NoticiaEsta ingeniera barranquillera trabaja en Alemania en un proyecto asociado a la misión Artemis IIHeylen Polo, la ingeniera colombiana. Foto: Archivo particular.DIRECTOR DE NOTICIAS RCN22.05.2026 22:38 Actualizado: 22.05.2026 22:38

En estas semanas en las que ‘Artemis’ reactivó la conversación sobre la Luna y sobre el lugar de la humanidad más allá de la Tierra, vale la pena recordar que esa historia no ocurre tan lejos como creemos. También hay colombianas abriéndose camino en una industria que parecía reservada para las grandes potencias (y para los hombres).Uno de esos talentos se llama Heylen Polo. Barranquillera, ingeniera mecánica de la Universidad del Atlántico, formada en Alemania, hoy trabaja desde Berlín en ‘NeuroSpace’ y ha tenido participación en una carga secundaria asociada a ‘Artemis II’. Su historia es la de una niña que miraba las estrellas desde el planetario, una joven que pasó por la minería en Colombia y una profesional que tuvo que aprender idiomas, aguantar rechazos, trabajar en un ‘call center’ y persistir hasta llegar al sector aeroespacial.Heylen Polo, la ingeniera colombiana. Foto:Archivo particular.Heylen, decía fuera de micrófono que no sabía si esto iba a ser indiscreto, pero me voy a arriesgar: ¿cuántos años tienes?Ja,Ja. Tengo 35 años.Eres muy joven para todo lo que ya has hecho y vamos a revisarlo en esta entrevista. Comencemos por el principio con esta pregunta: ¿qué tan lejos estabas de estos temas, de la Luna, del espacio, de soñar con hacer lo que haces hoy, cuando eras más pequeña?Yo podría decir que estaba muy lejos, pero también cerca de alguna manera. Soñaba con astronautas, soñaba con la Luna, me fascinaban todos esos temas, pero viniendo de Colombia, donde el sector espacial no está desarrollado, uno lo mira como algo muy bonito, muy interesante, pero también como un idilio, como una fantasía. No era algo que uno viera como una posibilidad profesional concreta. Era más bien una curiosidad que estaba ahí, pero parecía muy distante.Es decir, había sueño, pero no había camino evidente…Exactamente. Y por eso yo siempre digo que la semilla espacial se siembra en los niños. En mi caso, mi mamá me llevaba desde muy pequeña al planetario, a ver las estrellas. Después, mi profesor de matemáticas también me llevaba a actividades extracurriculares en el planetario. Entonces hubo una conexión temprana con el tema. No sabía cuál iba a ser mi ruta, pero sí había una inquietud y una curiosidad que se fueron quedando.¿Dónde estudiaste y cómo empieza tu formación profesional?Yo soy de Barranquilla y estudié ingeniería mecánica en la Universidad del Atlántico. Me gradué en 2012. Después trabajé cuatro años en Colombia, en minería, en una empresa que representa a Caterpillar. Esa fue mi primera experiencia laboral fuerte, en un sector muy distinto al espacial, pero que me dio bases técnicas y disciplina. Sí, claro. No fue lineal. Trabajé esos años en minería y aprendí mucho. Pero sabía que quería buscar algo diferente. Sentía que mi interés estaba más cerca del sector aeroespacial, aunque no supiera todavía cómo entrar. Después, en 2018, gracias a un crédito de Colfuturo, pude irme a Alemania a hacer una maestría en ingeniería en la Universidad Técnica de Berlín. Eso fue decisivo.Y uno pensaría que ya con eso se abre automáticamente la puerta. Pero no fue así. ¿Qué tan difícil fue engancharte con la industria aeroespacial?Fue muy difícil. Había varias barreras. La primera fue el idioma. En Alemania no basta con hablar inglés. El idioma del país es el alemán y para trabajar profesionalmente muchas veces necesitas comunicarte en alemán. Tuve que mejorar mi inglés y aprender alemán al mismo tiempo. La segunda barrera era la industria misma. El área aeroespacial y espacial de un país suele estar vinculada al sector defensa, y por eso no es fácil que entre cualquier persona, mucho menos si eres extranjera. Estaban todas esas barreras. Cuando terminé la maestría, pasé casi un año sin conseguir trabajo en el área aeroespacial. Mandaba hojas de vida, aplicaba, insistía, pero no era fácil.¿Y cómo se sostiene uno en ese momento? Porque esa es una parte de la historia que a veces no se cuenta: la frustración, el golpe de realidad, el momento en que el sueño parece no abrirse.Yo soy creyente, entonces lo primero fue aferrarme a Dios. Y después hice lo que tenía que hacer: trabajar. Trabajé un año en un ‘call center’ de Facebook. Ese trabajo me ayudó a mejorar el inglés, a desenvolverme mejor, y mientras tanto seguía estudiando alemán y seguía enviando hojas de vida al sector aeroespacial. No dejé de insistir.