Etiquetar a Víctor Aparicio (Tui, 1958) resulta casi imposible. Aunque marcado para siempre con el nombre de la banda que le dio su primera fama, Los Coyotes, limitarlo al liderazgo de aquel combo que pasó del psychobilly a abrazar antes que nadie los ritmos latinos sería quedarse muy corto. Sobre todo porque Los Coyotes se disolvieron en 1992 y, desde entonces, Víctor no ha parado.
No sólo ha continuado su particular carrera musical sino que la ha compatibilízado con sus trabajos como dibujante, diseñador, cineasta o realizador de videoclips. No en vano, él mismo dice de sí mismo que tiene “más vista que oído”. Sus Traballos de película (Trabajos de película) reunidos en una particular exposición son uno de los platos principales de esta edición del Festival de Cans (O Porriño, Pontevedra), donde estrena un cortometraje inédito.
A continuación, con él como guía, repasamos algunos de los carteles, videoclips o storyboards que se pueden visitar hasta el 31 de mayo.
A verdadeira historia de Carmiña Vacaloura e Pepiño Grilo de Maestro Reverendo (Xabarín Club, 1995)
No muy conocida más allá del telón de grelos, Carmiña Vacaloura protagonizó los terrores de toda una generación de niños gallegos enganchados al Xabarín Club, donde descubrieron a Son Goku o Arale. La canción –“muy rara”– fue compuesta por el Maestro Reverendo, compinche durante años del Gran Wyoming, y el líder de Siniestro Total, Julián Hernández. “Había una parte, la pesadilla de Carmiña, un poco psicodélica, como una especie de hipnosis”, admite Coyote a quien muchos de aquellos pequeños –ahora adultos– le han confesado el miedo que les causó el clip. “Creo que es ese tipo de miedo que los niños necesitan de vez en cuando, ese que tiene el morbo de 'no quiero mirar pero miro'”, reflexiona mientras encuentra antecedentes oníricos en la escena de la borrachera de Dumbo, la de los elefantes rosas. “En el Xabarín lo anunciaban como el primer videoclip de animación hecho en Galicia y por gallegos”, recuerda sobre una producción que fue “agónica” porque los plazos de entrega eran “inminentes”.











