La mañana de ayer, a las 8.20 horas, los termómetros en Santiago marcaron 3,5°C. Apenas un día antes la capital había vivido la jornada más fría del año, con una máxima que durante el día no superó los 10°C y un cielo que mantuvo la sensación térmica gélida durante horas. No hubo heladas masivas ni temperaturas bajo cero, pero sí una combinación atmosférica que se describe como especialmente adversa. El aire frío, la nubosidad baja, junto con la escasa ventilación y la acumulación de contaminantes sobre la cuenca capitalina son la combinación perfecta para la proliferación de enfermedades respiratorias.El resultado comienza a repetirse cada otoño. En este tiempo suben las consultas por cuadros respiratorios, circulación viral temprana y episodios de contaminación que vuelven a instalar la fragilidad ambiental de Santiago.El 10 y 11 de mayo, de hecho, la Región Metropolitana debió decretar alerta ambiental luego de que los niveles de material particulado fino MP2,5 superaran los límites establecidos por las estaciones de monitoreo de calidad del aire. En paralelo, hospitales y clínicas ya observan el aumento habitual de enfermedades respiratorias asociadas al frío.Para la investigadora del Centro Agrimed de la U. de Chile, Paula Santibáñez, el episodio de esta semana respondió a una configuración atmosférica específica. “El anticiclón del Pacífico se desplazó y dejó un corredor estrecho por el que ingresó aire frío desde latitudes más australes”, explica. A diferencia de otros eventos fríos y secos, esta masa de aire incorporó humedad marítima antes de entrar a la zona central. Eso favoreció la formación de neblina, nubosidad baja y un enfriamiento persistente durante el día.Santiago, 22 de mayo 2026.