Ni paz, ni guerra, sino todo lo contrario. En medio de incesantes rumores sobre un fin de semana en el que iban a pasar cosas importantes, Estados Unidos está lanzando señales de que está cerca de llegar a un acuerdo que podría prorrogar el actual alto el fuego con Irán, un conflicto que quedaría congelado de momento. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo el sábado que analizará el último borrador del acuerdo con Irán junto a sus asesores y que podría tomar una decisión sobre si reanudar la guerra antes del domingo, según informó Axios tras hablar con el mandatario republicano. “O llegamos a un buen acuerdo o los mandaré al infierno”, afirmó, según Axios. Marco Rubio, jefe de la diplomacia de Estados Unidos, ha dicho este sábado en la India que su país ha logrado avances en sus negociaciones con Irán. “Se han hecho progresos. Incluso mientras le hablo ahora mismo se está trabajando. Existe la posibilidad de que, ya sea más tarde hoy, mañana o en un par de días, tengamos algo que decir”, dijo el secretario de Estado en la Embajada de su país en Nueva Delhi. También abonaron la tesis del optimismo representantes iraníes y los negociadores paquistaníes. El ministro iraní de Exteriores, Abbas Aragchí, ha dicho que su país está terminando un memorándum que recoja los puntos del acuerdo después de que el negociador paquistaní, Asim Munir, se reuniera con su homólogo de Irán. Munir, también jefe del Estado Mayor paquistaní, ha hablado de negociaciones “prometedoras” para llegar a un acuerdo. El diario Financial Times ha dado más detalles. Según esta publicación, los mediadores creen que están “a punto de alcanzar un acuerdo” para prorrogar durante 60 días el alto el fuego entre los dos enemigos enfrentados. El objetivo, según este periódico, que cita a personas anónimas al tanto de las conversaciones, sería establecer un marco para las negociaciones sobre el programa nuclear de Teherán y la reapertura gradual del estrecho de Ormuz, dos de los puntos más espinosos. Si se confirma, el pacto no acabaría definitivamente con una guerra que dura ya casi tres meses, pero supondría un respiro relativo para los dos países. Trump ya había dejado traslucir su optimismo el viernes al afirmar en un encuentro con votantes que el conflicto con Irán “acabará pronto”. El anuncio llegaba después de una intensa semana de diplomacia. Una semana que comenzó con sobresalto, cuando Trump anunció en su red social, Truth, que había llegado a dar órdenes de bombardear de nuevo Irán el martes pasado, algo que hubiera hecho saltar por los aires el alto el fuego que entró en vigor el 8 de abril. Pero, explicó, había cancelado esas instrucciones a última hora, a petición de sus aliados árabes (Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí), porque los tres estaban convencidos de que un acuerdo de paz se encontraba ya casi al alcance de la mano.Desde entonces, los contactos entre gobiernos se redoblaron. Trump habló el domingo con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. El ministro iraní Aragchí conversó con su homólogo saudí, el príncipe Faisal bin Farhan al Saud. Este viernes, el mediador paquistaní se desplazó a Teherán para tratar de cerrar los últimos flecos. También llegó una representación catarí.Mientras, la Casa Blanca modificó en el último momento el programa oficial del presidente. Trump tenía previsto pasar el fin de semana en su club de golf de Bedford, en Nueva Jersey, tras participar en un acto con votantes en la localidad de Suffern, en Nueva York, el viernes. Pero súbitamente, su oficina confirmó que regresaría de ese encuentro con simpatizantes directamente a Washington, donde ahora pasará todo el fin de semana.Desde Helsingborg, en Suecia, donde asistía a la reunión de ministros de Exteriores de la OTAN, el secretario de Estado, Marco Rubio, se mostró este viernes moderadamente optimista sobre las posibilidades de un acuerdo. “Ha habido ciertos progresos. No quiero exagerarlo, pero ha habido algunos movimientos, y eso es bueno”, sostuvo en declaraciones a la prensa. El avance en el diálogo supone un respiro relativo para el mandatario estadounidense, que entró en la guerra convencido de que sería cuestión de un par de días de bombardeos antes de que Irán capitulase y un levantamiento popular depusiera al régimen de los ayatolás. Un triunfo rápido, al estilo del que obtuvo para incluso su propia sorpresa en enero en Venezuela, que le daría las llaves para el muy jugoso sector petrolero de Irán y que cambiaría de modo radical las claves geopolíticas en Oriente Próximo.La realidad ha sido muy distinta. Casi 90 días y miles de muertos iraníes después, ni Teherán se ha rendido ni el régimen teocrático ha caído, pese a las muertes de muchas de sus principales figuras ―incluido el líder supremo Ali Jameneí, sustituido por su hijo Mojtaba―. La República Islámica mantiene bloqueado desde el principio del conflicto el estrecho de Ormuz, el cuello de botella por el que cruzan el 20% del petróleo y el gas mundiales, algo que ha disparado los precios del combustible en el planet. Irán también ha infligido serios daños a bases militares estadounidenses en la zona del golfo Pérsico. La situación ahora parece congelarse sin una salida clara al conflicto. El Pentágono valora en 29.000 millones de dólares el coste del conflicto, después de haberlo situado en 25.000 millones a finales de abril. En ambos casos, las cifras están por debajo de los cálculos de los expertos y no incluyen costes como las reparaciones de los daños en las bases militares. Además, los bombardeos contra Irán, el uso de sistemas de defensa antiaérea y los misiles iraníes han vaciado los arsenales estadounidenses de munición clave y de interceptores; reponer lo disparado o destruido será una tarea de años. El precio de la gasolina no deja de subir en Estados Unidos: desde hace semanas ya supera el pico que alcanzó al comienzo de la invasión rusa de Ucrania, y altos cargos de la Administración temen que acabe superando el infame 5,02 dólares por galón, el máximo al que llegó durante el mandato del demócrata Joe Biden. Arrastrada por esas alzas, la inflación vuelve a dispararse. El mes pasado se situó en el 3,8%, según los datos oficiales, un nivel que no se veía desde los peores años de la Administración de Biden, cuando la economía global pagaba el precio de la pandemia de covid y del estrangulamiento de las cadenas de suministro.Todo ello se refleja en un batacazo de los niveles de popularidad del presidente en las encuestas. A principios de esta semana, un sondeo publicado por The New York Times le adjudicaba un nivel de aprobación del 37%, el más bajo en este segundo mandato. Otro, de Quinnipiac, recortaba la popularidad presidencial a solo el 34%.