Este sábado, noventa años después de su inauguración, el Obelisco volvió a reunir una multitud sobre Avenida Corrientes y 9 de Julio. El monumento que nació como una intervención urbana terminó transformándose en uno de los puntos estéticos y visuales más reconocibles de la Argentina y el mundo. Pocas estructuras lograron escapar a su propia condición arquitectónica para convertirse en un símbolo cultural. El Obelisco atravesó gobiernos, crisis económicas, celebraciones deportivas y transformaciones sociales, y lo hizo sin perder centralidad. En el lugar del Obelisco de Buenos Aires flameó por primera vez la bandera argentina | Foto: Pablo Cuarterolo La historia porteña parece haber desarrollado una extraña costumbre: tarde o temprano, cualquier acontecimiento importante termina pasando a su alrededor. Como si la ciudad utilizara esa aguja de hormigón como un punto fijo para ordenar sus recuerdos.

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El Obelisco de Buenos Aires fue inaugurado el 23 de mayo de 1936 | Foto: Pablo Cuarterolo Galería de fotos: los festejos por los 90 años del Obelisco de Buenos Aires En sus primeros años, el monumento fue blanco de cuestionamientos. Hubo críticas a su estética y también pedidos de demolición. Su presencia alteró la geografía urbana y despertó resistencias. Con el paso de las décadas ocurrió algo frecuente con ciertos símbolos: aquello que generó rechazo terminó absorbido por la identidad colectiva de la ciudad. Festejos, protestas y títulos mundiales terminaron a los pies del Obelisco porteño | Foto: Pablo Cuarterolo Su silueta se convirtió en una pieza reconocible incluso fuera del país. Para millones de turistas, una imagen de Buenos Aires parece incompleta si el Obelisco no aparece en algún punto del encuadre. Con el tiempo dejó de ser únicamente un monumento porteño para adquirir una dimensión regional. Su imagen circuló en películas, transmisiones deportivas, campañas publicitarias y producciones culturales. La construcción del Obelisco de Buenos Aires se completó en apenas 31 días | Foto: Pablo Cuarterolo Naturalmente, las celebraciones del fútbol argentino encontraron allí su escenario. Desde campeonatos locales hasta títulos mundiales, generaciones enteras asociaron los festejos masivos con ese punto exacto de la ciudad. El Obelisco desarrolló una condición poco frecuente: funciona al mismo tiempo como postal turística y como territorio emocional —e incluso político— compartido. El Obelisco porteño alcanza los 67,5 metros de altura sobre la avenida 9 de Julio | Foto: Pablo Cuarterolo El Obelisco no fue ajeno a protestas, reclamos sociales y movilizaciones políticas. En distintos momentos históricos se transformó en una especie de plaza vertical donde la sociedad argentina proyectó demandas y tensiones. Su capacidad para absorber significados distintos explica parte de su permanencia. Cambiaron las consignas, los protagonistas y los contextos; el fondo permaneció intacto. El Obelisco de Buenos Aires fue diseñado por el arquitecto Alberto Prebisch | Foto: Pablo Cuarterolo La música también lo hizo suyo. En el Obelisco se realizaron recitales masivos que marcaron distintos momentos de la historia cultural argentina. El Obelisco porteño pasó de ser cuestionado a convertirse en símbolo de Buenos Aires | Foto: Pablo Cuarterolo Charly García fue allí una de las figuras centrales de “Mi Buenos Aires Rock” en 1990, un encuentro que reunió a unas 100 mil personas. Un año más tarde, Soda Stereo protagonizó su histórico recital gratuito frente a cerca de 250 mil espectadores y terminó de convertir ese punto de Buenos Aires en un escenario cultural de escala regional. El Obelisco porteño se levantó donde antes funcionaba la iglesia de San Nicolás | Foto: Pablo Cuarterolo Y algo más profundo. Existen en Sudamérica construcciones históricas más antiguas. También más grandes y mucho más complejas desde el punto de vista arquitectónico. Sin embargo, pocas conservan una potencia visual tan inmediata. Festejos y derrotas. Llanto y euforia. De la esperanza a la tragedia. Siempre ahí, omnipresente. Noventa años después, el Obelisco sigue haciendo lo mismo que hizo desde el primer día: mantenerse inmóvil mientras la ciudad sucede alrededor suyo. NG