“Tenía dos unidades de internación, con aproximadamente 70 camas. Tuve que cerrar toda una sección, que ahora está dedicada a ginecología. En la maternidad tengo 22 camas…y me sobran”, dice a Clarín Miguel Huespe, el jefe del Departamento Materno Infantil del Hospital Santojanni.Esto era "impensado", dice, cuando ahí mismo hizo la residencia, hace 40 años. "Me acuerdo cuando había 4.500 nacimientos por año, y cuando me dieron el cargo, en 2018, hice un estudio de proyección en el que pensé que hoy iban a ser 5 mil por año. Con suerte tenemos 1.300”, compara.A los jefes de obstetricia entrevistados en esta nota no les sorprende el cierre, días atrás, de la maternidad del Sanatorio Finochietto, que fue epicentro del boom de rusas que venían a parir a Argentina para conseguir nuestro pasaporte. Es el segundo más resonante, después de que en 2023 cerrara la del Instituto Diagnóstico (IADT). Pero el achicamiento de las que siguen abiertas es silencioso.Es que el llanto primordial de los bebés se escucha cada vez menos en la Ciudad, y las camas en las que antes descansaban mujeres con recién nacidos en brazos ahora son destinadas a otras especialidades más demandadas. Es el efecto más natural de la baja en la tasa de natalidad, que según el último informe de Estadísticas Vitales fue en el país del 47% en una década. Esto no impacta sólo en el sector privado. Ni sólo en la Ciudad.El servicio de maternidad funcionaba en el Finochietto desde 2013. La clínica privada indicó que el cierre se debe a la "innegable" caída de nacimientos, y que en esos espacios instalarán nuevos quirófanos y Unidades de Cuidados Ambulatorios (UCAs). El mes pasado, el Ministerio de Salud de Mendoza cerró la maternidad del Hospital Carlos Saporiti por los pocos mendocinos que nacían en ese centro de la localidad de Rivadavia: en ese lugar van a abrir un área de salud mental."Finochietto y el IADT son los cierres más llamativos, pero también cerraron las maternidades de la Clínica Santa Isabel y la del Sanatorio de La Trinidad Mitre, ambos privados. Imaginate semejante complejidad que tiene la neonatología, la aparatología, en el sector público. El costo de un recién nacido en 'neo' es tremendo, lo tenés 90 días internado", marca Huespe.Comparado al resto de los hospitales porteños, asegura, el Santojanni mantiene un número "razonable" de partos al año (aunque pasó de 1.891 en 2020 a 1.219 ahora), porque atiende embarazos de alto riesgo, recibe derivaciones por complicaciones como acretismo placentario (la placenta se adhiere a la pared del útero), y tiene neonatología de tercer nivel, banco se sangre y terapia intensiva para las mujeres que acaban de parir y la necesiten."En el Durand, el Pirovano y el Velez Sársfield tienen 1.000 partos al año o menos", asegura. El Fernández, que es polivalente como el Santojanni, también puede llegar a los 1.500 anuales. Pero el Penna no supera los 1.300.La "madre de todas las maternidades" en la Ciudad es la Maternidad Sardá, y en la última década también sintió el golpe de que cada vez nacen menos bebés. "Aunque en los últimos 3 años el porcentaje de descenso se frenó bastante", según pudo saber este diario de fuentes ligadas al hospital.Desde el Ministerio de Salud de la Ciudad dijeron a Clarín que en 2025 en la Sardá hubo 3.321 nacimientos. El número en esa maternidad pública llama fuertemente la atención porque, por ejemplo, supera por muy poco a la cantidad de bebés que nacieron en el Sanatorio Otamendi el año pasado. "Tuvimos una caída del 25%, mucho menos pronunciada que en los sanatorios que nos rodean. Terminamos 2025 con 3.010 nacimientos. Pero hay que entender que el Otamendi tiene la primera neonatología privada de la Ciudad, eso te da un crédito importante", explica Hernán Jensen, jefe de Obstetricia del sanatorio."Esto no tiene que ver con el sector público o privado. El tema es la baja natalidad, que consume un montón de gastos en neonatología. A veces no se entiende por qué cierra una maternidad, que es de bajo costo... pero lo de alto costo es la neonatología. Si vos tenés, por ejemplo, 20 camas de 'neo', si no tenés 200 partos esas camas no están ocupadas y no te da una productividad", describe Jensen.En algún momento hasta el Otamendi se planteó "bajar unas camas de 'neo', no de obstetricia, que se utilizan para internación general", pero no lo hicieron. "En el sector privado es mucho más fácil cerrar una maternidad que en el público, donde tenés que ver bien el impacto social que va a tener. No son los mismos partos que hace 10 años, y se distribuyen en cuatro o cinco maternidades. Nosotros hacemos acciones para seguir siendo atractivos", cuenta el obstetra.Además de toda una historia como centro de referencia privado en la atención de embarazos con riesgo aumentado y posibilidad de nacimientos prematuros, ahora tienen su sala de parto en agua -se ve como un 'jacuzzi' en la suite-, y un equipo de Diagnóstico Prenatal y Genética Médica.En ese sanatorio nacen menos bebés y aumenta el número de primerizas. También la edad de esas mujeres. "Hace 10 años el promedio era de 24 años, hoy tienen 35", apunta el especialista.Desde CEMIC dicen a Clarín que comparado con pre-pandemia "la cantidad de nacimientos bajó un 40%". Y por eso también eligieron tener más opciones que ofrecer en los casos que necesiten atención de mayor complejidad: "Apostamos por la inversión en neonatología, pediatría y obstetricia, orientándonos a los partos de alto riesgo".Según un relevamiento de Clarín en diferentes maternidades públicas, para la atención de base se necesitan de 1 a 3 médicos internos de guardia, 3 parteros de guardia, 4 neonatólogos, y 4 turnos de enfermería para obstetricia y neo. También están los residentes, y los concurrentes, pero estos no perciben un sueldo. Cuando los titulares faltan, se paga la suplencia con otros médicos.Existen 12 maternidades públicas en la Ciudad, y Huespe, que también es profesor titular de la cátedra de Obstetricia de la UBA, sugiere que los mejor es concentrarlas "en cuatro o cinco, según el criterio de regionalización". Que existan donde son más necesarias. "No está planificado al menos por el momento que en los hospitales se refuncionalicen esas áreas para usarlas en otras especialidades", responden desde el Ministerio de Salud porteño.La Sardá, en la que más bebés nacen, es monovalente, es decir, no tiene ni urólogos ni cirujanos cardiovasculares, por lo que, ante cuadros graves, realiza derivaciones. "Si se centralizan las maternidades, mejora la atención. Está probado que en maternidades con menos de 1.000 partos al año, hay más mortalidad", cierra Huespe.