¿Y cuándo llega la primera gran oportunidad?Después de ese año me llamaron de ‘Rolls-Royce’. Trabajé allí como ingeniera analista en el área eléctrica, en propulsión. Ese fue mi primer acercamiento real al sector aeroespacial. Ya no era solo el sueño: era estar en una empresa importante, en un área relacionada con lo que quería hacer. Después trabajé para un laboratorio donde se hacían pruebas de vibración a partes de satélites. Esa experiencia me acercó directamente al hardware espacial, a las pruebas que debe superar un componente para soportar una misión, y me llevó a ‘NeuroSpace’.Antes de entrar en Artemis, quiero preguntarte algo: estudiaste ingeniería mecánica, vienes de sectores tradicionalmente masculinos y llegas al área espacial. ¿Sigue siendo una industria dominada por hombres?Sí, sigue siendo una industria dominada por hombres, como también lo es el sector mecánico. El sector espacial ha cambiado, pero todavía hay una presencia masculina muy fuerte. Sin embargo, hay algo muy particular que he visto en congresos internacionales: Colombia tiene muchas representantes mujeres. Hay hombres colombianos también, pero es muy visible la presencia de mujeres colombianas.¿Qué es lo más difícil para una mujer a la hora de sobresalir en una industria así? ¿Cuál ha sido la barrera más personal que has tenido que vencer?Yo creo que la confianza en sí misma. Confiar en lo que uno ha estudiado, en lo que conoce, en el manejo técnico que tiene, en su criterio. A veces cuesta levantar la voz, decir algo, participar sin miedo a equivocarse. Y para mí es importante que exista un espacio para el error, porque somos seres humanos y todos podemos cometer errores.Pero al mismo tiempo estás en una industria en la que un error puede costar demasiado…Sí, y ahí está el equilibrio. Un hombre con mucha experiencia en el área aeroespacial me dijo: “Si nosotros no somos perfeccionistas, entonces ¿quién?”. Y tiene razón: un error en una misión puede costar la vida. Hay que ser muy rigurosos, pero también entender que los equipos están formados por personas.Hablemos entonces de Artemis. ¿Cuál fue exactamente tu contacto con esa misión?La empresa para la que trabajo participó en la construcción de una carga secundaria, un satélite, dentro de la cooperación internacional asociada a Artemis. No es un contrato directo entre la NASA y la empresa, sino una participación que se da en el contexto de los acuerdos Artemis y de la cooperación entre países. Alemania participó con la entrega de esa carga secundaria, y ese satélite se construyó en NeuroSpace, la empresa en la que soy ‘mission manager’ o gerente de misión.Es decir, hay un pedazo de Artemis en el que hay trabajo tuyo y de tu equipo.Sí. Es una participación dentro de ese satélite y de esa misión. Para mí ha sido muy importante.Desde tu mirada de ingeniera, ¿cuál crees que es el mayor logro de ‘Artemis’?Yo creo que el mayor logro es confirmar que tenemos la tecnología para llevar seres humanos nuevamente tan cerca de la Luna y seguir preparando el camino para lo que viene. También están las nuevas imágenes, la posibilidad de hacer mejores mapas y de entender mejor la Luna. Pero el gran paso es demostrar que la humanidad está retomando esa capacidad.Y si te bajo de la Luna a la Tierra: ¿cuál es el mayor logro que tú sientes que has obtenido hasta ahora?Ser ‘mission manager’ de este proyecto. Para mí es un logro muy grande porque resume los años de estudio, las barreras, los idiomas, las aplicaciones rechazadas, el trabajo previo y la insistencia.Cuando hablemos en diez años, y espero que lo hagamos, ¿dónde te ves?Yo sigo aprendiendo. Sigo aprendiendo alemán, porque no es un idioma fácil, y sigo aprendiendo a liderar equipos. En diez años me gustaría liderar un equipo más grande, con más responsabilidad, en proyectos más complejos.Hablemos del trabajo en equipo. En estas misiones nada se logra de manera individual. ¿Cuál es para ti la clave para que un equipo funcione?La comunicación. Que todos estén en la misma página, conozcan el estado del proyecto y sepan qué está pasando. Y vuelvo al tema del error: si algo pasa, no se puede responsabilizar a una sola persona de manera automática. Hay que mirar el proceso, el sistema, la comunicación. En una misión siempre hay un equipo detrás.Quiero volver a Colombia. Tú decías que no tenemos una industria espacial desarrollada, pero estos temas son el futuro del mundo. ¿Cuál sería tu mensaje para el Estado colombiano y para las instituciones?Mi mensaje sería que participen. Que las instituciones colombianas participen en propuestas de investigación de la NASA o de otras agencias espaciales, porque muchas son abiertas. El espacio no le pertenece a un solo país; le pertenece a todas las nacionalidades. No se trata solamente de decir que Colombia no tiene industria espacial, sino de construir capacidades. Es un mercado. Es investigación, sí, pero también tecnología, desarrollo, recursos y conocimiento. Participar en el sector espacial puede darle a un país soberanía tecnológica y digital.Heylen, ¿hasta dónde crees que vamos a llegar como humanidad? ¿Qué tanto crees que seremos capaces de conquistar?No lo sé. Eso no lo puedo contestar. Es difícil saber hasta dónde vamos a llegar.Entonces te lo pregunto de otra manera: ¿tú hasta dónde quisieras llegar?A mí me gustaría alcanzar a ver o participar en la construcción de puertos espaciales. Eso me gustaría mucho. Sigue toda la información de Tecnología en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.