Elisa Carrió no puede con su genio. Retirada de la política, sigue buscando la forma de estar vinculada: en la última semana, llamó a periodistas para hacer una mini gira mediática a fin de promocionar una asociación civil que va a conducir. “Hacer publicidad en redes es muy caro”, les dijo.

La fundadora de la Coalición Cívica ya no tiene el poder de fuego de otras épocas y perdió su virtud natural para conseguir buen rating. Ya no es el comodín de los productores, sino que es ella la que pide ir a la tevé. Es que los límites están muy corridos. Antes sus declaraciones rimbombantes hacían temblar a la política tradicional. Hoy, funcionarios y legisladores oficialistas se dicen tantas barbaridades que sus frases pasan casi desapercibidas.

Nacimiento.

De todas maneras, Carrió sigue en actividad. Con un grupo reducido de colaboradores, muchos de ellos históricos de la Coalición Cívica, anunció el inicio de “una asociación civil, no política, que va a luchar contra la corrupción y por el humanismo”, como reveló en un video.

Según pudo saber NOTICIAS, la asociación se llamaría Por La Paz y la Justicia. “Va a girar en torno a las amenazas de las tecnocracias y la tecnología”, dice un colaborador. Por la misma línea va con su Instituto Hannah Arendt. Es la última preocupación de Carrió. Y tiene nombre y apellido: Peter Thiel.