Adam Szyska ha sido testigo de las mayores crisis humanitarias que han dejado los conflictos. Paramédico de profesión, su vista distingue perfectamente las heridas de guerra que rompen los cuerpos: amputaciones, heridas de metralla, traumatismos o quemaduras. El tiempo es vital para saber cómo actuar ante cada una de ellas y aquí, en el MEDEVAC Hub, los sanitarios saben manejar las manecillas para ganar tiempo de vida. Que este centro haya conseguido erigirse en sí mismo es casi un milagro. A 90 kilómetros de la frontera con Ucrania, se encuentra el aeropuerto de Rzeszów, en la localidad de Jasionka, que, de un día para otro, se vio obligado a cambiar su razón de ser. De ser un pequeño aeropuerto regional, este aeródromo se ha convertido en un hub de envío de ayuda militar a Ucrania, pero también en la primera parada que hacen los pacientes que antes de la guerra recibían su tratamiento médico en los hospitales de Ucrania. La invasión rusa se ha colado en todos los recovecos de la sociedad ucraniana y los hospitales ya no cuentan con la capacidad de curar a sus pacientes habituales. Fue la Unión Europea quien, en un tiempo récord, detectó que los hospitales ucranianos —y también los de países vecinos como Moldavia o Eslovaquia— comenzaban a verse desbordados por la llegada masiva de heridos de guerra y pacientes crónicos sin acceso a tratamiento. Para aliviar esa presión, Bruselas activó un sistema europeo de evacuación médica y eligió la localidad polaca de Jasionka como punto estratégico para crear un centro de tránsito sanitario. Nada más entrar a este centro, tres banderas: la polaca, la de la Unión Europea y la de Ucrania, cuelgan encima de unas camillas de hospital. Un recuerdo de lo que supone esta colaboración "única en el mundo", tal y como asegura Szyska, y que da a los ucranianos un alivio de la guerra, a pesar de ser una parada temporal para pacientes ucranianos en camino hacia hospitales europeos”, recuerda Szyska. Desde el inicio de la invasión a gran escala, la Unión Europea ha convertido la asistencia sanitaria a Ucrania en una de las principales columnas de su apoyo humanitario. Bruselas ha movilizado más de 1.300 millones de euros en ayuda humanitaria destinada, entre otros fines, a la atención médica, el suministro de equipos hospitalarios, evacuaciones de emergencia y tratamiento de heridos de guerra. A ello se suman otros 181 millones de euros canalizados a través del mecanismo europeo rescEU para material sanitario y operaciones de protección civil. En el caso del hub, financiado a través del Mecanismo de Protección Civil de la UE e inaugurado oficialmente en septiembre de 2022, funciona como una escala médica temporal: los pacientes llegan en ambulancias e incluso autobuses medicalizados desde Ucrania, reciben atención sanitaria y apoyo psicológico durante unas horas o días, y después son redistribuidos en vuelos medicalizados a hospitales de toda Europa capaces de asumir los tratamientos que Ucrania ya no puede ofrecer. "Alrededor del 60% son casos de traumatología y cerca del 30% corresponden a pacientes oncológicos", resume el paramédico. El resto son niños, "también quemados y otras personas que necesitan prótesis" o son pacientes todavía más complejos. "Muchos llegan con amputaciones, fracturas, fijadores externos, heridas por metralla o lesiones causadas por explosiones y derrumbes", sostiene. Pero el MEDEVAC es la esperanza de muchos. Pacientes con cáncer, niños enfermos o heridos directamente del frente ucraniano ven en este centro logístico su posibilidad de vivir. El centro puede asumir a unas 50 personas a la vez: 20 tumbadas y otras 30 sentadas o de pie. Una cifra que ya de por sí es un reto para poco más de una docena de médicos que están a cargo del centro. A veces el tránsito por el hub dura 40 minutos; otras veces, dos días; en los casos más complicados pasan a ser semanas. Szyska coge un rotulador y empieza a garabatear flechas que nacen en el frente de Ucrania y mueren en diferentes países de Europa: Francia, Alemania, Dinamarca, Países Bajos o Suecia. Una vez que los hospitales aceptan recibir a estos pacientes, son ellos "los que eligen a dónde ir. Suelen elegir los países más cercanos por su propia comodidad y la de sus familias", asegura. Todo el proceso de evacuación empieza en Lviv, ciudad que también se ha transformado en punto de concentración de pacientes procedentes de distintos hospitales del este de Ucrania. Si existe una oferta de tratamiento en algún país europeo —en coordinación con la Comisión Europea—, los convoyes parten desde los centros hospitalarios de origen hasta este nodo logístico. Una vez en Lviv, los pacientes son reunidos en un único lugar antes de su posterior traslado en una operación de evacuación masiva que puede implicar distintos destinos dentro del propio país antes de su salida al extranjero. A partir de ahí se activa el procedimiento administrativo a través del Centro de Coordinación de Respuesta a Emergencias (ERCC), que recibe los datos de los pacientes propuestos para evacuación, junto con sus diagnósticos, con el objetivo de que los países receptores evalúen si pueden asumir su tratamiento. En una primera semana se recopila toda la información clínica, y en la segunda el ERCC la distribuye entre los Estados miembros de la Unión Europea y los países asociados al Mecanismo de Protección Civil, una red de cooperación que incluye también a países como Turquía, no europeos, para la respuesta conjunta ante crisis. Tras completar la atención médica, el recorrido se realiza a la inversa: avión hasta Jasionka y, desde allí, transporte terrestre de regreso a Ucrania porque, a pesar de la guerra, los pacientes "quieren volver a su país". TE PUEDE INTERESAR Así ha cambiado Ucrania las guerras del presente y el futuro Fermín Torrano. Donbás (Ucrania) Gráficos: Emma Esser Más allá del tratamiento físico, la atención psicológica es una parte esencial del trabajo en el hub. Muchos pacientes llegan con el ruido de la guerra aún instalado en su mente: un portazo, un sonido repentino o más fuerte de lo habitual puede evocar de inmediato el estallido de un misil en personas que han vivido durante meses bajo ese sonido. Se trata, en muchos casos, de cuadros de estrés postraumático especialmente presentes entre militares, aunque también extendidos a la población civil. Por ello, el centro busca ofrecer un entorno lo más tranquilo posible, alejado de las notificaciones del móvil, las alertas aéreas o la exposición continua a las noticias del frente. Entre los recursos disponibles, el hub cuenta con una pequeña biblioteca, pensada como espacio de calma, donde los pacientes pueden leer y desconectar, aunque sea durante unas horas, de las imágenes y sonidos de la guerra.