Hace unos tres meses y medio, el pasado 31 de enero, el Prat de Llobregat inauguró un bloque de viviendas con un total de 101 pisos, ubicado en el barrio del Eixample Sur de la ciudad. No es un inmueble más, sino que se trata del edificio cooperativo más grande de Catalunya y constituye un claro ejemplo de cooperación público-cooperativa para intentar abordar la problemática del acceso a la vivienda. Se ha levantado en un terreno de 3.300 metros cuadrados cedido por el Ayuntamiento y lo ha promovido la Cooperativa Obrera de Viviendas (COV).PublicidadEl proyecto, que ha tenido un coste de 18 millones, se ha sufragado con recursos propios de la COV y créditos de la cooperativa de servicios éticos y financieros Coop57, de Fiare Banca Ètica y del público Institut Català de Finances (ICF). Los inquilinos, que ya se han establecido, pagan entre 300 y 600 euros mensuales, en función del tamaño del piso, que puede tener una, dos o tres habitaciones.La COV no es una recién llegada en la promoción de vivienda, sino que su andadura arranca en 1962, aún en plena dictadura franquista, y la historia de la segunda mitad del siglo XX de la ciudad costera del Baix Llobregat difícilmente puede explicarse sin mencionarla. En pleno 2026, la entidad sigue bien viva y proveyendo de varios servicios el más de millar de socios que aglutina y totalmente consolidada como un referente del cooperativismo y de la vivienda asequible en la comarca. Para hablar de ello nos reunimos en las oficinas de la COV con su director, Álvaro Puertas.La Cooperativa Obrera de Vivienda surge, por tanto, en plena dictadura franquista. En unos años, la década de los sesenta, en que cientos de miles de personas llegaron a Catalunya provenientes sobre todo del sur de España, lo que provocó un enorme crecimiento demográfico, concentrado especialmente en las comarcas barcelonesas, aunque no únicamente. En el caso de El Prat, pasó de unos 14.000 habitantes en 1960 a más de 60.000 en 1981, es decir, que en dos décadas su población se multiplicó por cuatro (actualmente tiene unos 66.250). Este salto demográfico generó una "tremenda necesidad de vivienda", recuerda Puertas.El Prat multiplicó por cuatro su población en los años en que la COV construyó un millar de pisosEn una ciudad entonces industrial -con polos de atracción como la histórica La Seda-, encontrar trabajo no era difícil para los miles de nuevos vecinos que llegaban, pero no pasaba lo mismo con el alojamiento. Familias abocadas a alquilar habitaciones o la aparición de campamentos de chabolistas eran fenómenos comunes en aquel momento y la situación llevó a varios obreros a compartir sus problemas y a unirse para buscar una solución. Inspirándose en el ejemplo reciente de casos como la cooperativa barcelonesa del Sagrat Cor decidieron replicar el modelo en El Prat. No sin dificultades.Publicidad"El nombre ya fue un problema, costó mucho trabajo conseguir inscribir una Cooperativa Obrera", explica el actual director de la COV, que añade que tampoco fue nada fácil encontrar los recursos para sacar adelante la primera promoción de viviendas: "Encontraron muchas resistencias, no sólo de las entidades financieras de aquel momento, sino del sector de la construcción y la promoción de viviendas, que no se fiaba y no veía con buenos ojos lo de hacer la vivienda a precio de coste".Los números no salían y la manera de superar este obstáculo determinante fue crear un grupo de obra con parte de los socios iniciales de la cooperativa para que ellos mismos trabajaran en la construcción de los pisos para abaratar los costes. Dicho y hecho, el proyecto se fue expandiendo y hasta 1975 la COV promovió y construyó más de 40 escaleras y más de 1.000 pisos, creando lo que hoy se conoce como el barrio cooperativo del Prat. Las familias que se instalaban adquirían la propiedad del piso y, al mismo tiempo, se convertían en socios de la entidad.PublicidadMejorar las condiciones de vida de los sociosLa COV no se limitó al abastecimiento de vivienda, sino que también empezó a ofrecer servicios a los socios, una dinámica que ha mantenido desde entonces y que explica porque hoy se mantiene muy viva. En aquellos años 60, 70 e, incluso, 80, el cooperativismo de vivienda era fundamentalmente de propiedad -y no de alquiler, sobre todo en cesión de uso, como se estila hoy - y una vez el bloque o la promoción estaba terminada lo más habitual es que la cooperativa se disolviera." La asamblea general, la base social de la COV, decidió no disolver la cooperativa cuando se detuvo la demanda inicial de vivienda, sino retener la propiedad de los locales de todos estos edificios que construyó [situados en los bajos] y alquilarlos y con estos ingresos hacer inversiones para mejorar las condiciones de vida de las familias", explica Puertas.Como por ejemplo, crear una escuela propia con un modelo innovador en la época, impulsar clubes juveniles o montar un comedor social que servía de "punto de encuentro" entre las familias, entre otros. Lo que se buscaba era dar servicio "a la segunda generación, a los hijos e hijas de los socios de la cooperativa". También creó empresas propias, como Mueblecoope, dedicada a fabricar muebles a medida para los