El iluminado frontis del cementerio El Salvador parece una marquesina. Así luce habitualmente pero la noche del viernes pasado cobra especial sentido porque detrás de la reja de ingreso, donde nace la calle principal de la necrópolis, entre el mausoleo en el que yacen los restos de Ovidio Lagos y la tumba de Lisandro de la Torre, hay una decena de filas de sillas negras delante de una pantalla grande. Hace frío y quienes se van a sentar en esos lugares empiezan a llegar como a cualquier otra actividad cultural aunque ésta sea distinta: es la primera vez que se va a proyectar una película en este lugar sagrado de la ciudad. Una película de terror, según se anuncia. Una de vampiros: El ansia, de 1983, con David Bowie, Catherine Deneuve y Susan Sarandon, dirigida por Tony Scott. Una obra de culto en el género, que mezcla erotismo, horror y estética new wave.
Éxito de taquilla
Dos días antes de la singular función, las entradas sólo se conseguían online a 16 mil pesos: en dos horas se agotaron los 50 espacios disponibles. Se agregaron entonces 20 más que también encontraron a sus dueños en cuestión de minutos, y hubo unas 180 personas que se anotaron para quedar en lista de espera.
“La reacción del público fue tremenda, y lo dejamos de comunicar porque la verdad es que se recontra llenó”, dice el periodista Nicolás Maggi, responsable de este inédito suceso, al frente del colectivo Turbio, una comunidad que nació en las redes sociales y pegó el salto a lo terrenal hace algún tiempo con encuentros de este tipo en distintos escenarios.












