Todo indica que la segunda vuelta será entre Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella. Aunque en política nada está escrito, las encuestas ya no son solo una foto del momento: trazan una tendencia clara. Abelardo crece, Paloma cae y Cepeda mantiene un voto duro importante, pero también un techo visible. Es hora de unirse. Me explico.La oposición debe asumir de una vez una verdad elemental: divididos, pueden perder una elección que unidos podrían ganar. El país no está para egos, vanidades ni guerras internas interminables. Si el objetivo real es evitar la continuidad del petrismo bajo Iván Cepeda, la prioridad tiene que ser construir mayoría, no destruir al que va adelante dentro del mismo espectro político. Cuanto más pronto la oposición entienda que es imprescindible unirse para ganarle al candidato del Gobierno, mejor; de lo contrario, perderá. Más claro no puede ser.Hay lecciones regionales que no pueden ignorarse. En casos como Venezuela, Ecuador, Argentina, Perú y Chile, la incapacidad de construir mayorías amplias y la prevalencia de egos permitieron el avance de proyectos radicales o polarizadores. Saber leer las tendencias regionales es crucial: Colombia no es una isla. La fragmentación y la imposición de purismos abren espacios que otros aprovechan con narrativas simples y contundentes. Importa diferenciar: en muchos escenarios no fue que la izquierda “ganó” por sí misma, sino que la oposición se desarticuló y dejó el camino expedito.El diagnóstico interno es claro: la campaña de Paloma perdió impulso al no entender que la verdadera apertura consistía en acercarse a la gente que se siente abandonada por el sistema, no en construir solo alrededor de políticos. Es urgente que quienes hoy se colocan en el pedestal de la superioridad moral e intelectual entiendan que los llamados extremos no son únicamente producto de manipulación discursiva –aunque esta exista y pese–; hay una raíz social real: ciudadanos con angustias económicas y sociales que no se resuelven con política de identidad. Se necesitan acciones y mensajes que reconozcan, abran los brazos y no excluyan. Abelardo captó parte de esa lógica y abrazó a su base; Paloma optó por un camino más politiquero y, hasta ahora, se equivocó.Calificar a quienes desconfían de los políticos tradicionales como simples extremistas o polarizados es desconocer el origen de ese descontento. Existe un malestar global frente a élites cada vez más ricas y desconectadas; pensar que sumar élites es la fórmula ganadora es cerrar los ojos ante la realidad. Abelardo interpretó mejor ese clima que otros.Si la pugna actual se confirma y Abelardo y Cepeda llegan a segunda vuelta, quienes hoy se creen superiores deberán bajar la cabeza, entender y actuar en favor del país. Hay quienes ya anuncian que no votarán o votarán en blanco si Abelardo llega a esa instancia; deberían recordar que gestos de desprecio y comodidad moral en elecciones pasadas tuvieron consecuencias concretas, y hoy se paga el precio de la fragmentación. Deberán reconocer el peso y las consecuencias de ir a ver ballenas.La responsabilidad ahora es colectiva. La oposición debe decidir si compite para tener la razón o si se organiza para ganar. Priorizar la unidad estratégica, propuestas concretas y una conexión sincera con las urgencias ciudadanas es la única vía para evitar que las peleas internas entreguen el camino al petrismo. El tiempo para las vanidades se acabó: lo que está en juego es la capacidad de gobernar y atender las necesidades reales de la mayoría.No se puede pregonar que el enemigo es Cepeda cuando eso solo aplica si gana mi candidato. Si Paloma estuviera pasando a segunda, estaría diciendo lo mismo.
Hora de la unión
La oposición debe asumir de una vez una verdad elemental: divididos, pueden perder una elección que unidos podrían ganar. El país no está para egos, vanidades ni guerras internas interminables.












