“Nos anestesiaron”. La frase del intendente de Villa General Belgrano, Oscar Santarelli, sintetizó uno de los debates más crudos que hoy atraviesa a los municipios cordobeses: qué cosas del modelo económico de Javier Milei llegaron para quedarse y cuáles deberán corregirse para evitar un desgaste social más profundo.

En una mesa política que reunió a 19 representantes del interior provincial en Goulú, los intendentes coincidieron en algo incómodo pero inevitable: el equilibrio fiscal dejó de ser una bandera partidaria para convertirse en una obligación de supervivencia. El problema, admiten, es cómo sostenerlo mientras aumentan la desocupación, la demanda social y los reclamos vecinales.

“El superávit fiscal va más allá de cualquier color político y es lo más sano para el país. El tema es saber cómo se consigue ese objetivo”, planteó Santarelli. Aunque reconoció logros macroeconómicos del Gobierno nacional, advirtió que “la gente tiene que ver la luz al final del túnel” y cuestionó que la administración libertaria “no incorpora a la gente” dentro del esquema de ajuste.

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La intendenta de Río Primero, María Ángeles Arneudo, compartió esa mirada y sostuvo que “hay que sostener esos objetivos pero con la gente adentro”, al cuestionar los recortes en áreas sensibles como salud, educación y asistencia social.