Putin en Ucrania, de los que ya casi nadie habla, son otra atrocidad de nuestros días. La guerra es cruel, nos dicen. Y claro que lo es. Pero hasta la guerra tiene reglas mínimas: no se puede bombardear a los civiles no combatientes, no se puede torturar a los soldados capturados en combate; no está permitido secuestrar y dar en adopción a los niños que quedan vivos después de un bombardeo en el que mataron a sus madres. Otra infamia que se normaliza en el mundo de hoy.También en Colombia va a ganar un candidato que desprecia la ética, los mínimos requisitos del Estado de derecho, y que gobernará imitando a Trump y a Bukele, o imitando al corrupto y nefasto régimen castrista. Es esto lo que nos indigna, lo que nos desespera a quienes vamos a perder las elecciones. La solución a los males del mundo o del país no son las recetas fáciles y falsas de los extremistas. Pero esta es la temperatura y la ideología que se impone en el mundo: la de la locura inmoral y sin ética de los extremistas de izquierda o derecha. Conoce más
Las cosas atroces que a nadie le importan
“En Colombia va a ganar un candidato que desprecia la ética, los mínimos requisitos del Estado de derecho”: Héctor Abad Faciolince