pisos de los socios, o Telecoope, que gracias a un acuerdo con el grupo cooperativo vasco Mondragon conseguía electrodomésticos de la marca Fagor a muy buen precio.A diferencia de otros casos de la época, la COV decidió no disolverse y mantener locales y pisos que le han permitido hacer inversiones y ofrecer serviciosAquellos años de intensa actividad, la COV llegaría a tener unos 140 trabajadores, mientras que hoy mantiene una docena, dedicados básicamente "a la atención del socio y la gestión del patrimonio inmobiliario de la cooperativa, formado por los locales de alquiler y tres edificios de viviendas también de alquiler [en total gestiona 279 pisos]; y al mantenimiento y la rehabilitación de las viviendas".Retorno a la promoción de pisosHace dos décadas, en plena burbuja inmobiliaria, los descendientes de los primeros cooperativistas eran quienes topaban con grandes dificultades para acceder a una vivienda digna. La detección de esta necesidad es lo que llevó a la COV a retornar a la promoción y construcción de viviendas, después de más de 30 años sin hacerlo.El primer resultado fue el edificio Lo Gaiter, que se inauguró en diciembre de 2009 -en plena crisis económica y financiera por el estallido de la burbuja- y consta de 12 pisos de alquiler asequible. El proyecto fue una "especie de experimento" para adaptarse a los enormes cambios -a nivel técnico, constructivo o de normativa urbanística- sucedidos desde 1975 y una vez culminado abrió la puerta a empezar a planear un inmueble mucho mayor que contribuyera a paliar la crisis de vivienda de El Prat, no solo de los hijos -o nietos- de la base social de la COV.Lo detalla su director: "Comprobamos que volvía a haber una gran demanda de vivienda, de la segunda y la tercera generación de socios y hace más de una década iniciamos conversaciones con el Ayuntamiento para tener esta cesión de suelo público donde la cooperativa podría construir y gestionar un edificio de viviendas cooperativo de alquiler". El consistorio ha cedido el suelo a la COV durante 75 años, prorrogable a 99, y después el inmueble pasará a manos públicas."La cesión de suelo permite que la vivienda sea asequible, y la cooperativa se hizo cargo de la promoción, construcción y gestión posterior del edificio", añade Puertas. En este caso, el 25% de los pisos estaban reservados a la base social de la propia COV, sean socios de vivienda o sus hijos y nietos, y el 75% se ha destinado a personas que figuraban en las listas de demandantes de pisos protegidos de El Prat.PublicidadEn este proceso, la COV ha llevado a cabo un cambio de estatutos que la ha convertido en una cooperativa integral de vivienda y de consumo, que permite integrar como socios y, por tanto, ampliar su base social -actualmente formada por unas 1.100 personas- las personas que acceden a las viviendas de alquiler o a sus servicios, que se han ido transformando en función de las necesidades de sus socios. Así ahora la COV dispone de un centro de día, que gestiona Suara Cooperativa; un casal de personas mayores "abierto a todo el mundo" y donde se hacen varias actividades, y un segundo casal de personas mayores más destinado a actividades físicas, desde gimnasia, a clases de yoga o baile, entre otros.Modelo a impulsarSiguiendo el ejemplo de la Cooperativa Obrera de Vivienda o de las promociones que, entre otras, impulsan entidades como Sostre Cívic, Álvaro Puertas considera que potenciar la vivienda cooperativa es "fundamental" para contribuir a paliar la actual crisis de la vivienda. "Por ley, la cooperativa debe proveer de vivienda a precio de coste y en el actual contexto la colaboración público-cooperativa es necesaria porque necesitamos de suelo público o gestionado por entidades públicas para que realmente pueda ser asequible", detalla. Ahora bien, para que el modelo cooperativo haga realmente un salto de escala, Puertas ve necesario que, más allá del apoyo público -también en la financiación, a través de entidades como el ICF-, sería necesaria la "implicación de la banca comercial" más clásica.De cara al futuro, defiende que la COV debe continuar proveyendo de viviendas y de servicios a sus socios, una actividad que en buena parte es posible gracias a la innovadora decisión tomada hace décadas de mantener la propiedad de locales y pisos, que ahora le garantizan unos recursos económicos propios. Asimismo, explica que contemplan poner en marcha nuevas promociones, si bien más pequeñas que la del bloque de 101 pisos inaugurado en enero, gracias justamente al patrimonio que acumulado durante años.PublicidadEl impulso de nuevas promociones de vivienda asequible -la aportación inicial de los residentes al nuevo bloque fue apenas de 160 euros, para adquirir el título social de la cooperativa- también debe ser un elemento que contribuya a rejuvenecer la media de edad de los socios de la entidad.Todo ello para garantizar larga vida de una COV que durante sus más de seis décadas de vida ha demostrado una constante capacidad de adaptación a las necesidades de sus miembros y que proveer de vivienda asequible es perfectamente viable cuando uno se aleja de las limitaciones de un mercado regido por la búsqueda del máximo beneficio económico.