Antes de pisar el tatami, Joel Martín tiene una costumbre que activa su mentalidad ganadora. En sus auriculares suena Homerun, un tema del argentino Paulo Londra cuyo estribillo habla de luchar por la familia, por las amistades y por todo el esfuerzo realizado. La música es para él un método de concentración, pero también una declaración de intenciones. A sus 21 años, este taekwondista paralímpico transmite energía, ambición y reconocimiento por el apoyo de su entorno. Con esos mimbres, rozó el podio los Juegos Paralímpicos de París 2024.

“Siempre pienso en todo el trabajo que he hecho y en todos los que me están apoyando”, nos cuenta. Esa suma de sacrificio y gratitud lo impulsa a competir con un empeño especial. Porque Joel no pelea solo. Lo hace con todos los que tiene día a día a su lado. Sabe que es ahí donde está la clave de su evolución, de esa capacidad para luchar sin complejos frente a rivales con más experiencia.

“Antes de competir siempre pienso en el trabajo que he hecho y en todos los que me están apoyando”, asegura Joel Martín

Su historia no empezó en el taekwondo. Durante años, Joel practicó kárate. Tenía 12 cuando todo dio un giro inesperado. “Estaba en el parque con mis padres, jugando como muchos otros niños”, recuerda. Fue entonces cuando alguien reparó en él. Era el seleccionador nacional de taekwondo, que entendió que había un enorme potencial en ese preadolescente. Le propuso probar suerte con esa disciplina. En un primer momento se mostró reacio, pero acabó aceptando el reto. Y le gustó. “Sí”, nos dice, “me quedé con el taekwondo”.