Este sábado se celebran las bodas de plata del idílico matrimonio que une a Inditex con la bolsa. Se cumplen 25 años desde que las acciones del dueño de Zara empezaron a cotizar en el mercado español, un cuarto de siglo que es la crónica de un éxito indiscutible. Desde ese 23 de mayo de 2001, sus retornos totales (incluidos dividendos) superan el 3.000%, una ganancia equivalente al 15% anual. Por ponerlo en perspectiva: son más de 2.500 puntos porcentuales de ventaja sobre el rendimiento del Ibex. Con estos datos, no hace falta ser un especialista bursátil para darse cuenta de que dar el salto al parqué fue una decisión más que acertada. Pero Amancio Ortega, el fundador de Inditex y una de las mayores fortunas del mundo gracias en parte a los dividendos percibidos durante estos años, no las tenía todas consigo cuando se comenzó a fraguar la operación en 1999. Su miedo era que las métricas financieras se impusieran a los básicos comerciales con los que se había guiado el negocio hasta entonces. Tampoco le terminaba de convencer el interés mediático que iba a despertar la que a la postre fue la mayor salida a bolsa de la historia para una empresa de retail. Nunca le han gustado los focos y su rostro no había aparecido en prensa, pese al éxito del proyecto que inició junto a su hermano en 1963. Sin embargo, en aras de la transparencia, accedió a mostrar su primera imagen pública en la memoria financiera del ejercicio 2000. Fue lo único en lo que cedió, como demuestra que ni siquiera se desplazase a Madrid para el tradicional toque de campana de la jornada del debut. Prefirió vivir ese histórico momento desde la sede de Arteixo (A Coruña). Para explorar la viabilidad de la salida a bolsa, en aquella época se fichó a Marcos López como director de Mercado de Capitales, cargo que ocupó hasta enero de 2025. En la única biografía autorizada por Amancio Ortega, publicada por la periodista Covadonga O'Shea en 2008, ese directivo explica que el fundador "no dice ni que sí ni que no". Se deja asesorar y, aunque hay voces discrepantes, finalmente entiende que ese movimiento es la única vía de futuro para una gran empresa como Inditex. La fotografía de Amancio Ortega en la memoria de Inditex del 2000. (EFE/Inditex) Las dudas eran lógicas. No solo por todo lo que cambia corporativamente al convertirse en empresa cotizada, sino porque el mercado vivía un momento complejo, con el derrumbe de la burbuja puntocom aún en proceso. Aun así, el negocio salió redondo desde el primer minuto de cotización. Quizás fue un golpe de suerte, pero a Ortega le plantearon tres fechas optativas para el día exacto del debut, eligió mayo porque "la gente está más feliz" y ese fue el único mes de 2001 que subió la bolsa. El proceso de colocación destacó por generar la mayor demanda en una OPV en el mercado español (más de 50.000 millones de euros). El estreno bursátil fue fulgurante, con una ganancia del 22,6% que supondría el inicio de unos primeros pasos brillantes, coronados con su inmediata entrada en el Ibex 35 (en poco más de un mes desde su debut), y que le llevaría a registrar precios hasta un 63% superiores a los de su debut solo siete meses después. Una salida a bolsa diferente Para ganarse la confianza de los inversores, la operación se cocinó con ingredientes diferentes a los habituales de la época. Las salidas a bolsa se planteaban "como una cita a ciegas: te dan los números y es como si te tuvieras que casar con un desconocido", explicaba Marcos López en la biografía escrita por O'Shea. Sin embargo, el equipo de mercados de Inditex pidió a cinco grandes bancos que llevasen a la sede de Arteixo a sus responsables en España. Acudieron y se les montó un programa de visitas para explicarles la compañía desde dentro. También fueron a Tordera (Barcelona), donde tiene un centro logístico que permite entender el éxito del negocio. Opinión TE PUEDE INTERESAR Inditex se aleja del radar Carlos Doblado Los inversores institucionales no fueron los únicos en hacerse con acciones. Además de repartir importantes participaciones entre el fundador y sus más allegados, también se hizo partícipes a los empleados. Independientemente de su rango, se acordó entregarles 50 títulos por año trabajado. Es decir, una patronista con 20 años trabajando en Inditex se llevó un paquete mayor que cualquier directivo que hubiese llegado hace un año. Pocos meses después del estreno, se produjo el atentado contra las Torres Gemelas y la posterior guerra de Irak, que agudizaron la inestabilidad de los mercados. De hecho, las bolsas mundiales tardarían varios meses en recuperar el tono (no tocarían suelo hasta marzo de 2003, tras dejarse más del 50% de su valor en tres años). Aun así, el grupo textil fue capaz de hacer valer el atractivo de su historia de crecimiento, pese a las dudas que algunos expertos mostraban sobre su capacidad de imponer las virtudes de su modelo en un escenario de competencia global, con actores mucho más asentados, como la estadounidense GAP o la sueca H&M. Rápido 'sorpasso' a sus rivales No deja de resultar llamativo que Inditex aterrizó en el mercado con una valoración de 9.163 millones de euros, cifras significativas en el mercado español, pero muy inferiores a las de sus grandes competidores. Siguiendo con el mismo ejemplo, H&M y GAP alcanzaban por entonces el equivalente a los 16.000 y 33.000 millones de euros, respectivamente. No obstante, Inditex sorpasó rápidamente a sus rivales, hasta el punto de que la valoración que suman hoy entre esas dos compañías apenas representa una cuarta parte de la del grupo de Arteixo. Un buen hacer que, no obstante, no ha estado exento de momentos difíciles, como los que tuvo que atravesar en 2003, cuando un frenazo en sus cifras encendió las alarmas sobre el posible fin de su crecimiento excepcional y provocó una ola de ventas que estuvo a punto de borrar todas las ganancias acumuladas en sus primeros meses en bolsa. Con un descenso del 28%, aquel no sería solo el primer ejercicio en negativo de la acción de Inditex (el grupo solo ha firmado pérdidas en seis de sus 25 años como cotizada), sino que quedaría marcado desde entonces como el peor registro de Inditex en bolsa. Lo cierto es, sin embargo, que el grupo no ha dejado de enfrentar momentos de similar dificultad o incluso superior, como los que zarandearon sus acciones entre mediados de 2017 y principios de 2019, cuando vio esfumarse un 37% de su valor entre crecientes temores por el auge del comercio online y la competencia de gigantes tecnológicos como Amazon. O también como los experimentados al inicio de la crisis del coronavirus, cuando el cierre forzoso de tiendas motivó un descalabro de idéntica magnitud en apenas un mes. El proceso de colocación destacó por generar la mayor demanda en una OPV en el mercado español (más de 50.000 millones de euros) A la larga, en cualquier caso, estos episodios han quedado como anécdotas en una carrera al alza que ha llevado a la compañía, ahora presidida por Marta Ortega, a convertirse en la mayor cotizada de la bolsa española. Erigiéndose como el primer y, hasta ahora, único grupo nacional en alcanzar cifras de valoración por encima de los 150.000 millones de euros (su récord, firmado el pasado 19 de febrero, supera levemente los 180.000 millones). Parte de la culpa de ese buen comportamiento también la ha tenido precisamente Marta Ortega. Después de una sucesión ordenada, la tercera hija del fundador llegó a la presidencia en abril de 2022 y, desde entonces, han acontecido varias crisis que han tambaleado los mercados, como la invasión de Ucrania o el actual conflicto en Oriente Medio. Aun así, en los poco más de cuatro años que lleva al frente, el beneficio de la compañía ha ido marcando récord tras récord y la cotización se ha revalorizado un 154%.