Hay teorías que uno construye antes de entrar a un concierto. La mía para la noche del 22 de mayo en el Movistar Arena era sencilla: cuando la música obliga a bailar, las sillas sobran. Lo pensé al ver las filas organizadas, los palcos, la logística impecable de un recinto acostumbrado a conciertos multitudinarios. Y me dije que esa idea tendría prueba unas horas después, cuando saliera al escenario El Gran Combo de Puerto Rico, una agrupación con 64 años de historia ininterrumpida y tantos éxitos como para poner a tres generaciones a cantar al tiempo. No tardé mucho en comprobarlo.Las puertas se abrieron sobre las 6:00 p.m. y la espera comenzó acompañada por salsa. Después llegaron Los Muñecos de la Ciudad, agrupación local que se encargó de prender una fiesta que parecía haber empezado antes de tiempo. Hicieron, incluso, una batalla de introducciones salseras para que el público eligiera a su favorita y ganó ‘Pedro Simón’, de la Orquesta Colón. Desde ese primer momento, el público del Movistar Arena respondió como si el concierto principal ya hubiera empezado.Ahí apareció la primera evidencia de mi teoría: la gente quería bailar. Buscaban espacio entre filas, corrían discretamente las sillas o simplemente se levantaban de su lugar a tirarse algunos pasos.El Gran Combo en Bogotá confirmó que escuchar salsa sentado es casi un pecadoAnddy Caicedo fue el segundo invitado de la noche y apareció para seguir calentando motores en una espera que resultó un poco larga, teniendo en cuenta que entre el primer artista y la salida de El Gran Combo pasaron cerca de dos horas. Sin embargo, el tiempo no pesó en ningún momento. Más de 14.000 personas, con el recinto completamente lleno, parecieron entender que la paciencia también hace parte del ritual antes de una noche grande.Anddy Caicedo durante su presentación previa al concierto de El Gran Combo de Puerto Rico en el Movistar Arena.Fotografía por: Tomás Osorio/El EspectadorA las 10:30 p. m. las luces se apagaron y, de fondo, una voz recordó que la llamada Universidad de la Salsa lleva más de seis décadas recorriendo escenarios y construyendo himnos. Poco a poco fueron aparecieron los músicos de la banda. Después los cantantes Anthony García, Joselito Hernández y Jerry Rivas. Y finalmente sonó ‘Me liberé’, la primera canción de este concierto.Durante más de dos horas, hasta las 12:40 a.m., El Gran Combo recorrió éxitos como ‘Brujería’, ‘Esos ojitos negros’, ‘Trampolín’, ‘No hago más na’‘, ‘Aguacero’, ‘Ojitos chinos’, ‘La fiesta de Pilito’ y muchos más. Seguramente hubo asistentes que esperaban otros clásicos, como ‘Carbonerito’. Sin embargo, es inevitable que muchos temas no sean incluidos cuando se tiene un catálogo tan amplio y apenas dos horas de show. Precisamente, de eso hablé meses atrás con Jerry Rivas: elegir repertorio implica pensar qué canciones pertenecen emocionalmente a cada país y admitir que varios temas deben quedar por fuera del repertorio.Por supuesto, en medio de una noche sublime también hubo espacio para los homenajes: en pantalla aparecieron imágenes de Rafael Ithier, fundador de la agrupación fallecido el 6 de diciembre del pasado, a quien se homenajeó con videos y recuerdos. Un momento similar se vivió con el tributo a Papo Rosario, otro miembro del grupo que murió el 12 de diciembre del 2025, y a Johnny Ventura (’El Caballo Mayor’), que falleció el 28 de julio del 2021).El público respondió de principio a fin. La mayoría de los asistentes no dejaron de bailar ni cantar, ni siquiera con las canciones que la organización colocaba de fondo en los cambios de artistas. Y explotó todavía más cuando llegó ‘Colombia tierra querida’. Ver acordeones acompañando la versión salsera de este clásico de la música nacional, mientras miles cantaban, convirtió el Movistar en algo parecido a una fiesta familiar gigante.Al final, Jerry Rivas agradeció el lleno total que tuvo este concierto y prometió regresar. El público pidió otra. Él volvió para anunciar que no serían una, sino dos canciones más, entre las que incluyó ‘Un verano en Nueva York’.Y ahí terminó de confirmarse la teoría que me rondaba la cabeza desde temprano: las sillas tuvieron dueño esa noche, pero casi todas terminaron sobrando. No porque faltaran personas para ocuparlas, sino porque hay música —como la de El Gran Combo de Puerto Rico— que no fue hecha para escucharse quieto.Por Daniel Guerrero AldanaPeriodista y comunicador social egresado de la Universidad Central con máster en Innovación Social. Escribe sobre entretenimiento, con enfoque crítico y sensibilidad por las historias que conectan con la gente.Temas: